La biblioteca fantasma

Las últimas aventuras de Piotr Antonovitch (y 3)

Die grosse Illusion

Valentín González logró huir de la URSS. Que lo hiciera como él contó, huyendo a través de miles de kilómetros por la estepa rusa, o que lo hiciera ayudado por la NKVD o algunos miembros de ésta, es difícil de saber. Expulsado del partido tras haber estudiado en la academia militar Frunze bajo el nombre de Piotr Antonovich (parece que llegó a decirle a La Pasionaria que prefería vivir como una puta a seguir en la lucha), fue enviado a la actual Uzbekistán, donde malvivió como pudo y  a costa de quien pudo, aunque se dice que ayudó a cuanto español pudo conocer. Volvió a Moscú, no se sabe muy bien cómo, y de nuevo fue enviado al Gulag. Logró escapar, se dice que recorriendo miles de kilómetros, y no se sabe si con sus propios medios o ayudado por alguien con cierta mano en la NKVD. Todo muy etéreo y evanescente, pero el hecho es que consiguió salir de la URSS y eso no estuvo al alcance de muchos.

En Rusia se había casado con una mujer dieciséis años más joven que él, de una “rara belleza”, según el diplomático cubano Rafael Miralles, que la conoció. Y el tal Marcelino Heredia sabe de lo que habla cuando se refiere a ella en su libro, pues da su verdadero nombre, Ariana (en realidad se llamaba Ariadna Dzhan). Era hija de un militar soviético y la conoció en una fiesta navideña en Moscú.

Viktoria KravchenkoTuvieron una hija llamada Viktoria, más tarde Viktoria Kravchenko. En 2004 fue entrevistada por el periódico Izvestia y no tengo constancia de que en la prensa española aparezca referencia alguna a la familia rusa de El Campesino. Solamente a mediados de los setenta apareció la noticia, confirmada por el propio Valentín, de que su hija era Valentina Tereshkova, la primera mujer astronauta. Un embuste más que unir a toda esta historia de silencio e ignorancia en plena época de la memoria histórica y de la madre que la parió.

Valentina Tereshkova

En 1978 apareció publicado en Francia un nuevo libro de memorias de Valentín González. En este caso el redactor era el periodista Maurice Padiou, que tomaba así el relevo de Julián Gorkin, el editor y “transcriptor” de los anteriores libros de El Campesino. Gorkin le había ayudado a regresar a Europa tras huir del Gulag y le llevó de gira por varios países, no sin dificultades, para hacer propaganda anticomunista.

El-Campesino-Jusqu-a-La-Mort-Livre-844568317_MLEste libro de 1978 se tituló Jusqu’à la mort. Solamente existe una traducción al alemán: Morgen ist ein anderer Tag (Mañana será otro día). No se ha traducido al español, porque en este país sigue habiendo mucho cabrero presuntuoso con pocas ganas de trabajar. No se entiende esta ignorancia tras la avalancha de libros sobre la guerra y la posguerra y con la cantidad de facultades de Historia que hay en las universidades. En estas memorias El Campesino vuelve a soltar sus fanfarronadas habituales, deja caer algún error: llama a su mujer Tatjana en lugar de Ariadna, tal vez para protegerla, pues dice saber que sigue con vida en la URSS. Y así era: Ariadna Dzhan murió en 1999.

Imagen escaneada 2En este libro Valentín González pasa muy por encima sobre sus últimas aventuras como guerrillero. La historia anda a caballo entre lo triste y lo desopilante. Podemos reconstruirla gracias a la prensa, al libro del tal Marcelino Heredia y de algunos documentos de archivo.

En 1961 El Campesino organizó el Estado Mayor de la Reconquista de la República Española junto a una tropa de espoliques entre los que se destacaba Constantino Gorroño, un exiliado español en Bruselas que había sido expulsado de la UGT en 1951. Se trataba de un proyecto militar y revolucionario cuyo objetivo era derrocar a Franco e instaurar la tercera república. Por lo que dice Heredia, ya había hecho algunas incursiones terroristas en Cuba, pero esta misión era de mucho calado. Para ello contaba con… unos treinta hombres, además de la colaboración de Jean Luc Carbuccia, un personaje que combinaba el periodismo con, al parecer, el tráfico de armas. La prensa española le acusó de azuzar los instintos asesinos de Valentín González para vender reportajes sensacionalistas. El Campesino organizó tres “partidas” e inició varios cursos teóricos de estrategia militar y guerrillera. Los detalles (nombres, direcciones y hasta las matrículas de los coches) se pueden encontrar en el libro de Heredia. Esta especie de brazo armado contaba con el apoyo de una organización llamada Fraternidad Ibérica, cuya sede se ubicaba en el café Sports-Midi de Bruselas.

Fraternidad Ibérica

Quien esté interesado, por cierto, en Todocolección tiene a la venta unos papeles de El Campesino referidos a este Estado Mayor.

Aquel proyecto se había comenzado a fraguar unos años antes. Félix Gordón Ordás, presidente de la república en el exilio en 1959, cuenta en sus memorias el encuentro con El Campesino.

Félix Gordón Ordás[Acceso al texto de las memorias de Gordón Ordás]

La organización del Estado Mayor era, al menos, aparente. Incluso habían encargado unos sellos donde se podía leer: «IIIª República Española»; debajo, el año, 1961 y finalmente «Estado Mayor de la Reconquista». Años más tarde, cuando volvieran a hacer uso de esos sellos, borrarían con tinta el número y pondrían el del año en curso con algunos añadidos como «año de la victoria». Estaban como una puta cabra.

Captura de pantalla 2012-12-09 a la(s) 11.15.40Debía de ser muy triste la vida de estos exiliados, de café en café y con las raíces rotas. Esta tristeza se puede mezclar con el lado cómico de estas partidas de El Campesino, pero en todo caso imperará siempre la tragedia.  La incursión en España resultó un desastre. Los hombres de El Campesino –que quedó bien resguardado en Francia- intentaron entrar por la frontera navarra por la localidad de Orbaiceta.

campesinoEn el restaurante La Francisca, junto a un poste de telefonía, un guardia civil le pidió la documentación a un hombre sospechoso: era un sujeto que pedía trabajo y que había rechazado todas las ofertas que le habían puesto en la mano. Era el día 8 de agosto de 1961. El sospechoso disparó contra el guardia, apareció el compañero de éste, se involucraron otros guerrilleros que estaban ocultos y comenzó un tiroteo. Murió un guardia y otro quedó herido. Los terroristas huyeron. Hubo más intentos de entrada en España, con el balance de un pastor amedrentado y dos ovejas robadas. Aquello fue todo. Los detuvieron a todos y aquellos hombres entregaron a la policía sus carnés del estado mayor de la Reconquista, donde constaba además el nombre de El Campesino. La megalomanía de la mano del enloquecimiento.

Me ha sido absolutamente imposible encontrar el nombre del guardia asesinado por los hombres de El Campesino. Ni en el Abc, ni en La Vanguardia, ni en ninguna hemeroteca. Solo he podido saber que la viuda regresó a Tarifa, de donde al parecer era originario. Si alguien encontrara algún dato al respecto sería más que bienvenido. Quizá ese hombre no tenga una historia que contar tan descabellada como la de Valentín González, pero fue su víctima en un juego estúpido y enloquecido y merece que sea recordado.

A raíz del atentado y de su reivindicación en la prensa por una carta firmada por el propio Valentín González, éste fue detenido y cumplió condena en la prisión de la Isla de Bréhat, en el noroeste de Francia. Desde allí escribió varias cartas a don Julio Just, a la sazón ministro del interior de la república en el exilio. La correspondencia se guarda en el archivo municipal de Alboraya. Julio Just se preocupó realmente por la situación de El Campesino y le ayudó en todo lo que pudo.

Captura de pantalla 2012-12-09 a la(s) 20.45.44

Just se entrevistó con el ministro del interior francés en varias ocasiones y con el personal responsable de refugiados y de emigración. Como no querían que Valentín González quedara en Francia, hubo de entrevistarse también con el embajador de México con el fin de concertar su extradición a aquel país. Finalmente El Campesino consiguió residencia en Italia, concretamente en Milán y gracias a Gino Bianco, un «socialista libertario» editor por entonces de la revista Critica Sociale.

Tras varias aventuras y desventuras administrativas, Valentín González González consiguió residir en Francia, concretamente en Metz. Tenía un modesto apartamento en el tercer piso del número 3 de la calle Pont Moreau. Una vez muerto Franco, un periodista de La Gaceta Ilustrada dio con él y publicó un reportaje en el periódico contando su vida. Hablaba de su mujer –que creía muerta- y de los tres hijos que había dejado en España. En marzo de 1977 recibió carta de Juana Rodríguez, su mujer. Estaba viva. Sus hijos también vivían. Hubo cierto revuelo en la prensa local alicantina, donde vivían ellos. El cuñado de una de las hijas echaba pestes de El Campesino y contaba que los hijos (Rosario, Caty y Manuel) no querían saber nada de su padre. Finalmente Rosario y su padre se encontraron en Perpiñán en julio de ese mismo año y se reconciliaron. El 18 de febrero de 1978 Valentín González y Juana Rodríguez se casaron de nuevo. Su familia rusa permaneció en el olvido, ese estado amniótico tan frecuente en España.

[Archivo fotográfico y de prensa]

Mediterráneo

Mediterráneo, julio de 1976

Mediterráneo, julio de 1976

Mediterráneo, agosto de 1976

Mediterráneo, agosto de 1976

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Valentín y Juana antes de la guerra

Valentín y Juana antes de la guerra

Valentín y Juana tras reencontrarse muerto Franco

Valentín y Juana tras reencontrarse muerto Franco

Los hijos de Valentín y Juana. De izda. a dcha., en 1951 Caty (13 años), Rosario (17), Manuel (22)

Los hijos de Valentín y Juana. De izda. a dcha., en 1951 Caty (13 años), Rosario (17), Manuel (22)

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Un Comentario

  1. Fernando HS

    La aventura de El Campesino y su “Estado Mayor de la reconquista de la República Española” es distinta a la del general Bayo quien, con el ex miembro del PSUC José del Barrio Navarro, montó el denominado Movimiento por la Tercera República, cuyas andanzas reflejé en un artículo:
    http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:ETFSerie5-6A28F2B4-36E7-C9C2-7020-FCAABECFC7E3&dsID=Documento.pdf
    Del Barrio y El Campesino jamás habrían podido compartir la misma organización: las relaciones entre ambos eran atroces desde la balla de Lérida, de lo que dejó constancia el primero en sus memorias, hasta ahora inéditas pero que próximamente verán la luz.

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