La biblioteca fantasma

A la memoria de nuestro Astrónomo

Ayer me anunciaron la muerte de nuestro Astrónomo. No sé nada más. Solo que será enterrado en Pamplona y que la primera semana de febrero acudiré a rendirle honores. No llegué a conocerle en persona, pero además de su colaboración en este blog intercambiamos varios correos y hablamos de muchas cosas. Me ayudó en la andadura castrodelgadista y el libro, cuando se termine, le deberá algo más que un buen puñado de párrafos y varios datos imprescindibles. Quedará en todo él su animoso espíritu indagador y su generosidad. Fue un maestro.

Qué mejor homenaje que releer algunas de sus charlas con el Rufián. Las que le dedicaron a dos pícaros tan traídos y llevados por estos salones: Antonio Verardini Díaz-Ferreti y Eduardo Rubio Fernández, más conocido como Chichito. Búsquenlas y relean, porque merece la pena.

* * *

imageOtra de sus grandes intervenciones tuvo lugar en uno de las mejores entradas que se han escrito en La Biblioteca Fantasma: Desafectos, derrotistas, quintacolumnistas y demás ralea. La escribió el Rufián y el mano a mano con el Astrónomo en los comentarios fue memorable. Habíamos dedicado mucho tiempo a los anarquistas y a los libros viejos que fueron dejando aquí y allá. La filástica de la Historia, que diría Noel, se tejió con los hilos de la intervención rusa y Paracuellos y así dio en aparecer el nombre de Melchor Rodríguez.

A Melchor Rodríguez le tenemos levantado nuestro pequeño altar en estos salones. Fue quien acabó con las sacas en la retaguardia madrileña. Puso fin a la masacre de Paracuellos. Pero en aquella entrada de que hablamos, el Rufián, en un momento de desesperación y hartazgo y  ¡hostias!, de gran lucidez, claro que sí, abrió las alcantarillas del anarquismo y salieron a flote los mefíticos vapores propios de toda guerra. De Melchor Rodríguez se dijo, por ejemplo, que sus hombres fuertes -su secretario Batista y su chófer Curro- eran dos quintacolumnistas. De la influencia que pudieran ejercer sobre Melchor nada se dijo, porque nada se sabe, pero el dato -toda una primicia- se puso sobre la mesa porque es un hecho incontestable. Que Melchor Rodríguez salvara a decenas de personas -quizá cientos, quizá miles- influenciado por dos falangistas o que él se ayudara de los falangistas para salvar vidas interesa bien poco. Lo importante es que lo hizo. Aquí actuamos a ratos como periodistas, a ratos como detectives y en el tiempo libre como historiadores. Nos importan los hechos: que juzguen otros.

La desgraciada casualidad ha querido que en cierto blog se citara hoy mismo esta entrada de Rufián. Una queridísima lectora de esta biblioteca la ha copiado en un comentario sobre Melchor Rodríguez. La ignorancia, que es muy atrevida, ha hecho acto de presencia. Se ha cuestionado la veracidad de lo expuesto y se han vertido gotas de venenito sobre la prestancia de nuestros colaboradores. Se ha llegado a decir que el hecho de que los hombres de Melchor Rodríguez eran quintacolumnistas es una opinión y no un hecho; que además es una infamia; que lo que se ha hecho es un juicio de valor basándose solamente en dos fotos (sin que nadie se pregunte de dónde salen esas fotos y qué las acompañaba); que el relato del Rufián es maledicente… Como si fuéramos redactores del pestífero España popular, vamos, el periódico donde se metían una y otra vez con Melchor Rodríguez llamándole “falangista” (lean el número del 19 de octubre de 1940, por ejemplo). Qué triste.

Lo de siempre.

No debería sorprenderme que la gente hable sin tener ni idea de cualquier tema que se les ponga a mano. Tampoco que lo hagan con una seguridad pasmosa. Pero sigo siendo un ingenuo. De Curro y Batista no sabía nada más que lo que he releído al Rufián, pero los comentarios de ese blog me han llevado a husmear un poco. Como nos enseñó el Astrónomo, basta con estirar el brazo y mover los dedos. Un libro: La vida por la opinión, donde sale retratado Melchor Rodríguez. Una web: la de los archivos del Ministerio de Cultura. No me voy a extender porque no merece la pena. Recomiendo, eso sí, la lectura -gratis y en línea para quien quiera- de los documentos sobre Melchor Rodríguez. Pero basta acudir a uno solo, el expediente sobre “Los libertos de la F.A.I”, para ver si los hombres de M. R. eran quintacolumnistas o sufridos libertarios que salvaron el pellejo levantando el brazo, como supone el segundo mejor periodista de Covarrubias. Allí vemos que Batista era en verdad Juan Batista Gutiérrez; lo sabremos todo sobre sus hermanos, refugiados por M. R. Y si tiramos del hilo veremos que al acabar la guerra Juan Batista tuvo cargos más que importantes en prisiones. Busquen. No son los cargos que le darían a un anarquista arrepentido. No son los cargos que le dieron a Melchor Rodríguez, que tuvo que sufrir la cárcel y el odio de muchos de sus correligionarios.

Me ha bastado una hora para bajarme y leer varias noticias del Abc, de Mundo Gráfico, los expedientes de Causa General y la propaganda de España Popular. Cuando hablamos, sabemos de qué hablamos y qué decimos. Aquí no hay charletas de barra de bar o diálogos de barrio sésamo con resabios. En este coso se torea en serio. Como nos enseñó el Astrónomo.

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mrUna aclaración. Se me pasó por alto un comentario de aquella entrada del Rufián. Que dice mucho, y más ahora que en ese blog se repiten diciendo que hemos llamado quintacolumnista a Melchor Rodríguez.

«El chófer se llamaba Rufo, no Curro, y era sabido por todos (incluso por Melchor) que era de la Falange de Colmenar, y que sus hermanos fueron salvados/recogidos por Melchor de una cuneta, malfusilados, (Mariano y Pepe, que quedó tonto después del fusilamiento).
Creo que si te sumerges ligeramente en la vida y obra de este anarquista no dejarías sombra de duda tanto antes, durante y después de la guerra, ya que en todas sus acciones se dedicó a defender las ideas libertarias y a salvar la vida de mucha gente, afín o no a sus ideas. Ideas que mantuvo hasta el final. Te rogaría que recuerdes la labor que hizo por los presos republicanos después de salir del Penal de Santa María y hasta que le quedaron fuerzas.
Por cierto, Melchor, durante la guerra vivió rodeado de todo tipo de gente a la que intentaba salvar o proteger, falangistas incluidos, pero decir que vivió rodeado de falangistas es un poco demagógico, cuando en su casa pasaron decenas de personas de toda índole. Melchor no trabajaba sólo, ya que con Los Libertos y su amigo Celedonio Pérez, por ejemplo, intentaron mantener cierto criterio libertario (a veces, en mi opinión, un tanto romántico) en un ambiente de pérdida de principios morales, políticos y humanos.
Te rogaría, ya que la historia general se ha dedicado a demonizar el anarquismo en todas sus facetas, que intentemos ser serios y rigurosos a la hora de la crítica a personajes como Melchor, porque si no corremos el peligro de ser igual los otros.
Respecto a esa foto de Batista y Rufo, con el Ford oficial robado por Rufo (con el consiguiente cabreo de Melchor que estaba estonces entregando Madrid a los nacionales más sólo que la una) mil gracias, no la había visto.
Un abrazo
Rubén Buren»

  1. Gracias por recordarnos recordar el paso de nuestro Astrónomo por la Biblioteca Fantasma.
    Y no me apetece entrar a discutir lo de ese blog. Lo dejó para otro día.
    Un gran abrazo Brema.

  2. No merece la pena, Rufián. Pero me obligo a ventilar los espacios cuando traen basura.

    Hablaremos de la visita al Astrónomo. He estado releyendo sus intervenciones sobre Verardini y el Chichito. Era el amo de las hemerotecas. Me ha levantado más de una sonrisa.

  3. Brema, Rufián, me gustaría saber escribir (y pensar) como vosotros. Muchas gracias por este sentido homenaje y por vuestro estupendo trabajo

  4. julia

    Lo siento mucho, seguía y me gustaban sus comentarios. Veo que era alguien muy importante para vosotros. Un abrazo.

  5. alcuino

    se nos ha ido uno de los grandes de este blog del que hemos aprendido mucho y hemos tenido apasionantes comentarios . Descanse en paz. Saludos

  6. Una gran pérdida, con Astrónomo se marcha uno de los grandes. Para ser un gran maestro no es necesario completar grandes faenas en solitario, muchas veces es suficiente con un solo lance; ese quite, ese apunte o ese saber colocar al morlaco en suerte para que otros saquen todo su arte, muchas veces tienen tanto mérito, cuando no más, que una gran faena.

    La insana curiosidad me ha hecho buscar y visitar el citado blog. Nada más entrar ya se percibe el aroma a Varón Dandy y linimento Sloan que disimulan la caspa que flota en el aire y el olor a caverna. No vale la pena rebajarse para torear en ciertas plazas de tercera. Que podemos esperar cuando al entrar en el coso nos encontramos un azulejo con esta inscripción: “La pluma de Santiago González mira, ríe, sufre y protesta cuando pincha la realidad.”

    Hace tiempo estuve en la presentación del libro sobre Melchor Rodríguez de título “le llamaban el Ángel Rojo” que había escrito Alfonso Domingo. Más que presentación aquello fue un acto de exaltación en toda regla, donde los anarquistas eran unos pobres inocentes engañados por los taimados comunistas. Durante el debate se me ocurrió preguntar por la famosa acta de la Junta de Defensa de Madrid localizada casualmente en los archivos de la CNT, y si las miradas matasen no me habría levantado de la silla. Les dejo copia de un comentario que puse en otro foro sobre aquella presentación:

    “Estuve en la presentación del libro acompañado de Sandoval (imaginaros como sería la cosa que estuvo a punto de tirar de pistola en dos ocasiones y eso que son de su cuerda), en la que intervenía este Rafael Cid y aquello fue bastante lamentable, lo que debía ser un acto de carácter supuestamente histórico resultó ser un mitin en toda regla, las únicas referencias históricas fueron para relatar lo malos que eran los comunistas y lo buenos que eran los anarquistas. Se repitió el tema del cura de Durruti, lo de las monjitas del texto, lo de la poca credibilidad de el acta que cita Reverte (aunque provenga de archivos anarquistas). Lo más surrealista del acto, fue al final cuando una mujer francesa, que había tratado largamente a Melchor Rodríguez como demostró por una serie de detalles que citó (esta mujer incluso conservaba textos manuscritos y poesías de Rodríguez), realizó una serie de preguntas sobre personas muy cercanas al protagonista y ni el biógrafo, ni los contertulios tenían ni idea de que iba el tema. Al final del acto, Sandoval y yo estábamos conversando con ella, y con muy malas maneras (Sando puede dar fe de ello) se la llevaron a otro lugar, personas que entendimos eran familiares de Melchor.

    Pero lo que realmente me ha llegado al alma es el final del texto, “si San Juan de la Cruz viviera hoy sería de la FAI”. Después de escuchar a Leire Pajín este verano decir en el Cementerio de la Almudena, que si hoy vivieran las Trece Rosas “votarían socialista”, y a Esperanza Aguirre con el “Franco era Socialista”, ya solo falta escuchar a alguien que afirme que Stalin quiso hacer los votos para entrar en las Ursulinas, después de quitarse el bigote, o por lo menos rebajarlo de volumen para no desentonar, por supuesto.”

    Perdón por la extensión. Un saludo.

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