La biblioteca fantasma

Las últimas aventuras de Piotr Antonovitch (II)

Otro lema que podría esculpirse en el frontispicio de esta biblioteca es el que apunta Andrés Trapiello en su última -y magnífica- novela: “todas las víctimas tienen nombre”. Es difícil conocer el de las que dejó en su vida Valentín González. Aparte de lo contado por él mismo, que hay que poner siempre en cuarentena, otros testimonios no son muy puntillosos al respecto. Como ejemplo puede servir su primer atentado. En 1925, cuando contaba con dieciséis años, puso una bomba en las minas de Peñarroya junto a un compañero suyo apodado “El virulento” y asesinó a cuatro guardias y a un oficial. Quizá no he puesto el empeño necesario, pero no he encontrado rastro alguno de ese atentado. Si alguien encontrara alguna noticia sobre ello le estaría muy agradecido por compartirla en estos salones.

En 1964 un tal Marcelino Heredia publicó un libro donde contaba con algunas inexactitudes la vida criminal de Valentín González. Jiménez Losantos es tajante: para él la “fuente es, indudablemente, la policía española, que seguramente había contado con información francesa”. Heredia sospecha de la veracidad de este atentado, ya que el Campesino fue detenido -pasó un tiempo en la cárcel de Fuenteovejuna, entre otras- y no se le condenó a muerte, como era preceptivo.

Otro ejemplo es el de la misteriosa muerte del sargento que le abofeteó en Larache, cuando el Campesino servía en el ejército. Julián Gorkin, en el prólogo a Vida y muerte en la URSS se limita a decir que aquel sargento, “que venía distinguiéndose por su brutalidad, apareció muerto unos días después” de abofetear a Valentín González.

Por aquellos tiempos, por cierto, éste se hacía llamar “Caín” y, según Gorkin, “sostuvo la publicación de un periodiquito antimilitarista” con la venta de sus robos en intendencia. Me ha llamado la atención esta referencia a la vocación periodística de El Campesino, alguien que sabía escribir con mucha dificultad.

En mayo de 1931 se reunió el Sécretariat Romain [¿Secretariado Latinoamericano?] del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. José Bullejos debía explicar la situación del partido ante varios dirigentes, entre ellos Manuilski, Vassiliev, André Ferrat, Stepanov, Humbert-Droz o un misterioso “Camarada X”. Se acababa de instaurar la república y el PCE se opuso con sus modestas fuerzas lanzando consignas para derrocarla, tales como “¡Abajo la República burguesa!, ¡Todo el poder a los soviets!”. Como diría Enrique Castro Delgado con su habitual tono, “ni había soviets ni las masas nos hicieron caso”. De nada sirvieron los titulares de Mundo obrero o los camiones cargados de militantes que voceaban los eslóganes por las calles de Madrid.

En aquella reunión de mayo se analizó en profundidad el uso de la propaganda impresa. Al hablar de la situación en Sevilla, donde los comunistas produjeron algunos incidentes violentos, Stepanov preguntó acerca del “journal” de un tal “Campicino”:

Stepanov

Ferrat: A Séville, avant les fusillades est-ce qu’il y avait la possibilité de lancer le mot d’orde de la République des Soviets?
Bullejos: Oui, nous avions cette possibilité? Le gouvernement était faible et le mouvement de masse était très fort, mais nous n’avions pas de Parti. Le recrutement du Parti a été organisé su la base des meetings et des manifestations; les cellules également devaient faire de grandes assemblées de sympathisants dans les fabriques pour le recrutement. Mais ce travail est de longue haleine.
Ferrat: Est-ce qu’on rencontre dans ce travail des difficultés dûes a l’èsprit sectaires des caires du Parti?
Bullejos: Oui, car cet esprit existe, mais il disparait peu a peu.
Stepanov: Qui aide Campicino et son pétit journal?
Bullejos: C’est un syndicat, mais qui n’est pas sous notre influence.
Stepanov: C’est peut être peur cela qu’il est bon.
Camarada X: Sur quelles couches avona-nous de l’influence?

Desconozco lo suficientemente el francés y los entresijos del PCE en 1931 como para saber si ese “Campicino” y su “journal” tienen algo que ver con Valentín González, quien en abril del 31 ya vivía en la provincia de Madrid. Lo anoto aquí por si alguien puede orientarnos.

Sigamos con sus tropelías. Como hemos dicho, Marcelino Heredia publicó un libro sobre el Campesino. Para Jiménez Losantos “ese libro derruye una parte de la novela del Gulag recreada por Gorkin a mayor gloria del Campesino. El contraste y la comparación de esas dos versiones de sus andanzas en Siberia sería un buen punto de partida para cualquier historiador que se tome en serio al personaje”.

El libro es muy malo, mezcla novela y denuncia y contiene numerosos errores, pero como todo lo que tuvo que ver con la vida de Valentín González, conviene cribarlo para sacar de él lo poco que tenga de verdadero, ya que como hemos dicho, ese poco resultaría siempre sorprendente.

Hablaremos del libro, pero también de su año de publicación: 1964. La fecha no es casual.

Un Comentario

  1. Maestro, tras estos soberanos lances de recibo nos deja usted con la impaciencia de verle ejecutar nuevas tandas. Con este hierro, que siempre ha dado mucho juego, y conociendo el dominio y arte que derrocha el lidiador, la apoteosis y la puerta grande están aseguradas.
    Un saludo.

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