La biblioteca fantasma

El aliento prófugo del instante

Arturo Mori, “ese catalán moreno de hablar agitanado, ceceante, que tiene una pluma tan fácil, fecunda y gárrula como la de Fabián Vidal, y un dinamismo de ardilla. Arturo Mori escribe de todo y está en todas partes, en el Congreso, en Teléfonos, siempre atareado, inquiriendo noticias, pidiéndolas y dándolas”. Así describió Cansinos Assens en La novela de un literato a Arturo Mori, periodista barcelonés nacido en 1886 (alguna fuente dice que en 1888). En su ciudad natal dirigió El intransigente, y en Madrid fue redactor de El país y El liberal. Publicó varias obras teatrales y ejerció también como crítico, al parecer estimado dentro del gremio. El dinamismo que le asigna Cansinos parece ser cierto: además de escribir en la prensa con una asiduidad desconcertante, tradujo al español obras del francés y del catalán. No creo que, aparte de él, haya muchos nombres que se repitan de manera tan profusa en las hemerotecas digitales. Una sencilla búsqueda por su nombre ofrece cientos y cientos de resultados. Entre ellos, los que nos llevan a su sección fija en El liberal, titulada “Run-run”. En 1930 agrupó estos artículos en un libro editado por la CIAP, con una cubierta muy llamativa, típica de la época.


Los artículos, muy breves, no tienen más ambición que la de enjaular el aliento prófugo del instante, el germen de lo cotidiano; la anécdota fugaz, el personaje que aparece en escena un instante e inmediatamente hace mutis, la semblanza cariñosa a gentes tan dispares como Chaves Nogales o nuestro admirado Chichito. Cualquiera que trate de asomarse a ese momento crítico de la historia de España, quien desee pulsar el latido diario de un país abocado a ocho años de esperanzas y tragedias, hará bien en leer el runrún de Antonio Mori. Por fortuna, no fue un moralista; ni pontifica, ni castiga, ni hace de la altanería el armazón de su escritura. Todo lo contrario: su prosa firme y ágil le sirve para hablar de cualquier cosa, desde el chófer que entrega una cartera abandonada repleta de billetes a la prohibición de los piropos, pasando por la situación política de Alemania o la defensa de la democracia en España. Mori fue un republicano impenitente. Liberal, como Chaves Nogales. Su rastro apenas se vislumbra desde julio de 1936: una crónica sobre los servicios médicos en el frente de Aragón y un “Run-run” emocionante sobre las ganas de vivir que la gente siente en medio de una guerra. Después, una mención rayana en el desprecio en una columna sobre una visita de Luis Montiel, Enrique Suárez de Deza y Vicente Sánchez Ocaña a Buenos Aires en septiembre de 1936, donde se negaron a hablar de la situación en España. El autor de la columna les reprochó que no dijeran claramente que tenían miedo, como hizo de forma clara y rotunda Arturo Mori. Éste, al parecer, abandonó España en 1939 rumbo a México. Allí fue presidente de la Agrupación de Periodistas Españoles en el Exilio. Murió en 1953.

(Reseña en Books Abroad, v. 5, n. 4 (oct. 1931), p. 377).

Arturo Mori. Run-run: (vibraciones de todos los días). Palabras de Roberto Castrovido y Francisco Villanueva. Madrid, Barcelona, Buenos Aires: Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, 1930. 328 p.

Un Comentario

  1. alcuino

    ¿Que artículos tiene sobre el congreso?. Sería interesante leer algunos de ellos para ver como describe el panorama.

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