La biblioteca fantasma

Arte de hacer curas

Una bomba destruyó su piso de la calle Fuencarral durante la guerra. Se refugió en casa de su hija, en el barrio de Salamanca, y murió el día 5 de noviembre de 1938, dicen que de hambre, tras una agonía que duró tres días.

Al nombre de Juan Pérez Zúñiga le seguía inevitablemente el remoquete de “escritor festivo”, que es como se llamaba antes a los humoristas.

El humor ha tenido mala prensa entre los intelectuales. Hablamos de los intelectuales españoles. No entre los ingleses a los que el humor ha parecido tradicionalmente una cortesía de la inteligencia, y como tal lo cultivan. En España no; en España el humor suele estar bajo sospecha, y eso pese a que el mejor libro de su literatura, el Quijote, es un libro de humor. Claro que esa fue probablemente la causa de que tardara tanto en ser considerado aquí un libro serio.
No obstante ha habido entre nosotros un buen número de escritores que trataban de arrancar en sus lectores una sonrisa, a riesgo de parecer frívolos a los intelectuales, que siempre van a encontrar motivos para cubrir de ceniza sus cabellos y rasgarse las vestiduras. Aún hoy, cuando leemos a esos escritores, cien años después, siguen haciéndonos mucha gracia. Que algo gracioso siga siéndolo un siglo después es un milagro, porque el humor es lo primero que se marchita. (Andrés Trapiello. En serio: ríase un poco).

La editorial Ganso y Pulpo recoge de forma gratuita en su web alguna de sus obras, en formato epub, y ofrece una completa semblanza de su persona. El trabajo que lleva a cabo Ganso y Pulpo es excelente. Pablo Barrio y Caterina Cerdà han creado una web muy atractiva y le han quitado el polvo a libros de autores apenas leídos. Enhorabuena y muchas gracias.

Entre sus procedimientos humorísticos abundan el denominado «chiste fácil», basado en retruécanos, juegos de palabras, equívocos y paranomasias. A ellos añadió el trastueque, que el propio autor explica en el «Prologuete» a ¡El disloque!

[a]llá por el año 1884 […] se me ocurrió […] pergeñar un artículo con las palabras en desordenada construcción gramatical y de tal suerte alteradas que, sin dejar de dar cabal idea del significado de cada frase, la extraña combinación del trastueque pudiera producir la risa.

Un ejemplo:
El Juan de San día. Tena dirigida a Don Blanco Luca de Carta, director del Torcuato negro.

Otro procedimiento innovador de Pérez Zúñiga consistía en la sustitución de las palabras del relato por otras similares en el plano fonético y, a la vez, pertenecientes al mismo campo semántico, y todo ello sin perder la lógica del argumento. Un buen ejemplo se encuentra en su relato «Ensalada de cómicos», donde engarza los apellidos de 425 actores de su tiempo y cinco páginas con sus nombres de pila.

Y que me Marta un rayo si, faltando al Octavio mandamiento, Rodrigo la verdad.

Cambios de desinencias, jitanjáforas, disparates fónicos y una marcada tendencia al absurdo completan las tendencias humorísticas del estilo de Pérez Zúñiga, cuya razón de ser, según Miguel Mihura, consistía en «inventar un nuevo mundo, alegre, cordial e inverosímil». (De la web de Ganso y Pulpo)

Don Ciro Bayo en el Instituto Cervantes

Pérez Zúñiga fue presidente del Instituto Cervantes, la residencia donde pasó sus últimos días nuestro querido Ciro Bayo. Coincidieron en algunas celebraciones, especialmente en los aniversarios dedicados al autor del Quijote, y ambos compartieron una muerte agónica, ya mayores y vencidos, mientras los jóvenes españoles se mataban en las calles y en el frente.

Nuestro ejemplar de Arte de hacer curas tiene una dedicatoria manuscrita de Pérez Zúñiga a Ciro Bayo. Qué tristeza tener entre las manos este pecio perdido de la biblioteca de Don Ciro. Debió de reír con él. Es un libro divertido que toma a chacota a quienes, ya en aquella época, embaucaban a la gente con todo tipo de supercherías supuestamente medicinales y milagrosas. En un número de La Libertad, fechado en mayo de 1930, Pérez Zúñiga dice que ya está trabajando en este Arte de hacer curas. El libro se publicaría finalmente en 1933.

Dos críticas del libro. La Libertad, 23 de abril de 1933, y Heraldo de Madrid, 30 de marzo de 1933. (Pulsen para ampliar).

    

Las necrológicas aparecidas en las dos ediciones de Abc, la republicana de Madrid (6/11/38) y la franquista de Sevilla (9/11/38), recogieron con pesar la muerte de Pérez Zúñiga, pero no dudaron en lanzarse el cadáver unos a otros, reflejo de lo que estaba sucediendo en esos momentos en España.

 

En la revista Caras y caretas (Buenos Aires, 26/11/1938) también le dedicaron un obituario:

Tal vez sea el último de una generación de escritores jocosos que a fines del siglo XIX se adjudicaron el oficio de divertir al lector de habla española: Luis Taboada, Vital Aza, Eduardo del Palacio, José López Silva, “Melitón González”, Félix Limendoux, nuestro Luis Pardo (Luis García) y algunos otros, y muchos otros imitadores, han seguido la tradicional senda satírica de la literatura castellana. Los chistes epigramáticos, los romances burlescos, la novela de disparates, la comedia de equivocaciones y demás recursos del ingenio peninsular los cultivaba el doctor matritense Pérez Zúñiga, hombre bondadoso, burócrata por necesidad y persona seria. Nació en 1860, doctoróse en 1882, y sus primeras pesetas las obtuvo tocando el violín. Fué su padrino de letras el simpático Vital Aza, quien lo animó -cosa poco frecuente en cualquier arte o profesión, — para que le hiciera la competencia, pluma en mano. Gracias a tal bondad, entró en la redacción del “Madrid Cómico”. Después, apadrinado por el público, escribió en las mejores resistas y periódicos; escribió abundantemente. Su verso y su prosa hacían gracia a la gente, que nunca le exigió prodigios de humorista exótico. Las ingenuas y sanas carcajadas que arrancó a los sanos e ingenuos lectores las quisieran los Aristarcos para los días de fiesta. En fin: una vida decente de escritor popular, llevada con dignidad y nobleza. Hizo “de2 reír a troche y moche. El primero y único pesar que ha proporcionado es éste de su lamentable desaparición, a los setenta y ocho años de saludable existencia.

La revista Blanco y negro publicó en noviembre de 1938 la última entrevista que concedió el “escritor festivo”. Háganse un favor, lectores, y descarguen los libros de Pérez Zúñiga que ofrece Ganso y Pulpo. Reír no cuesta nada.

Blanco y negro, noviembre de 1938