La biblioteca fantasma

La muerte de Krivitsky

Valle-Inclán nos engañó. Su genio no estriba en mostrar la realidad a través de un espejo deformado, sino en hacerlo a través de uno bien bruñido y azogado. Ocurre que la realidad vivida por Valle era lo suficientemente fantástica como para aparecer ante nuestros ojos como algo fabuloso, retorcido y excéntrico. La dificultad consiste, pues, en reproducirla con fidelidad y con un estilo acorde a su esencia. Tal cosa es el esperpento valleinclanesco.

El genio del esperpento alcanza su esplendor en los libros factuales, como los de memorias o los de reportajes. La realidad es tan deforme que hay que adaptar adecuadamente el espejo para reflejarla. De ahí que, por ejemplo, las novelas sobre la guerra civil sean casi todas tan sosas, tan de mono y alpargata o señorito acojonado, esa rebanada seca donde se extiende la mermelada sentimental.

Esta teoría me la tira abajo la novela negra. Es un molde con una tradición tan arraigada que hay historias que sólo pueden contarse al encajarse en ese bastidor. Así ocurre en el caso de la muerte de Krivitsky.

Krivitsky fue jefe del servicio secreto militar soviético y tuvo un importante papel en la incrustación rusa en la guerra civil. Vio venir las purgas estalinistas del 37 y huyó. Huyó y contó. Huyó y escribió. Huyó y tuvo miedo. “Si alguna vez intentan probar que me maté, no les creáis”. Un día apareció muerto en la habitación del hotel Bellevue de Washington, con un tiro en la cabeza. La puerta cerrada. Notas justificando su suicidio. A partir de aquí, la maquinaria se pone en marcha. Se mete uno en los archivos del FBI, se imprime cientos de páginas, lee la prensa de la época, las gestiones de los agentes federales… un anónimo. Sí, un anónimo que da pistas a la policía. Son los ingredientes de una novela negra. Ni uno más, ni uno menos.

Compré el libro de Gary Kern sobre la muerte de Krivitsky. Casi quinientas páginas de teorías, documentación minuciosa, índices, fotografías, muchas de ellas impresionantes, bibliografía. No lo he leído entero, aunque parece bien narrado. Pero no es suficiente. A Krivitsky se le cita, se le ponen peros y en España no parecen darle la importancia que quizá tengan sus memorias. En España se tradujeron como Yo, Jefe del Servicio Secreto militar soviético. Las publicó NOS con prólogo y notas de Mauricio Carlavilla. Antes se extractó en latinoamérica, quizá en Argentina, uno de los capítulos dedicados a la guerra civil: La garra de Stalin en España. En la portada: Super Maquiavelismo. Rusia en España.

Convendría sacar a Krivitsky del olvido y ponerlo en su sitio. Pero estimados letraheridos, lo que Gualterio Germanovich Krivitsky necesita es su novela, la novela de su muerte. En la realidad están los ingredientes. Sólo faltan ganas, imaginación y un estilo bronco adecuado a un mundo de espías, asesinos, miserias y perfidia.

  1. Brazil

    A sus pies, Bremaneur:

    “alle-Inclán nos engañó. Su genio no estriba en mostrar la realidad a través de un espejo deformado, sino en hacerlo a través de uno bien bruñido y azogado. Ocurre que la realidad vivida por Valle era lo suficientemente fantástica como para aparecer ante nuestros ojos como algo fabuloso, retorcido y excéntrico. La dificultad consiste, pues, en reproducirla con fidelidad y con un estilo acorde a su esencia. Tal cosa es el esperpento valleinclanesco (…) La realidad es tan deforme que hay que adaptar adecuadamente el espejo para reflejarla (…)”.

    Ese es nuestro gran problema, Bremaneur, que siempre consiguen que España deforme su realidad hasta niveles grotescos. Justo lo que sus pintores se negaron en rotundo. Es desesperante. Todo.

  2. Follan d'Eiro, maricon y del opus

    La puerta cerrada, seguro. Pero, subìa o bajaba? Quiro dicir, por dentro o por dentro?

  3. No sé en qué papel leí que la puerta estaba cerrada por dentro, pero si no recuerdo mal la limpiadora que descubrió el cadáver tuvo que abrir la puerta con su llave maestra.

    ***

    Brazil, gracias por la ondulación.

  4. Brazil

    Ya me gustaría a mí tener una onda, Bremaneur. Dejaría a España que la íbamos a reconocer todos. Incluso Usted ayudaría a cruzar la calle a las abuelitas. Tiernamente.

  5. sutungpo

    Hay algo frío, aséptico, en las novelas de espionaje y por muchos asesinatos que tengan. Escribir la de la muerte de ese ruso renegado al estilo caliente, brutal, de Hammet o Chandler imagino que sería un fracaso. Supongo que podría hacerse, no obstante, la novela y con el estilo bronco adecuado, si se considera al espía simplemente como podría hacerse respecto a un tendero al que matan por descubrir la maraña de intereses bastardos en el gran mercado de las frutas y verduras de su barrio.

  6. Exacto, Sutungpo. No me refería a una novela de espías sino a una buena novela negra. El final es evidente: Krivitsky se suicida. Alrededor de esa muerte, zambra y revuelo.

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