La biblioteca fantasma

Orlov y la CNT

por el Rufián Melancólico

En la historia de los servicios de contraespionaje de la República en guerra y antes de la constitución del DEDIDE y del SIM, existieron los llamados Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra.

Estos servicios de inteligencia se crean en agosto-septiembre de 1936 por consejo de altos oficiales del Ministerio de la Guerra leales a la República. Orientado a la lucha contra el espionaje y contra-espionaje, es dirigido en su primera etapa por Prudencio Sayagües, un reconocido dirigente de las Juventudes de Izquierda Republicana. Entre sus hombres de confianza están Fernando Arias Parga, universitario de la FUE, José María Jareño y un capellán castrense llamado Pablo Sarroca Tomás.


El cura Sarroca de miliciano, su amante Julia Sanz, Manuel Muñoz,
Director General de Seguridad, que impone la medalla,
y Ricardo Burillo Stholle.

 

Este último es un personaje digno de figurar en una novela de Baroja. Numerosos testigos le presentan presumiendo a todas horas de su amistad con Manuel Azaña y recuerdan que una vez apartado de la disciplina eclesiástica ganó rápidamente fama en los años republicanos de alcohólico y putero. Él era el encargado de efectuar los interrogatorios y obtener, cómo no, las confesiones. Las detenciones y ejecuciones que decidían Sayagües, Arias Parga, Jareño y Sarroca las llevaban a cargo los famosos hermanos Colina Quirós, de filiación comunista.

Luis Colina Quirós. Comunista. El verdugo de los primeros
Servicios Especiales dirigidos por Prudencio Sayagües

 

En noviembre de 1936 Prudencio Sayagües y sus agentes huyen a Valencia.

Será el coronel Rojo desde la jefatura de Estado Mayor para la Defensa quien reorganice este servicio de inteligencia militar. Desde entonces se denominará: Segundo Negociado de la Segunda Sección de Estado Mayor, aunque será llamado y conocido por todos por su viejo nombre, los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra.

En la reunión de constitución en los sótanos del Ministerio de Hacienda de Madrid, Estado Mayor para la Defensa, están presentes, además del coronel Rojo, el comandante Barceló, el comandante Pavón, el coronel Piñeiros, el comandante Rolao, el capitán Lafuente, Manuel Salgado y Manuel González Marín, estos dos últimos, los únicos civiles y destacados cenetistas. El primero de ellos, miembro del Comité de Defensa CNT-FAI de Madrid.


Manuel Salgado Moreiras (primero por la izquierda), jefe de los
Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra y miembro del
Comité de Defensa CNT-FAI de Madrid, junto a Manuel Alarcón.
En la foto de la derecha, el cenetista Manuel González Marín.

 

Por acuerdo de los allí presentes los Servicios serán dirigidos por Manuel Salgado Moreiras que rendirá cuenta de sus actuaciones al coronel Vicente Rojo. En las mismas fechas, un día arriba o abajo, Carrillo se hace con el timón de la Consejería de Orden Público.

Puesto a la tarea, Salgado crea dos subnegociados de contraespionaje; El primero lo dirigirá el asturiano Bernardino Alonso, “el ruso”, afiliado de la CNT que ha residido durante el bienio negro en Moscú. Los locales de la sección están localizados en la calle Ventura de la Vega 1 y luego, por motivos de espacio, se trasladan al imponente edificio de Castellana 13 (Sede de la Brigada de contraespionaje de los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra, en la imagen).

A las órdenes de Bernardino Alonso trabajan numerosos agentes de filiación cenetista. Muchos de ellos hombres de plena confianza del Comité de Defensa Confederal como Félix España, Celestino García López (escolta de Eduardo Val), Melchor Baztán, Antonio Prieto (uno de los pistoleros de mayor confianza del Comité de Defensa, ejecutor junto a Felipe Sandoval y Pablo González Cubillo del archivero y bibliotecario Florián Ruiz Egea), Mariano García Cascales (secretario de las Juventudes Libertarias de Madrid y consejero de la Junta de Defensa del general Miaja), Eloy de Miguel, Enrique Rufo, Felipe Sandoval, Miguel Ayala “el chato”, o agentes procedentes de la disuelta checa de Atadell como Ángel Pedrero y el antiguo policía Luis Omaña (futuro comisario de policía en Valencia) De otros no se sabe muy bien de donde proceden, son Horacio de Paz, Jesús “el canario” y “el señorito”.

Mariano García Cascales

 

Por la confesión de Enrique Rufo, detenido y fusilado al igual que casi toda la sección al acabar la guerra, ante la Brigada del Servicio de Información y Policía Militar sabemos que eran él y su cuñado Bernardino los encargados de efectuar los interrogatorios y que este último se distinguía por su crueldad y violencia.

En la calle Fernández de la Hoz 57 se encuentra el otro subnegociado de contraespionaje creado por Salgado. Lo dirige César Ordax Avecilla, pintor, escritor y periodista del diario CNT. En los primeros meses de la guerra ha desempeñado en la columna anarquista Del Rosal la Jefatura de Información.

Desde esta sección se ejecutan las acciones de contraespionaje de mayor trascendencia. El 20 de diciembre de 1936 el espía de origen belga Jaques Borchgrave, que utilizaba el titulo de barón, es detenido a su salida de la embajada belga en la calle Almagro 42. La detención la efectúan los agentes Félix España, Antonio Prieto, Eloy de Miguel y el chófer Manuel Lozano. Trasladado el barón a Fernández de la Hoz 57, Ordax Avecilla comunica su detención a Eduardo Val que decide su traslado inmediato al Comité de Defensa en Serrano 111. Desde aquí, tras un largo interrogatorio, se le conduce a las cercanías del cementerio de Fuencarral, donde es asesinado. Esta decisión la tomaron Eduardo Val , José García Pradas y Manuel Salgado sin informar este último al coronel Vicente Rojo. Descubierto el cadáver sin documentación alguna, también se le han arrancado las iniciales bordadas en la camisa, el juez de Fuencarral que ordena la inhumación del cadáver da cuenta a la Diputación de Madrid, como es preceptivo, y al tiempo comunica para sorpresa de la sección que le ha dado muerte la existencia de una etiqueta en el interior del pantalón donde figura escrito a mano el nombre del asesinado: “Barón de Borchgrave-Sr. Borchgrave.”

Serrano 111. Comité de Defensa Confederal del Centro

 

Iniciadas las investigaciones por la Dirección General de Seguridad se descubre la falsedad de su condición de diplomático y se pone de manifiesto su verdadera profesión de hombre de negocios, aunque se asegura que estos “…no eran de una rectitud ejemplar”. Su condición de espía, aunque no se diga, es más que evidente.
Por su parte el Ministerio de la Guerra en su ignorancia encarga a Manuel Salgado y sus agentes averiguar urgentemente el paradero de los autores del crimen. Salgado calla y oculta la verdad a sus jefes.

El escándalo diplomático que se desata es mayúsculo y tras muchos tiras y aflojas entre el Ministerio de Estado de la Republica, que nunca aceptó responsabilidad alguna en los hechos, y el gobierno belga, se acordó que estos hechos se sometieran al dictamen del Tribunal Internacional de La Haya. Igualmente el gobierno español se comprometía a abonar, y así lo hizo, a la familia de la víctima un millón de francos por razones de equidad y consideración.

Otra de las acciones destacadas de la sección de contraespionaje dirigida por este aprendiz de Orlov que es Ordax Avecilla es la apertura de la falsa Embajada de Siam en un chalé en el numero 12 de la calle Juan Bravo. La operación es diseñada minuciosamente en Serrano 111, sede del Comité de Defensa, por Eduardo Val, Manuel Salgado Moreiras y José García Pradas.

Eduardo Val, secretario del Comité de Defensa Confederal CNT-FAI de Madrid
y José García Pradas, director del diario CNT de Madrid y miembro del
Comité de Defensa Confederal de Madrid

 

Para montar su falsa embajada cuentan con la colaboración de Antonio Verardini Ferreti, cenetista de ocasión, con un título dudoso de ingeniero en su poder y un turbulento pasado de estafador a sus espaldas. Excarcelado el 18 de julio junto a Cipriano Mera permanecerá a su lado desempeñando la jefatura de Estado Mayor de la columna de Mera. Veradini hará de embajador de Siam. Otro de los colaboradores en la artimaña es el guardia de asalto Luis Bonilla del que casi nada sabemos. Este hará el paripé de guardia de la embajada.

Visita del coronel Casado al Estado Mayor de Mera.
Verardini con las manos en los bolsillos.

 

El gancho para engañar a los “desafectos” y “quintacolumnistas” y atraerlos al cobijo de la embajada de Siam es Alfonso López de Letona, conocido calavera de una gran familia madrileña que ha sido secretario y guardaespaldas de Goicoechea y matón ocasional de Falange. López de Letona cuenta con numerosos amigos refugiados en embajadas y otros centros bajo bandera diplomática. Otros muchos al igual que él se hayan escondidos. López de Letona mantiene vieja amistad con Verardini, se han conocido en el tercio y más tarde coincidirán en los patios de la cárcel Modelo. Dos lugares óptimos para forjar estrechos lazos de camaradería. Desesperado por el peligro que corre su vida Letona busca a Veradini y le pide protección. Verardini pone precio y le pide, además de información de algunos de sus amigos, que haga correr entre ellos la buena nueva de la apertura de la Embajada de Siam. Lejos de toda sospecha, López de Letona asegura a sus amigos derechistas escondidos la bondad de acogerse con sus sus familiares y pertenencias, especialmente joyas y dinero, a la protección de la embajada de Siam. Él ya lo ha hecho y ésta es una oportunidad única que no deben dejar pasar. No tardaran en presentarse los primeros incautos que, tras ser recibidos con grandes atenciones, son alojados en habitaciones provistas de micrófonos ocultos. El propio Salgado acude a diario a “la embajada” para oír las grabaciones.

El general Miaja

 

Una indiscreción de Luis Bonilla ante el general Miaja da al traste con la falsa embajada y estropea los planes del Comité de Defensa, pues el general, indignado con la villanía de la estratagema, monta en cólera y exigie y obtiene su cierre inmediato. A los pocos días sus desconcertados huéspedes son conducidos por orden suya a los locales de la Brigada de Investigación Criminal de la calle Victor Hugo. Nunca más se sabrá de ellos.

También parece fuera de toda duda la paternidad de Ordax Avecilla en lo que se llamó “el túnel de Usera”.

Otro engaño muy parecido al de la falsa embajada de Siam. En este caso el gancho era un rumor que López de Letona dejaba caer en los oídos adecuados en Negresco o en Chicote. En Usera, decía, existe un túnel que te lleva a zona nacional. Gracias a él, asegura, son innumerables los patriotas que ya se han pasado. Solo hay una pega, cuesta dinero, y no poco, pero el éxito está garantizado. A los que pican se les pasa el contacto que lo arregla todo, el les dará hora y fecha para la ansiada fuga. Los incautos serán despojados y asesinados en el túnel.

Negresco. Febrero 1937. Bar madrileño famoso por ser
punto de encuentro de la quinta columna.

 

En la sección de Bernardino Alonso las cosas se empiezan a complicar cuando éste y uno de sus hombres, Luis Omaña, son descubiertos por los cenetistas como agentes al servicio de los rusos del Gaylord´s. Las pruebas son concluyentes y sus frecuentes reuniones en el Hotel con el soviético Loti, que hoy sabemos tenía por verdadero nombre el de Lvovich, además de injustificables, suponen un agravio personal para Manuel Salgado que se siente burlado.

Ante esta caótica situación Salgado Moreiras, sustituye a Bernardino Alonso al frente de la sección de contraespionaje por el también cenetista Vicente Santamaría. Este cuenta con casi todos los agentes que servían a las ordenes de Bernardino Alonso e incorpora a otros nuevos. Felipe Sandoval, asciende en el escalafón y es elegido mano derecha de Santamaría.

Felipe Sandoval

 

El primer problema al que se enfrenta Santamaría es la desaparición del archivo de los Servicios Especiales. Bernardino Alonso se lo ha llevado sin pedir permiso y no duda en depositarlo en las agradecidas manos de Alexander Orlov. La orden de detención contra Bernardino, exigida imperiosamente por Salgado que quiere su cabeza a toda costa, y dictada por el general Miaja es esquivada por los servicios soviéticos. Estos esconden a Bernardino en el Palacio Nacional, antiguo Palacio Real, y residencia oficial del Presidente de la Republica Manuel Azaña. Una operación brillante e imaginativa con la firma de Orlov. Desde los aposentos de Palacio, días más tarde, agentes soviéticos trasladan en secreto a Bernardino a una finca de reposo infranqueable que la NKVD dispone en las cercanías de Guadalajara. Los archivos se quedan en el Gaylord´s.

Meses después, en la primavera de 1937, Bernardino “el ruso” vuelve a dar la cara en las calles de Valencia. Camina libre de todo cargo y muy bien protegido. A su lado y hasta que acabe la guerra están sus nuevos camaradas: Luis Omaña, Justiniano García, Juan Cobo, Eusebio Rodríguez Salas y Loreto Apellániz.

Como cuentan en sus declaraciones ante la policía franquista los agentes de Servicios Especiales detenidos en 1939 fue el coronel Rojo, indignado ante el desastre de la gestión de Salgado, quien en marzo de 1937 lo echó a patadas de la Jefatura de estos Servicios. La bronca fue de tal calibre que tuvo que intervenir Miaja para evitar males mayores. Los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra fueron disueltos. Había llegado la hora de Galarza y del DEDIDE.