La biblioteca fantasma

Adoctrinamiento poético

 

Di con este libro por casualidad, matando el rato en una de esas ferreterías castrenses que venden condecoraciones y balas y cascos y de las que no cabría esperar sino el nombre de “Nostálgica herrumbre”. Allí, entre la tela y el metal, estaba este libro, solitario y muy barato. Quizá fuera ese desamparo el que me llevó a buscar en internet alguna información sobre el título y el autor, y lo que hallé me hizo comprarlo de inmediato.

Versos concebidos en el amparo de la retaguardia. Su autor no es el sargento de morteros José R. Camacho que luce en la portada. El hilo que tira de esta historia podría tomarse en el Abc del 21 de julio de 1981:

Adoctrinamiento poético para soldados que se dejaban los sesos en las trincheras. Puede encontrarse en cinco bibliotecas universitarias, una decena de públicas, la Biblioteca Nacional y dos librerías de viejo que lo venden una a trescientos y otra a quinientos euros. El libro ha merecido la atención de algunos estudiosos: Gabriel María Verd, Luis López Anglada, Miguel d’Ors y Alicia Alted Vigil se han ocupado de estudiar este poemario.

Verd recupera unas palabras de Rosales en Cuadernos hispanoamericanos:

El libro se preparó en Burgos por encargo de Ridruejo al propio Rosales, de ahí que su contribución fuera la más numerosa. La autoría de los versos no queda clara, pues Rosales no recordaba en algunos casos a quién atribuir cada poema. Permítanme un laberinto de números y palabras: se sabe que el octavo es de su hermano José, y la única atribución segura de Manuel Machado es la del poema, no numerado, que encabeza el libro y que se titula “Dedicatoria al caudillo” y que incluye versos que aparecerán luego en otros poemas suyos. Rosales atribuye a Manuel los poemas seis, veintiséis, veintiocho y treinta y uno; posiblemente también sean suyos el trece y el treinta y siete. De Pemán son las poesías número veintiuno, veintidós y treinta y dos; de Vivanco, la cinco, once y dieciocho. Rosales duda en la dieciséis y la treinta y tres, pues no sabe si atribuírselas a Vivanco o a sí mismo. Quizá fueran de ambos, ya que Rosales reconoce que a veces escribían conjuntamente. De Leopoldo Panero parece ser la quince, y quizá la veintisiete, si no es del propio Rosales. De éste son los poemas uno, dos, siete, nueve, diez, doce, diecinueve, veintitrés, veinticinco, veintisiete, treinta y cuatro, treinta y cinco y treinta y ocho. Rosales está seguro de que participaron también Ridruejo y Foxá, aunque es incapaz de reconocerles poema alguno. Quedan también un puñado de versos que no se sabe a quién atribuir y que quedan para entretenimiento de hermeneutas. Dos de los poemas son de tema gallego, y aunque muy traída por los pelos, planteo la hipótesis de que puedan ser de Torrente Ballester. No sólo porque andaba por Burgos entonces, sino también porque hubo quien le atribuyó ínfulas poéticas. Lo hizo, si no me falla la memoria, Gregorio Morán en su libro El maestro en el erial, aunque he sido incapaz de encontrar la referencia en mi caótico archivo. No obstante, son éstas elucubraciones sin apenas fundamento. Pese a las prisas con las que al parecer se compuso el libro y el ambiente jocoso en el que se concibió, dudo que Torrente quisiera echarle un pulso a la lírica durante aquellos años.

El libro estaba pensado para el macuto de los soldados, de ahí que pese a su enorme tirada no se prodigue mucho en los plúteos de las librerías. Por ese motivo apenas aparece en las antologías y los estudios literarios de la guerra civil. Según Verd, no lo cita casi nadie, pues a la rareza del libro se añade el sectarismo con el que los investigadores se han aproximado a la poesía del bando franquista. Sectarismo, añado, que podría estar justificado en los casos en que se confunde el lirismo con la casquería racial, perdonada por algunos siempre que apareciera en el otro bando. La historia de siempre.

Los versos del combatiente es un libro muy estimable, digno de los excelentes poetas que lo escribieron. Ahora bien, al leer estos poemas me pregunto hasta dónde pueden ir unidos, en este caso, sentimiento y verdad. Por decirlo a las bravas: ¿cómo podían hacer lirismo del frente quienes lo habían visto de lejos en excursiones organizadas por el departamento de propaganda?, ¿cómo dotar de sentido el acto salvaje de la guerra sin tener barro en las botas ni sangre coagulada en los ojales de las correas? Como diría Juaristi, estos escritores de Burgos estaban “en el dominio de la estética de lo sublime, de la promesa de un placer intensísimo que se deriva de la contemplación de objetos terribles y mortíferos que no pueden dañar al espectador”. Alguno de estos escritores había huido del terror y muchos amigos habían muerto asesinados a manos de un bando o de otro. Sabían en qué guerra andaban metidos, pero vivían refugiados bajo el manto del poder militar, escribiendo en los cafés, ocultando su miedo en el proyecto intelectual de una nueva España.

La distancia que hay de la trinchera a la retaguardia suaviza las aristas sangrantes del dolor y acentúa la melancolía. Se consigue así que los versos se alejen de la verdad. Pero estos versos sin verdad, ¿cómo serían recibidos en el frente? ¿Gustarían más los ripios sobre la derrota del enemigo o la lírica del soldado que cierra los ojos del camarada muerto?

 

Entre naranjos

Cuando estemos en Valencia
a la orillita del agua,
el legítimo gobierno
tendrá el ministerio en barca.

 

Está tu hogar en el campo

¿De dónde vienen tus ojos
cansados y sin color?

– Tengo los amores lejos
y en ellos el corazón. –

Nuestro hogar está en el campo
y en este poco de sol.

– Tengo los amores lejos
y en ellos el corazón. –

¡Deja la muerte tan cerca
de la hermosura de Dios…!

– Tengo los amores lejos
y en ellos el corazón. –

Estás buscando y buscando
dolores a tu dolor,
los ojos son los que tienen
que seguir al corazón.

No busques, mira: la tierra
nos dá su mejor olor.

¡A quién tendrás en los ojos
cuando te los cierre yo!

 

Camacho, José R. [pseud.] Los versos del combatiente. [S. l.]: Ediciones Arriba, 1938 (Bilbao: Talleres Tipo-Litográficos de D. José A. de Lerchundi). 51 p.

El padre Garmendia de Otaola se muestra lacónico al hablar de este libro: “Para todos”, es su único comentario.

 

 

Algunos vídeos sobre Luis Rosales:

Rosales, sobre Lorca:
http://www.youtube.com/watch?v=RNVOOuFHSiA
http://www.youtube.com/watch?v=B_rXfT1skMs

Entrevista de Dragó:
http://www.youtube.com/watch?v=8DWPuXTnqto
http://www.youtube.com/watch?v=MQHzrfNhsQs
http://www.youtube.com/watch?v=7DmI9jDdkYI&
http://www.youtube.com/watch?v=WTsEMQ2Wdhc

Entrevista de Soler Serrano:
http://www.youtube.com/watch?v=23zrxaZiBIM

La obra de Rosales:
http://www.youtube.com/watch?v=H9Xc1NlVN_A

 

  1. No me explico como ¡medio millón! de ejemplares nos han podido pasar tan desapercibidos. Claro que más de un fuego en el frente se habrá encendido con ellos.

    Respecto a los poemas de tema gallego otra hipótesis sería la de Eugenio Montes, en 1937/38 colaborador de Ridruejo en Propaganda y que ya para entónces tendría escrita casi toda su obra poética, aunque la mayoría en gallego.

    .

  2. Chico de la estepa

    La poesía es como las pajas -que también tienen su propio ritmo poético ¿no es verdad, zorra?- no necesitan la realidad para que salgan bien.

  3. Chico de la estepa

    Conocí a Rey y conocí a Vila, ambos en Paris, pero como eran distintos no creo que fuera el mismo si bien uno de los dos podría llamarse Rey Vila. Ambos eran gallegos. Rey acabó de apicultor y Vila de maricón.

  4. Chico de la estepa

    Y a ver si dejais de preguntar que ya parezco el abuelo batallitas ¡Yo he venido aquí a ligar, joder¡
    Ahora bien, si quereis llevar la cosa en plan cultureta os puedo contar cuando me follé aquella novia de Umbral, venezolana y rica. Annaliz de larga nariz. Después también me acosté con su madre. Pero es que estábamos los tres borrachos y Annaliz se durmió. Después no encontré el coche y tuve que colarme en el metro para volver a casa. Qué vergüenza, yo viajando con pensionistas, chachas y estudiantes. Pero es que no tenía ni un duro, creo que me arañaron la pasta aquel par de golfas, y eso que eran ricas. Las sudacas, ya se sabe.

  5. Bremaneur

    Pues lo llevas mal, estepeño, porque aquí solemos reunirnos hombres de pelo en pecho. Quizá, con eso de las batallitas, logres atraer a alguna moza, así que sigue contando.

  6. Willy Grassland

    Estepeño, “tas” más salido que una gata en celo y eso a tu edad te puede pasar factura, como a Marciano Sigüenza. Descansa un poco y deja que la BF siga por donde había empezado, incluso con tu ayuda

  7. Chico de la estepa

    Willy, a mí las órdenes me las dieron cuando lo del Sahara y se acabó. Y si yo quiero acabar como Marciano -que murió a los 82 años y follando hasta un día antes- eso es asunto mío. Pero como no me gusta molestar ni dar la lata donde no soy bien recibido me retiro y tan amigos.
    Qué te den, mamón.

  8. Willy Grassland

    Chico, chico, no te irrites, que no era eso. Era una petición de que moderaras el tono…

  9. Roja y gualda

    Como de “Roja y negra” nadie entraba al trapo, a ver si así, banda de pringados.

  10. Brazil

    Chico de la estepa
    Publicado 1 Noviembre 2010 en 12:26 PM
    Enlace permanente
    La poesía es como las pajas -que también tienen su propio ritmo poético ¿no es verdad, zorra?- no necesitan la realidad para que salgan bien.

    Y tanto, chaval de la estepa. Los poetas de los soldaditos son hoy en día los banqueros, sin lugar a dudas. “Chaval, que ese pisito que te están tasando por 300.000 en el banco no vale más de 90.000”. Ni caso, que las revalorizaciones, que si las plusvalías, que si la refinanciaciones. Peculiar poesía la de nuestro tiempo. En fin, parecida a la del PNV y el Gobierno.

    Creo que fue Gadamer el que se angustiaba con la poética que recorría al personal. En fin, Gadamer, menuda parida teniendo a un “Querido Emilio”.

  11. Brazil

    ¿Quién quiere una tierna flor de culantrillo pudiendo tener una tierna flor de hipotecadillo?

    De verdad, menudas preguntas existenciales que nos hacemos. Esto es como ser: si te tenía delante y no te veía.

  12. Justo

    Una joya bibliográfica ha encontrado Usted, Bremaneur. Y muy bien explicada, saludos.

  13. Gracias a todos por los comentarios.

    Marqués, “bástale a cada día su afán”, como dicen las Sagradas Escrituras (y así se titulará la siguiente entrada de esta biblioteca). Son tantos afanes los míos y tan pocos los días que hay veces que las promesas quedan en nada. Procuraré hacerme con el libro (la última vez fue una odisea, y desistí) y hablar de él lo antes posible.

  14. Alta y delgada

    Señor librero, a ver si encuentra usted “Escuela de hidalgos”, o algo así, y nos lo reseña. Es que es usted un petardo, buen hombre, que ya se lo pedí treinta veces. La primera con su consentimiento.

  15. Alta y delgada, necesito más datos para localizar ese libro, porque estoy seguro de que ése no es el título. Como todo lo ponga tan difícil…

  16. Princesa

    Una verdad relativa? cuando escribes lo que sientes en lo más profundo de ti ¿es una realidad o una tragedia? Gracias Brem.

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