La biblioteca fantasma

Más armas, más letras

Es una pena ese afán de inmediatez que exigen los lectores y que los periódicos alimentan. Se publicó la nueva edición de Las armas y las letras y se dio la noticia sin que críticos y periodistas tuvieran tiempo de leer las nuevas páginas de Andrés Trapiello. Se habló, sí, de algunas novedades, pero no de todas las que atesora el libro, como esta foto de Koestler detenido en Málaga. O la de Luis Rosales con camisa falangista. O la narración del asesinato de Nin, tal como fue (p. 381). Sólo esta última merecería más de un reportaje en la prensa, pero el afán de inmediatez obliga a quienes deberían darle luz a pasar página, o más bien, a cerrar el libro sin haberlo abierto. Átenme esa mosca por el rabo.

Independientemente de las novedades que aporta esta nueva edición (realmente reescrita), ha sido un placer repasar algunos párrafos, como los dedicados a Azorín o a Juan Ramón Jiménez, a Ridruejo, Francisco Vighi… Y algo más importante: rectifico y constato que Trapiello demuestra lo dicho en su nuevo prólogo: sólo en el bando donde hubo defensores de la República, se representaron los principios de la Ilustración. Cierto es que en el otro también hubo quien los había defendido anteriormente, o lo haría una vez terminada la guerra, pero entre 1936 y 1939 o cambiaron de ideas, o las callaron presionados por las circunstancias y las amenazas de una represión muy efectiva.