La biblioteca fantasma

Devocionario plof

Un libro malo siempre será un libro viejo. Desde su mismísima concepción, nace viejo y ajado, pasto del olvido. Hay que hablar de lo malo como acto de exorcismo. Conjurar la tomadura de pelo y aniquilarla con palabras.

Devocionario pop es un libro de poesías que homenajean cuarenta y seis canciones pop o de tradición pop. El homenaje se convierte en burla con los ripios cabriteros que perpetra su autor, un tal Alejandro Arturo. Acuchilla las canciones con saña cañí revestida de un vago culteranismo que causa risa. Risa que se congela al ver cómo despelleja canciones tan queridas por mí como “The final cut”. Así como se me esponjaron los ojos al verla seleccionada, en un gesto cómplice y tierno y amelí, se me abrieron las carnes al leer el poema. “The final cut” es una herida que este folklorista trata de diseccionar con una motosierra. La carnicería es atroz, intolerable. Por seguir con Pink Floyd, en “The scarecrow” el tal González muestra lo mejor y lo peor de su empeño. Son dos versos: el segundo aceptable (“Disuelto en cada prófugo, mi angustia siembra el cielo”). Nuestra angustia, al leer el primero, siembra las cloacas del entendimiento: “Soy el espantapájaros, me ausento en cada vuelo”. Parece remitir a alguien bastante feo que viaja mucho en EasyJet. O a un tío feo que cura su carencia sentimental con orgías de Lsd. No sé, en todo caso, es una construcción mugrienta, capaz de emponzoñar un verso bueno con un énfasis culterano rastrero, pretencioso.

Un solo poema es bueno: el dedicado a The dark side of the moon. Lo estropea, sin embargo, su egotismo, su soberbia y la imagen distorsionada que el autor muestra de sí mismo en los versos. Lástima.

El resto causa repelencia y risa. Algunos versos inician poemas deleznables:

– “Hoy ya no somos sólidos”. Imagino que fue escrito en algún momento de deficiencia gástrica.

– “Escucha: ya no sale”. Suele ocurrir tras varias masturbaciones seguidas; en este caso, quizá, en la segunda.

– “Fue la mejor noche de mi vida”. Este promete, pero en el segundo verso dice que no ha encontrado una mujer. Podría ser un reconstituyente saber, como dice en el tercer y cuarto verso, que está muy apretadito junto a sus amigos. El chaval merecería un alivio inguinal, aunque fuera mediante la sodomía, pero en el último verso nos aclara que se ha quedado a dos velas, al hacer una metáfora (bella, eso sí), sobre las pajas matutinas: “temo la lechosa llegada del día”.

– “Me levanté a las seis para escuchar a Jimi Hendrix”. Bueno, yo lo hacía para escuchar a FJL cuando comenzaba su mañana en la Cope. Todos tenemos nuestras cosas.

– “Las seis serían ya, son ya las nueve”. Y dale con las seis. Es el libro de un colgao, como puede verse.

  1. JP

    ¿Y qué pinta en el título “1220”? ¿Pop del s. XIII? ¿Braveheart, quizás? ¿O el “pop, popo, pop” que hacían las cabezas al rodar…?

  2. La Polla Records tiene un canción llamada Herpes, talco y tecno pop, con aquello de…y musicalmente hablando todos son grandes artistaaaas,,,: ya sabemos que hay pop, mucho; a los que somos del rock nos gustaría saber si hay herpes y talco. Un abrazo

  3. nuria

    Al tal Alejandro sólo le he leído cosillas en algunos foros y parece tan engreído como estúpido. Tendré mucho gusto en correr la voz para que nadie de mis allegados compre ese mojón en forma de libro.

    Me he reído muchísimo con su reseña. Mucha gracias.

  4. Willi

    No sé quién decía que cuando escuchaba pronunciar la palabra cultura sacaba su revólver;en casos como éste se entiende la frase, sobre todo si el autor, además, saca su guitarra.

  5. Sexto Empirico

    A Willi:

    La frase sobre la cultura y la pistola se le atribuye al nazi Goering, lo mismo que la de muera la inteligencia a Millán Astray. Con independencia de la calidad de los poemas, la frase citada no es muy afortunada.

  6. Willi

    He tirado de archivo y encuentro que la frase es de un tal Hanns Johst, dramaturgo nazi: curioso, viniendo de alguien de la cultura.

  7. Independientemente de la pertinencia de la frase y la calidad de los versos, este debate me ha recordado a otro escritor revólver en mano. Giménez Caballero, en una de las trifulcas que se organizaron durante la República en alguna representación o mítin, decía que “hubo de tirar de pistola desde el palco”. No recuerdo de dónde saqué la anécdota, pero me hizo gracia la expresión.

  8. Chonkin

    Yo creo que este libro no existe; he visto al autor promocionarlo en diferentes foros y siempre salía la Casa del Libro como referencia. Viajo por toda España y no lo he visto jamás en ninguno de esos establecimientos.

  9. Ya lo dijo mi paisano Robe: iros todos a tomar por culo. Son evidentes, por otro lado, las carencias formativas que provoca nacer en Soria. Me lo habían comentado, pero siempre dudé. Hasta hoy.De lo que nunca dudé es de la puerta para entrar en el Cervantes.Salud

  10. Como método hermenéutico, se ha de reconocer que sacar los versos de su contexto sí que denota un espíritu descuartizador que no deja lugar a dudas sobre la incompetencia analítica de quien actúa desde el apriorismo y el prejuicio en vez desde el adanismo que requiere enfrentarse a cualquier texto. Atreverse al navajeo con quien comienza sólo es comparable al egoísmo sexual de quien se satisface al margen de con quien a ella (la satisfacción, por si no me sigue…) llega.
    Tengo todita la impresión de hallarme ante un émulo de Manuel García Viñó, aunque sin la indiscutible formación teórica de éste.

  11. Agradezco todos estos comentarios sobre una entrada tan “albertohidalguesca”. El señor González Terriza es un sujeto con ciertas virtudes intelectuales y poéticas, pero como bloguero -que es como se califica a sí mismo- es un energúmeno encapsulado en un disfraz de displicencia, como un esputo en una escupidera, más o menos. Rastrero y vil, como suele decirse de los que apuñalan por la espalda; un resentido social y un resentido de género, como se diría ahora; una sabandija presocrática, un moralista subido al púlpito de una ideología sencilla y lanar, que lo mismo sirve para pontificar sobre política que para jugar a indios y vaqueros. La dicotomía de los buenos y los malos llevada a los extremos más facilones y baratitos. Siento hablar de él así, porque cuando le leo, o leo las abigarradas defensas de sus amigos, dan ganas de hacerse el ilegal y juguetear como el gato con el ratón moribundo: “hola, bellos hippies, dije con la boca llena de gominolas”. Sí, es un “señorito qué raro soy”, un especimen visto, degustado, deglutido y defecado hasta el aburrimiento.

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