La biblioteca fantasma

Tiempos de algaradas

Al salir, su padre le llamó, le dio una carta y un paquete. «Toma esto, lee esta carta y entrega todo en Palacio.» En la carta, con rebuscada impertinencia, Remigio devolvía al Rey su llave de gentilhombre. Juan rió a carcajadas y dejó sobre la mesa, sin explicación, la carta y el paquete. Al marchar, dijo: «Llévalo tú!». Y seguía riendo. Sin embargo, Remigio, con otra carta más cortés, envió la llave dorada, y al día siguiente le rogaron que pidiese también su baja en la Gran Peña. Entonces, se hizo francamente republicano, y se fue a vivir a una pensión barata de la calle de Jardines, justo frente a la redacción de La Tierra. Juan desapareció de Madrid; se supo que se había sublevado en Jaca y que estaba en Francia, refugiado. Volvió al proclamarse la República. Remigio figuraba entre los que esperaban, en la estación del Norte, su llegada y la de otros estudiantes, pero Juan no se dignó reconocerle.

Gonzalo Torrente Ballester. El señor llega.

Gonzalo Torrente Ballester comienza a escribir en el periódico La Tierra en 1930. Dos años antes se había instalado con su familia en Vigo, y desde allí hacía viajes esporádicos a Madrid, donde acudía por libre a las clases de la Facultad de Letras. En 1928, con diecisiete años, había escrito sus primeros artículos de prensa en Oviedo, en el periódico El Carbayón, dirigido entonces por su amigo Mariano Sánchez Roca. Fue éste quien le introdujo en la redacción de La Tierra, del que era subdirector.

La Tierra (16 de diciembre 1930/8 de junio 1935) era un periódico que se decía ideológicamente independiente. Estaba dirigido por el controvertido periodista y político Salvador Cánovas Cervantes. Contaba con el abogado Mariano Sánchez-Roca en la subdirección y con el conocido periodista Eduardo de Guzmán como redactor jefe. Este último era, junto con Cánovas, el alma del diario. Su tirada rondaba los 10.000 ejemplares y su difusión no se limitaba a Madrid y su provincia, sino que llegaba por unos u otros medios (distribución regular, intercambio de prensa obrera, etc.) a diversas regiones españolas y extranjeras. El periódico defendía una postura revolucionaria de extrema izquierda y filoanarquista. Estuvo marcado desde sus primeros pasos por la experiencia de Jaca y Cuatro Vientos y durante toda su trayectoria apoyó todos los movimientos insurreccionales contra la República. Defendió siempre un proyecto de República social que tendría su base en los hombres de la Confederación Nacional del Trabajo. Su relación con la CNT fue estrecha e intensa, hizo de portavoz de ésta en aquellos momentos en los que la censura impedía la actividad de la prensa orgánica. Sin embargo, el soporte ciego de La Tierra a las diversas candidaturas de extrema izquierda y su intento de movilizar electoralmente a las masas anarcosindicalistas, junto con el cambio en los puestos de coordinación y dirección en la Confederación, hizo que sus relaciones se enrarecieran considerablemente. Sobre el diario La Tierra, ver: FONTECHA, A.: «”La Tierra”, 1930-1935: Fuentes para el estudio de la cultura popular madrileña en los años treinta», en Prensa obrera en Madrid, Madrid, 1987. (María Losada Urigüen)

Salvador Cánovas Cervantes (primero sentado a la derecha de la fotografía), acompañado del subdirector del periódico Mariano Sánchez Roca (sentado a su lado). Detrás, de pie, Ezequiel Enderiz, redactor; Luis Rodríguez, administrador, y Eduardo Guzmán, redactor jefe del mismo diario, La tierra, en diciembre de 1930. (Fotografía obtenida del libro de Eduardo de Guzmán 1930: historia política de un año decisivo. Cortesía de Sexto Empírico.

La colaboración de Torrente en el periódico comenzó con la redacción de las notas de sucesos. Notas lacónicas relativas a robos y accidentes. Más adelante pasará a escribir crónicas y noticias sobre teatro y literatura, a veces firmadas con su nombre y otras sólo con las iniciales o con el seudónimo F. Freire de Cal. También tradujo dos cuentos muy breves de su amigo Rafael Dieste y un poema de Manuel Antonio. Escribió además un cuento propio, sin firma, titulado Cuento que no tiene título, que será el germen de una obra de teatro posterior, El pavoroso caso del señor Cualquiera, obra teatral de inspiración heideggeriana que editará en 1942 dentro del libro Siete ensayos y una farsa. En la introducción a éste hará mención a su origen: “fue publicada, sin mi nombre, en un diario madrileño que no quiero recordar ahora”.

Son tiempos de algaradas.

En 1929, Antonio Espina, colaborador de La Gaceta Literaria, publicó un artículo que me impresionó: “Cita del 3 y el 0” o sea 1930 como año en que “había ya que definirse”. La politización en la literatura comenzaba y el mismo Antonio Espina daría testimonio de ello cuando a primeros de ese año 1930, Ramón Gómez de la Serna me ofreció un banquete en «Pombo» con más de cien comensales y en el que a su final, mientras Rafael Alberti repartía un panfleto contra la Revista de Occidente en el que aparecía de «damo» Antonio Marichalar, acompañando siempre a las musas de Ortega, una Condesa y una Duquesa, el propio Espina se levantó para disentir de la presencia de un fascista como el comediógrafo Bragaglia entre los comensales, y atacar con ese motivo la Dictadura de Primo de Rivera auspiciando una España liberal y republicana. Frente a lo cual Ramiro Ledesma Ramos se alzó, no a defender a dictador alguno, sino a pedir un clima de heroísmo entre las juventudes. Y respondiendo a la pistolita simbólica, la de Larra, que sacara Antonio Espina, empuñó una de verdad. Con lo cual se armó un jaleo terrible en el viejo y plácido «Pombo», teniendo necesidad Ramón de utilizar su voz estentórea como un apagafuegos para dominar aquel choque. La guerra civil había comenzado en España. Y, una vez más, los poetas precedían a los políticos. Los poetas como nubes preñadas de tormenta.

Ernesto Giménez Caballero. Memorias de un dictador.

El joven Gonzalo se unirá a las manifestaciones juveniles antimonárquicas organizadas por un sujeto llamado Antonio María Sbert Massanet, fundador de la Federación Universitaria Escolar, una agrupación de asociaciones de estudiantes que había tenido éxito organizando una huelga en 1929. Sbert, según GTB, era “un mal tipo: alto, moreno, mostachudo, mal encarado, absolutamente tonto” y era quien daba las consignas e instigaba a las masas de jóvenes contra la policía. Sbert consiguió el escaño de diputado de Barcelona por ERC en las elecciones a las Cortes Constituyentes de 1931 y fue consejero de la Generalidad de Cataluña durante la guerra.

En el año 2007 La tierra seguía generando polémica. El diario El país publicó en febrero un artículo de Antonio Elorza titulado Guerra de palabras, que decía lo siguiente: “Otro tanto sucedía con el diario izquierdista La Tierra, en cuyas páginas colaboraban anarcosindicalistas y comunistas cargando un día tras otro contra el régimen, debidamente subvencionados por la derecha monárquica para tan santa labor”. Cuatro días después la viuda de Eduardo de Guzmán, Carmen Bueno, respondía con una carta al director:

Carmen Bueno Uribes. “Sobre el periódico republicano La Tierra” (El país, 25 de Febrero de 2007)

En el artículo “Guerra de palabras” firmado por Antonio Elorza, edición de su periódico del 21 de febrero, se afirma respecto al diario republicano La Tierra que los “anarcosindicalistas y comunistas” que colaboraban en él estaban “debidamente subvencionados por la derecha monárquica”.

Al respecto desearía aclarar:

1. En La Tierra trabajaban y colaboraban republicanos federales e intelectuales radicales como E. Barriobero, A. Samblancat, Mauro Bajatierra, Ricardo Baroja, Hildegart, Pi i Arsuaga, J.A. Balbotín hasta su alianza con el PCE, … así como dirigentes de CNT: Federica Montseny, Melchor Rodríguez, J. García Pradas… No colaboró ningún comunista.

2. La Tierra, con su director y propietario Santiago Canovas Cervantes, Sánchez Roca, subdirector y quien fuera mi marido, Eduardo de Guzmán, como redactor-jefe trabajaron por traer la II República y adoptaron una actitud crítica hacia sus primeros gobiernos, lo que les produjo no pocos problemas hasta que los radical-cedistas del derechista “bienio negro” cerraron el periódico a finales de 1935.

3. Las acusaciones contra La Tierra surgieron de manera particularmente calumniosa en 1937 y en el periódico Pravda, de Moscú, edición del 22 de marzo, con un ataque al órgano de la CNT catalana Solidaridad Obrera diciendo que “el verdadero redactor del periódico es Canovas Cervantes, ex-redactor del periódico fascista La Tierra”. La afirmación hacía daño a los oídos. La calumnia fue más o menos mantenida por el PCE-PSUC y los que siguieron o incluso siguen hoy, al parecer, su estela intelectual.

4. Los franquistas apreciaban La Tierra de muy diferente manera. El periodista franquista e historiador de la prensa, Pedro Gómez Aparicio en La Gaceta de la prensa del 15 de agosto de 1963 se refiere al periódico en cuestión así: “… La Tierra, propiedad ya en exclusiva de Cánovas Cervantes” fue “uno de los diarios más infames y que más contribuyeron al advenimiento de la II República”. No parece, pues, que sus colaboradores estuvieran pagados con el dinero monárquico.

5. Terminada la guerra, estos, “subvencionados por la derecha monárquica” acabaron así: Bajatierra, asesinado por las tropas franquistas a su entrada en Madrid; Barriobero, fusilado por los mismos a su entrada en Barcelona; mi marido Eduardo de Guzmán condenado a muerte; Canovas Cervantes exiliado en Venezuela donde murió en la más profunda pobreza; Melchor Rodríguez con muchos años de cárcel; y el resto en diversos paredones y exilios de todos conocidos. Además de Ángel de Guzmán hermano de Eduardo, prisionero del fascismo en el frente de Madrid y “desaparecido”.

6. Creo que la afirmación de A. Elorza, a quien no conozco, entra en el terreno de la calumnia contra los que como mi marido trabajaron en La Tierra y cuyos familiares sobreviven hoy.

La respuesta de Antonio Elorza fue contundente:

Antonio Elorza. “En torno a La Tierra” (El país, 27 de febrero de 2007)

En una carta firmada por la viuda de Eduardo de Guzmán, se me acusa de calumniar a quienes hicieron ese periódico. Por medio de Eduardo Haro llegué a conocer a Eduardo de Guzmán y a su compañera en su piso de Atocha, por los años 70. Era un hombre entrañable que nos dejó testimonios estremecedores sobre la represión en el fin de la guerra.

Pero 1933 no era 1939. Ser víctima de la represión de Franco en el 39 no implica haber sido antes republicano. El desprestigio del propietario de La Tierra, Cánovas Cervantes, periodista conservador pasado al anarquismo “racial”, era total entre quienes vivieron el período republicano. Le apodaron “Ni lo uno ni lo otro”. Ente otros testimonios orales que recibí al respecto está el del político derechista Pedro Sainz Rodríguez, quien me contó, en entrevista facilitada por la prof. López Kéller, que la derecha monárquica subvencionaba en un sentido y en otro, a José Antonio y a La Tierra“con tal de fastidiar a la República”. Lo precisa en su autobiografía Testimonio y recuerdos (Planeta, 1978, p.246), partiendo de la campaña sobre Casas Viejas: “Esta campaña -se sabe ahora porque yo creo conveniente revelarlo- fue impulsada por las derechas (…) El señor Cánovas Cervantes, director y propietario del periódico, se citaba conmigo precisamente en la rinconada que hace el callejón de Arenal ya mencionado, enfrente de la librería de los Bibliófilos (…). Allí recibía Cánovas Cervantes un sobre en el que iban las directrices de la campaña, textos redactados por nosotros y una muestra de nuestro agradecimiento por esta colaboración política”.

  1. Está interesante. En el texto final de Elorza, hay una errata, no sé si del mismo Elorza: relevarlo (por revelarlo).

  2. Sexto Empirico

    Cuanta razón tiene usted, Reinhard. La biografía de Elorza es cúmulo de despropósitos. Hubo una época en que rondaba a los viejos anarquistas, para poder sacarles algo de material para sus trabajos, hasta qeu se dieron cuenta de quien era y lo despacharon.

    Siguiendo con lo que sugiere en su replica a la compañera de Eduerado de Guzmán, que 1933 no era 1939, ¿adonde se podría llegar si se tiene en cuenta que Elorza publicaba sus artículos en la Revista de Trabajo, del correspondiente Ministerio franquista?

    Por otra parte, no aclara ni demuestra que los anarquistas y comunistas eran “debidamente subvencionados por la derecha monárquica.” Respecto a Pedro Rodriguez, queda bien retrado en la obra de Ansón, “Don Juan” y no es precisamente un modelo de sinceridad. Sus “memorias” estaban más motivadas por el dinero que por un afán aclaratorio. La cita de Elorza se debe poner en cuatela.

  3. La errata no es de Elorza, Al. Lo cambio ahora. Muchas gracias.

    Efectivamente, este tipo de declaraciones hay que ponerlas en cuarentena, como ya hemos hecho aquí con otras (las de la Causa General, por ejemplo). El personaje de Pedro Sainz me había pasado desapercibido, y es todo un “homenot”. Dicen que acudía a las sesiones del Parlamento pistola al cinto y que Franco lo echó por putero cuando era ministro de Educación. Si se amasa todo con su pasión por el misticismo, tenemos a alguien cuanto menos peculiar. Sea como fuere, lo cierto es que Elorza no demuestra nada.

    Veo en una librería de viejo una fotografía suya dedicada, cuando estaba en Burgos durante la guerra civil. Por entonces andaba con Mola y Goicoechea, cuando éste se comunicaba con Mussolini. Menuda pieza.

  4. Sexto Empirico

    A propósito de los crímenes de Casas Viejas, quizás el libro más adecuado sea el de Ramón J. Sénder, “Casas Viejas. Viaje a la aldea del crímen”, maravillosamente reeditado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, en la colección Clásicos Larrumbe. Sender no escribía para La Tierra y junto con Eduardo de Guzman fue el primero en entrar en el pueblo desolado. En el Parlamento, Eduardo Ortega y Gasset y Eduardo Barriobero, junto con algunos lerrouxistas, plantearon la cuestión, pero ninguno de los amigos de Saínz Rodriguez. Todos los mencionados -menos Sáinz, claro está- tenían una probada militancia republicana e izquierdista (probablemente no en el sentido actual, donde parece que sólo hay un modo de ser de izquierdas), habían pasado muchas veces y mucho tiempo por las cárceles monárquicas y no necesitaban dinero o influencias para publicar o denunciar crímenes.

    Que Saínz era un putero lo atestigua también Anson, quien cuenta sus “aventuras” en Lisboa.

  5. Sender escribió las crónicas de Casas Viejas en La Libertad, y entró en el pueblo a los tres días de la masacre junto a Eduardo de Guzmán, aunque no sé si antes habían estado los reporteros de Crónica.

    Torrente conoció a Sender en un café, en la época de La tierra. Se lo cuenta en una carta fechada en 1960. Una carta muy emotiva, en la que habla del “punto de coincidencia a que hemos llegado, veinte años después, muchos de ustedes y muchos de nosotros. Por lo menos, aquellos de ustedes y aquellos de nosotros verdaderamente honrados y verdaderamente apasionados de este puñetero país, de esta hermosa, humana, inaguantable e insustituible España […]”

  6. Curioso personaje, Sainz Rodríguez. Filólogo especializado en la literatura mística española, diputado monárquico, editor, conspirador contra el gobierno de la República, ministro de Instrucción Pública en el primer gobierno de Franco, y, en tanto que juanista, uno de los primeros e ilustres exiliados lisboetas de la dictadura franquista. Pero, por encima de todo, amigo de sus amigos. En su faceta de editor, publicó, entre otras muchas obras de interés, la Vida de Manolo contada por él mismo, de Josep Pla, con traducción de Juan Chabás y prólogo de Carles Riba. Y en su faceta de amigo, sus buenas relaciones con César Cort —un empresario valenciano afincado en Madrid que había sido concejal por el Partido Radical en el Ayuntamiento de la capital durante la Segunda República, que poseía propiedades en Lisboa, que había fundado en 1943 la Editorial Plus Ultra, y que era, a su vez, un ferviente admirador de Julio Camba- facilitaron la aparición en 1948 de las Obras completas del escritor gallego en dicha casa editorial. Las obras, en realidad, no eran completas, pues sólo recogían los artículos que ya habían sido publicados en volumen, con el añadido de La casa de Lúculo. Pero cumplían con un doble propósito: dar a conocer el continuum de la producción de su autor en un momento en que muchos de sus libros resultaban inencontrables y, sobre todo, procurarle a este unos ingresos adicionales que le iban a permitir abandonar Lisboa, volver a Madrid, y encerrarse, hasta el fin de sus días, en su modesta garita del Palace Hotel.

    Xavier Pericay, de su introducción a Cuatro historias de la República.

  7. Sexto Empírico

    A propósito del nacimiento de La Tierra y como aclaración a la acusación de Elorza, son muy interesantes unas páginas de Eduardo de Guzmán, incluidas en el libro de Ramiro Gómez Fernández, titulado “137 Anécdotas políticas y de la Revolución (representativas de los hombres de la República)”. Madrid, Imprenta Hijos de Vinuesa, 1932. En esta obra colaboraron muchos hombres representativos de la República como José Giral, Jiménez de Asúa, Luís Companys, Gregorio Marañón, Alvarez del Vayo, Miguel de Unamuno, Capitan Sediles, Eduardo Ortega y Gasset, Guerra del Río y Lerroux, entre otros. El prólogo es de Mariano Sánchez Roca y la dedicatoria del autor dice así: “Modesto es este libro, pero grande mi amor al dedicarlo a la redacción de La Tierra, diario vibrante, donde la justicia es el lema de sus columnas, y donde me cabe poner mi grano de arena, al lado de verdaderos maestos del periodismo como Cánovas Cervantes, Sánchez-Roca, Eduardo de Guzmán, Endériz, Cruzado, Paredes, Pérez Mateos, Mariano de Guzmán, Luis Rodriguez, Zubillaga, Ángel de Guzmán, Sánchez Silva y Julio Noguera.”

    El inicio de la contribución de Eduardo de Guzmán dice lo siguiente:

    EL DOLOR POR LA MUERTE DE LOS CAPITANES DE HUESCA

    14 de diciembre de 1930.- Corrían por España vientos revolucionarios. En Madrid se presentía lo que al día siguiente había de ocurrir. Era el momento triste en que caían fusilados en Huesca Galán y García Hernández. Y en aquel preciso instante se reunía por primera vez la Redacción de La Tierra.
    Faltaban varios de los nombrados redactores. De alguno se sabía que había luchado en Jaca, y se temía que las huestes monárquicas le hubieran aplicado la “ley de fugas”; de otros no se sabía nada.
    Fue una reunión breve, triste casi. Algunos al salir de ella, iban a recibir instrucciones para actuar al día siguiente; pero en la mente de todos estaba el dolor por la muerte cierta de los capitanes de Huesca y la inquietud por la suerte de alguno que había de ser compañero.

    LA CAJA DEL PERIODICO VACÍA

    Para solemnizar aquella primera reunión, quisimos merendar juntos. Y en la misma Redacción, cordial y sencillamente merendamos.
    Tras el ágape, marchó la mayoría. Marchaba satisfecha porque veía la proximidad de un periódico netamente revolucionario, que quizá surgiera cuando estuviera ya proclamada la República en España.
    Pero lo que entonces no se supo, lo que no conocimos hasta pasados muchos días, fue que en la Caja del periódico que iba a nacer no había para pagar aquel gasto modesto.
    Y con tales elementos económicos, un puñado de hombres de buena voluntad emprendimos la empresa de hacer un periódico revolucionario.
    Y, sin embargo…, ¡el periódico se hizo!

  8. Torrente decía que en ese periódico trabajaba sin cobrar. También recuerda que estaba junto a su amigo Eduardo de Guzmán el día que Ramón Franco sobrevoló Madrid.

  9. Sexto, se nos había olvidado que Sánchez Roca había sido subsecretario de García Oliver durante la guerra. Transcribo algunos fragmentos:

    Horacio, después de cambiar impresiones con Amil, también del Comité nacional, me dijo:
    —Puedes nombrar al abogado Sánchez Roca, republicano federal: capaz e inteligente y que es simpatizante nuestro. Esta tarde te lo enviamos. ¿A quién de vosotros me dirijo para cualquier cosa de emergencia?

    El secretario se acercó para decirme que acababa de llegar un abogado llamado Mariano Sánchez Roca, colaborador del periódico La Tierra de Madrid, quien decía venir enviado por el Comité nacional. Apareció Sánchez Roca, alto, de aspecto distinguido y cara inteligente.

    Hasta las nueve de la noche esperé por si llamaban del Comité nacional o lo hacía el colega Juan López. El no hacerlo, como habíamos quedado antes de separarnos los ministros cenetistas, se debería a que ya hubieran emprendido el viaje al decidir Horacio que no hubiese reunión. Era lo sensato: de tener que hablar sobre algo importante, mejor sería hacerlo en la relativa tranquilidad de Valencia.
    Partimos, no sé por dónde. Sánchez Roca, su secretario particular y su chófer no conocían la ruta muy bien. Camino adelante, parece ser que se desviaron, errando la dirección, y nos adentramos en la provincia de Guadalajara, metiéndonos en tierra del enemigo, de donde salimos virando a la derecha por
    consejo de alguien, pastor o campesino, con quien dimos. Amaneciendo, llegamos a Valencia, sin más contratiempos que las explicaciones que había que dar en los controles de carretera, en los pueblos o en las ciudades. Apenas si me di cuenta de nada; desde que empezó la guerra aprovechaba los viajes por carretera para dormir, cosa que normalmente lograba con facilidad. De momento, fuimos al Hotel Inglés. Conseguimos habitaciones para mí y para Sánchez Roca. En el restaurante del hotel tomamos el desayuno. Cuando entramos, ya estaban sentados a una mesa Indalecio Prieto y su hija.
    —¡Hola! —me saludó Prieto—. ¿Tuvieron contratiempos en Tarancón conlos milicianos que no querían dejar pasar a los ministros?
    —Ignoro si pasamos por Tarancón, porque no conozco aquello. Además, era de noche. Pero no tuvimos contratiempo. Por cierto, que casi caemos en las trincheras del enemigo, por la provincia de Guadalajara. ¡Menos mal que alguien nos gritó, señalándonos la ruta correcta! ¿Tuvisteis contratiempos?
    —Sí, casi todos los ministros, empezando por Federica Montseny. A Rico, alcalde de Madrid, le hicieron regresar.

    Conciliábulo en mi habitación después del desayuno. Encargar a Sánchez Roca la busca de un edificio donde instalar el Ministerio en aquella nueva capital de España.

    Cuando regresé a Valencia, me encontré con que ya teníamos edificio para la instalación del Ministerio. Se trataba del palacio de un marqués, edificio de muy buen aspecto, con enormes vigas de madera sosteniendo los techos. Entrada amplía, con un pequeño patio en el centro y dependencias vacías en toda la planta baja. En el primer piso, una sala de recibir, un gran salón y una salita contigua. En las paredes de todas las habitaciones del primer piso había cuadros antiguos, la mayor parte de motivos religiosos y algunos paisajes. Encargué a Sánchez Roca que no permitiese que nadie quitara los cuadros de las paredes.
    —¿Tampoco los religiosos? —preguntó el secretario.
    —Tampoco los religiosos. El ministro de Justicia lo es también de Cultos. Si viniese de visita algún sacerdote o religioso, hay que darles la sensación de que se encuentran en su casa.

    Dos días después, con el subsecretario aprobé la composición de la Comisión asesora jurídica: un republicano, magistrado del Tribunal Supremo, López de Goicoechea; un federal, presidente de Audiencia, Abel Velilla; un sindicalista, abogado y diputado, Benito Pavón; y un abogado comunista, Bolívar, bajo la presidencia del subsecretario Mariano Sánchez Roca. Asuntos iniciales para estudio, consejo y propuesta de decreto: Primero. Cancelación de todos los antecedentes penales al día de la fecha. Segundo. Amnistía total para todos los detenidos políticos a la fecha del 18 de julio de 1936. Tercero. Acortamiento de todos los plazos y trámites judiciales, principalmente en lo referente al Derecho civil, como divorcios y adopciones de menores. Cuarto. Autorización a todos los comparecientes ante los tribunales para ejercer su propia defensa o utilizar los servicios de un «hombre bueno». Quinto. Imposición de fuertes penas de prisión a especuladores, agiotistas, traficantes, comerciantes deshonestos y aprovechadores de la situación de guerra.

    Gran parte de los éxitos logrados por mí los debía a los colaboradores de que me había rodeado. Buenos, y hasta aquel momento, leales. Tanto en Barcelona en el Comité de Milicias como en el gobierno republicano, procuré tener siempre una especie de Estado Mayor de compañeros y amigos inteligentes y capaces. Vigilantes honrados que con sus ojos y oídos llegaban donde yo no alcanzaba. Sánchez Roca, mi subsecretario, era clara muestra de la importancia de tener gente capaz en los lugares de confianza.

  10. Sexto Empírico

    Querido Bremaneur:

    No se me había olvidado que Sánchez-Roca fue Subsecretario de Justicia con García Oliver. Pensé que era menos relevante ese dato en esta sección. Pero para completar la figura, tal vez sea conveniente señalar que fue propuesto a la CNT por el Comité Revolucionario del Colegio de Abogados de Madrid, comité del que formaba parte con otros ilustres abogados como Luís Zubillaga o López Goicoechea, quien más tarde fue miembro del Tribunal Supremo de la República. Al cesar en el cargo, como consecuencia del nombramiento de un nuevo gobierno presidido por Negrín y en el que no estaba la CNT, Sánchez Roca se dedicó a la abogacía en Barcelona y entró a formar parte del equipo de abogados de la asesoría jurídica del Comité Regional de Cataluña de la CNT. Y, si mi información es correcta, al acabar la guerra se exilió en Cuba, donde continuó su trabajo de abogado y donde publicó varios libros sobre materias jurídicas.
    En el periodo final de su mandato como Subsecretario de Justicia se produjo en Madrid la denuncia contra José Cazorla, delegado de Orden Público de la Junta Delegada de Defensa de Madrid, por la existencia de prisiones clandestinas y presos gubernativos que no habían sido comunicados al juez. La denuncia la hizo Melchor Rodríguez en los diarios CNT y Castilla Libre y en ella mencionaba que uno de los detenidos era Ricardo Pintado Fe, sobrino de Mariano Sánchez-Roca, que llevaba sesenta y ochos días detenido y al que ya daban por muerto.

  11. antonio

    Salvador Canovas Cervantes , fue mi tio abuelo, un detalle que se o,ote es que el se licencio en derecho por al La Laguna. Rindo homenaje desde aqui a su valentia decision y claro compromiso en un tiempos, los de hoy donde lo que circula al uso es todo lo contrario.

  12. José Luis Lastra López de Goicoechea

    Mariano Sánchez Roca, al llegar a Cuba hacia 1.940, puso en funcionamiento la Editorial Lex de la que era propietario. No se sabe a ciencia cierta de dónde pudo obtener Don Mariano semejante capital para fundar la editorial (aunque existen varias versiones al respecto), pero lo que sí sé es que el exilio para este señor no significó sacrificio alguno, pues lo vivió como un Rey. Al llegar el Comunismo a Cuba, huyó a Venezuela en 1.960, de ahí a Francia (San Juan de Luz), regresando a España hacia el año 1.962. Aquí siguió viviendo a todo tren y falleció en Villa Chita, su finca de Cercedilla (Madrid), en 1.967.

  13. María Losada

    Lo de Sáinz Rodríguez ciertamente tiene poca credibilidad (¿él mismo escribió artículos en La Tierra sobre Casas Viejas? Pues qué arte para imitar la pluma de Eduardo de Guzmán).

    Una puntualización: el primero en destapar el tema de Casas Viejas -aunque los difusores en Madrid fueran Sender y Guzmán- fue Miguel Pérez Cordón, lo más probable es que él mismo fuera una de las vías por las que llegó noticia del suceso a Sender y Guzmán (Guzmán viene a decirlo sin dar el nombre). Gutiérrez Molina tiene un libro muy interesante sobre él. Y sí, Julio Romano fue como corresponsal de Crónica a Casas Viejas. De hecho, sus reportajes se publicaron en un libro con varias fotografías. Desde luego, estaba escrito en una línea muy distinta a la de La Libertad y La Tierra.

    ¿Qué versiones tienes sobre lo de Sánchez-Roca, José Luis? Curioso ver cómo acabó cada uno después de la guerra. Antonio, estaría bien que contaras algo más sobre Salvador, que tuvo una vida de lo más interesante.

    Enhorabuena por el blog, da gusto poder leer a otras personas hablar sobre La Tierra.

  14. Rosa Sala Rose

    Encuentro en las memorias de César González Ruano (“Mi medio siglo se confiesa a medias”) la sorprendente noticia de que al estallar la Guerra Civil los dirigentes de La Tierra querían matarlo. ¿Alguno de vosotros sabe algo o podéis ponerme en contacto con alguien que pudiera conocer más detalles? Reproduzco a continuación el párrafo entero (pág. 259 de la edición de 2004):
    “Este viaje [a Roma] dio lugar a confusión cuando estalló la Guerra Civil en España al mes siguiente, y por eso me buscaron en Madrid con la poco elegante idea de quitarme de en medio, idea a la que contribuyó con entusiasmo el diario La Tierra, a cuyo director [= Salvador Cánovas Cervantes] y a cuyo redactor-jefe [= Eduardo de Guzmán] traté años después en París como su nada de esto hubiera existido. Era uno tan ingenuo que no se explicaba estos odios entre profesionales. Después, por comodidad interior, he procurado seguir sin explicármelo. Que el populacho desbordado pueda hacer barbaridades, horroriza, pero se comprende. Que má so menos un compañero y una persona de cierta similitud de simpatías y diferencias con uno, denuncie y procure nuestro asesinato, le llena a uno no de ira, sino de profunda estupefacción y tristeza”.
    ¡Gracias!

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