La biblioteca fantasma

Razón y ser de la dramática futura

razonyser

Éste es uno de los ejemplares más raros que posee la Biblioteca Fantasma. No es el de más valor, pero sí uno de los más difíciles de localizar. Por lo pronto, no lo he encontrado en ninguna biblioteca española, y en todo el mundo sólo lo he podido ver en la red de bibliotecas de la Universidad de Toronto. Conseguirlo tampoco ha sido fácil. Ni para mi bolsillo, ni para mí. Encargué un ejemplar que no llegó nunca, debido a la funesta manía de algunos libreros españoles de no enviar los paquetes certificados. Correos nos ha vuelto a robar. Casualmente, la librería disponía de otro ejemplar que me ha hecho llegar sin cargo adicional alguno. Después de varias semanas de espera y de enviar correos una y otra vez para que me hicieran caso, lo tengo ya en mis manos. Una cuidada separata de apenas unas veinte páginas, delgada y esbelta. ¡Cuántos quebraderos de cabeza me ha procurado!

Razón y ser de la dramática futura. Impetuoso título, acorde con el tiempo y el lugar donde fue concebido: Pamplona, 1937; la España de la guerra civil. Se publicó en el segundo número de Jerarquía, la revista negra de Falange, y trata de las condiciones -“la razón y el ser”- del teatro que habría de imponerse una vez Franco lograra la victoria. Un teatro convertido en la liturgia del imperio, ni más ni menos. Tales ideas, no obstante, irán unidas a la derrota de su decepción. Cinco años después cambiará su pensamiento e instaurará ideas nuevas sobre la dramática española que plasmará en un nuevo artículo, recogido junto a éste, en un libro titulado “Siete ensayos y una farsa”. En su prólogo dará cuenta de su decepción y su fracaso.

La esperanza de crear un mundo mejor, que es la de todo revolucionario, le duró muy poco. La sustentó en la ficción, en el mundo de lo simbólico y las alegorías, que contrastaba con la lucha de palabrotas que era el santo y seña de la hombría falangista. O el ánfora, o el botijo. Jerarquía fue un intento de aunar ambas piezas. En un libro de reciente aparición, Ana María Gómez-Elegido Centeno hace un resumen del artículo de Torrente -uno más a añadir a su nutrida bibliografía- y recoge las palabras de José Carlos Mainer sobre la revista:

Los azares de los primeros meses de la guerra hicieron que muchos de ellos coincidieran en Pamplona, la ciudad donde se había sublevado Emilio Mola, el “director” de la conspiración: allí estaban el granadino Luis Rosales, el turolense Pedro Laín Entralgo, el soriano Dionisio Ridruejo y el gallego Gonzalo Torrente Ballester que, con el navarro Ángel María Pascual, compusieron la llamada “escuadra de Jerarquía”, que fue, a su vez, el título de una revista cuya dirección llevó un canónigo de Pamplona, Fermín Izurdiaga Lorca, lector de Revista de Occidente y Cruz y Raya. El mundo de Jerarquía significó la unión de la retórica falangista (embebida de orteguismo, con algún deje vanguardista), el voluntarismo impetuoso del personalismo católico (traído de Cruz y Raya pero también de la ascética convencional) y las piruetas filosófico-políticas, todavía impregnadas de arbitrariedad, de un Eugenio d’Ors…

Torrente se unió a un grupo de jóvenes también esperanzados, y todos creyeron que les darían el mando de la nueva cultura española. Foxá, más resabiado, más zorro y perro viejo, les reprochó su ingenuidad un día, en Burgos, cuando alrededor de una radio escuchaban a Franco declarar muerto el espíritu joseantoniano. Lo que vino después no fue sino un trayecto lento y difícil hacia una disidencia discreta no le serviría para defenderse de los críticos retroactivistas, esa especie de inquisidores de la democracia cuyo pábulo es la sangre coagulada de unos muertos a quienes se desprecia convirtiéndolos en símbolo. No son más demócratas de lo que fue Torrente Ballester.

  1. marquesdecubaslibres

    ÁNFORA O BOTIJO, por fin he encontrado el ansiado título para mi autobiografía non nata.

  2. Gatopardo

    Excelente. Parece endémica la tragedia de que los padres sobrevivan a la esperanza que engendraron. O quizá sea una maldición más universal. Lucidez.

  3. “esa especie de inquisidores de la democracia cuyo pábulo es la sangre coagulada de unos muertos a quienes se desprecia convirtiéndolos en símbolo. No son más demócratas de lo que fue Torrente Ballester.”
    ——————–
    Ahí la ha clavado usted, y poco más cabe añadir.

Los comentarios están cerrados.