La biblioteca fantasma

Schumann


por Reinhard

Un salto, o un saltito casi inocente, un gesto que parece la travesura de un crío, o quizá fue así, ya que Hans Conrad Schumann solamente tenía diecinueve años cuando le encargaron la vigilancia de lo que acabaría siendo el Muro de la Vergüenza. Un salto enorme en plena Guerra Fría, con el corazón caliente, una burla a los acuerdos de Yalta y Potsdam, logrados cuando ya todo el pescado estaba vendido y que anticiparon y propiciaron la división de un país, de todo un continente. Un salto, una gesta, la primera y airosa; no tuvieron otros la misma suerte y de ellos queda el recuerdo, quizá una lápida en la Bernauer Str. 9 de Noviembre, veinte años del final de la infamia y la ignominia, de la liquidación por quiebra de todo un sistema.