La biblioteca fantasma

Persecución y caza de libros viejos: Théophile en prisión y otros libertinajes poéticos

THÉOPHILE EN PRISONpor Marina Pino

Lo propio de libertinos es andar perdiendo la libertad. Y unas veces la recuperan, para volver a perderla en seguida, y otras no la recuperan nunca, y muchos libertinos se han hecho famosos fugándose de la mazmorra y contándolo en las tertulias. El caso paradójico es que el libertino se lleva mal con la libertad, puede decirse que son dos cosas antitéticas. Los galones los gana el libertino en sus prisiones, igual que los generales de verdad los ganan en la batalla. Tiene también el libertino el rasgo característico de ser francés. ¿Quién fue el primer ateo europeo reconocido? Un cura francés. ¿Quiénes los primeros poetas a los que cupo la honra de llamarse “poetas libertinos”? Los franceses Théophile de Viau y sus amigos Jacques Vallée y Cyrano de Bergerac y unos cuantos más. Y también franceses fueron sus acérrimos enemigos los inefables jesuitas de la Sorbona.

En el año 1967 Jean-Jacques Pauvert publicó un tomito en su colección Libertés dirigida por Jean-François Revel, muy en la estética sesentera, recogiendo el caso de Théophile de Viau en varios panfletos de la época, enriquecido con una introducción y unas notas que, como suele ocurrir, son de lo mejor de dicho tomito.

El tanteo en internet, después de descartar sucesivamente un ejemplar subrayado (¿a lápiz, a bolígrafo, tal vez a rotulador indeleble?), otro a peso de oro (¿llevaba más información quizá?), otro al que le faltaba “alguna página” (¿una, tres, veinte?), dio como resultado un ejemplar perfecto (bueno, bonito y barato) de Théophile en prison.

Así, sin apellido, pues en Francia el poeta no lo necesita: es como decir Federico en España. Me encanta el tomito. Mide 9 cms por 18, o sea que es la mitad de ancho que de alto, y la caja, por fuerza aún más longuilínea, mide 6,5 cms por 13,5, lo que da una proporción no sé si de pequeño codicilo o de libro de horas o de bolsillo de casaca barroca. Porque del Barroco hablamos.

Reinando el rey Luis XIII, el padre Garasse –de la infame raza de los jesuitas- desencadenó una caza al poeta por un quítame allá esos versos libertinos publicados con el título de Parnaso satírico, que acabó con el encarcelamiento de su autor. El proceso sobre si “pimiento rojo” quiere decir otra cosa, y si “ostra deliciosa” significa lo que ya sabemos, duró dos años. Como Théophile era célebre, cada vez que entraba o salía para algún careo, la multitud de curiosos, fueran fans o detractores, se apiñaba en torno a él hasta poner en peligro su integridad. Es posible que todos fueran analfabetos, pero sabían memorizar poemas, mezclar autorías, alterar vocablos, hallar ocultos significados y hasta inventar nuevas rimas de Théophile. Si el verso era oscuro, Théophile aclaraba su significado a los inquisidores, y si era francamente comprometedor, como los del Parnaso satírico, negaba su autoría: ya se sabía que los editores eran unos pícaros redomados que utilizaban su nombre para cualquier desaguisado poético. Los derechos de autor estaban verdes, el código de barras lo escribía el Diablo. Al padre Garasse se añadieron el padre Voisin, más un cierto protegido suyo y hasta un tal Balzac que no era Honoré, sino un homónimo que, según Théophile, “robaba a otros particulares lo que daba al público, y sólo escribía aquello que había leído”. Una tropilla infame, como se ve.

¿Por qué tanto ruido por un poemario de “tetas y culos”, escrito con tanta gracia y buena métrica? El libertinaje es el nombre general que tomaba la incredulidad en la primera mitad de siglo XVII, pero pese al fondo común de ideas que unía a los libertinos, no formaron un grupo homogéneo, pues los había ateos, deístas, “escandalosos” o eruditos, aunque nada enfrentados al poder y temerosos de la hoguera y el suplicio que habían sufrido antes algunos de sus compañeros. Liberales, cultivaron el disimulo y el libertinaje prudente, las maneras exquisitas y la amistad entre hombres, que los incansables jesuitas traducían por pederastia, el pecado nefando castigado con la muerte, el mismo del que acusaban los poetas a los jesuitas.

El panfleto del padre Garasse contra Viau, Doctrina curiosa, como respuesta acusatoria al Parnaso tuvo sus efectos y de nada sirvió que Théophile exigiera su secuestro, mientras veía como su atribuido Parnaso era secuestrado a su vez.

Entre secuestros de libros y escándalo público, el caso es que el 11 de julio de 1623 Théophile es encarcelado y describe así a Luis XIII su prisión para obtener su favor:

“En cuanto me cogieron, me dieron por condenado. Mi detención fue un suplicio y los prebostes, sus ejecutores. Me cogían tres por cada brazo, y a mi alrededor había otros tantos como cabían en el lugar por donde yo debía pasar. Me llevan en volandas a la cámara del señor de Mévilier a declarar, que sólo fue un inventario de mis ropas y mi dinero, que me quitaron. Después del interrogatorio, que no contenía ninguna acusación, el señor de Caumartin, intendente de justicia, me aseguró que podía darme por muerto. Le respondí que el rey era justo y yo, inocente. A continuación ordenó que me llevaran a Saint Quentin[…] Me ataron con toda clase de cuerdas a un caballo débil y cojo que me hizo correr más riesgos que todos los testigos de los interrogatorios. Ninguna ejecución del más celebre criminal atrajo nunca a una multitud semejante a la que acudió a mi encarcelamiento. En cuanto entré en prisión me bajaron a una mazmorra situada toda ella bajo tierra. Me acosté vestido y cargado de cadenas tan ásperas y pesadas que aún conservo las marcas y el dolor en las piernas. Los muros sudaban de humedad, y yo de miedo. Os confieso, Señor, que no me consideraba ni tan brutal ni lo bastante filósofo como para adaptarme a situación tan ultrajante. Sentí un gran desorden en toda el alma; mi único recurso en aquella soledad tan profunda y oscura fue la ardiente plegaria que le dirigí al Hijo de Dios vivo, y los votos que le hice también a su Madre. “En mi tribulación, he dirigido mi grito a Dios y él me ha perdonado” (Salmo 119).

“Pasé mis primeros día de cautiverio en medio de las más rigurosas incomodidades y lleno de aprensiones acerca de mi proceso, que me ha infundido siempre más temor por el poder de mis enemigos que por mis crímenes.”

“La compañía del teniente de lo criminal en París me condujo a la Conciergerie du Palais. […] Estaba dispuesto a rendir cuentas de mi vida ante personas a las que sabía capaces de juzgarla, pero la rudeza de los que me condujeron me hacía perder bastante la esperanza y me hacía temer de la pasión de las personas que podían haber recomendado semejante severidad. Mis acusadores poseen en todas partes instrumentos de todas clases y naturaleza. Salí peor parado que de la orden de traslado del señor de Caumartin, pues hice todo el viaje encadenado, sin poder dormir ni comer con libertad, y sin que me quitaran las cadenas ni de día ni de noche. Como cuando llegué a la Conciergerie la multitud me impedía entrar, me condujeron a la torre grande y acto seguido me llevaron a la misma celda que había ocupado el mayor parricida de que se tenga memoria, Ravaillac.” “No me atrevo a describir la suciedad y el horror del lugar y de las personas que me vigilaban. Sólo a las horas de la comida disponía de la luz de una pobre vela. Entraba tan poca claridad del día que era imposible distinguir el techo del suelo, ni la ventana de la puerta. Nunca he podido tener fuego porque los vapores y el humo del carbón, al no tener salida, me habrían intoxicado. Mi cama era tal que la humedad del banco y la podredumbre de la paja criaban gusanos que debía aplastar a todas horas. Me alimentaban con la pensión que me ha otorgado Su Majestad, pero mi comida era tal que parecía que el dinero que recibían, más que para que viviera, lo empleaban en matarme.”

En febrero de 1624, Théophile se declara en huelga de hambre, lo que inquieta a bastantes personajes que le eran favorables, incluido el rey.

Finalmente el poeta declara que le presentaron “un libro titulado El Parnaso de versos satíricos, cuyas rapsodias se me acusa de haber compilado y haberlas puesto a la venta. Dejaré a mis enemigos sin respuesta y no intentaré, por venganza, ni excitar su malhumor ni el placer que sienten calumniándome. ¡Si han escrito malos libros, que los destruyan quienes los hayan hecho! Sus locuras me enseñan a ser sabio.

El muy humilde, muy obediente y fiel súbdito y servidor, Théophile”.

Tras dos años de proceso, en que se demostró la falsedad de los jesuitas y sus testigos, el poeta fue liberado. Como para darle la razón, el 15 de septiembre de 1626 la Sorbona condenó la disparatada Suma Teológica del padre Garasse.

Diez días después, el 25 de septiembre, Théophile moría en brazos de su íntimo amigo Jacques Vallée des Barreaux, también poeta, a causa de los malos tratos recibidos en prisión, tan bien descritos por él, a los treinta y seis años.

Las olas que le hacen el amor
se rizan sobre sus hombros
y hacen danzar todo en derredor
la sombra de los rosales y los sauces.

Así perdiera ambos ojos,
teniendo una verga para verte.

Cuando me ves besar tus brazos,
que posas desnudos sobre las sábanas,
más blancos que tus ropas;
cuando sientes mi ardiente mano
pasearse sobre tu seno,
sientes entonces, Cloris, que te amo.

  1. Gatopardo

    Nunca es tarde para hacer justicia si es de esta magnífica manera.

    Y hoy un abrazo de pésame, tenemos el pin a media tetilla.

  2. marquesdecubaslibres

    Señorita Pino, ¿no estaría usted interesada en un galán maduro? Mis propósitos son serios y aunque soy hombre de pocas lecturas tengo interesante conversación en temas generales.

  3. Voltaire

    Me temo, marqués, que ya nos conocemos, de modo que me permito darle un consejo. Siga la serie de Libertinos de la señorita Pino hasta el final antes de comprometerse. Ella es monja, libertina pero monja. Y sé por experiencia que sólo recibe reja por medio. Pero siempre agradece un buen vino-pero bueno de verdad- y una buena conversación general.

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