La biblioteca fantasma

El orden

La novela roja fue una de las colecciones de quiosco que siguieron el rastro de El cuento semanal, serie creada en 1907 por Eduardo Zamacois. De especie revolucionaria, La novela roja la comienza a editar Fernando Pintado en 1922.

El País Vasco, n. 8, 17 de abril de 1923

El catálogo reúne a varios escritores, muchos de ellos afines al anarquismo. Alguno ha asomado por entre los plúteos de esta biblioteca, como Valentín de Pedro. La nómina completa la ofrece Gonzalo Santonja en su estudio Novelas rojas.

Tras la dictadura de Primo de Rivera, que golpeó con fuerza estos intentos de ofrecer al pueblo literatura levantisca y libertadora, quien se ocupa de reflotar La novela roja es Ceferino Rodríguez Avecilla. La aventura se inicia en 1931 e incluye títulos de Ricardo Baroja, Victorio Macho o –me ha sorprendido- Adelardo Fernández Arias.

El quinto número de esta segunda serie de La novela roja lo escribió Margarita Nelken. Dedicado a su hijo Santiago, está ilustrado por un tal Cheché, de quien no he podido encontrar referencias, y se titula El orden. Al contrario que el resto de fascículos, no se trata de una historia de ficción, sino de la crónica de un viaje que Margarita Nelken hizo por Asturias para impartir conferencias durante la dictadora de Primo de Rivera. Sus problemas con el “orden” establecido por los lustrosos y mórbidos caciques gubernamentales darán lugar a varias escenas narradas con algo de humor y mucha mala hostia, si se me permite la expresión. La crónica tiene un interés indudable. Es el primer contacto de Margarita con los mineros asturianos. En 1934 será una de las cabecillas antirrepublicanas de la Revolución de Asturias.


Dibujo de Cheché

El inicio de la novela, del que se ofrecerán más párrafos en Camarada Amor (Colección A penique, número 2):

En los primeros años de la dictadura. Precisemos: de la de Primo de Rivera.
Tournée de conferencias por Asturias.

En Oviedo, coincidencia, en el
hotel, con el Excelentísimo Señor Gobernador: un pollo bien, que responde,
hidráulica y pintorescamente, al nombre de Fontana Pilón.
Un pollo bien. Si
no se ha educado con “los Padres”, lo parece. Si no es Luis, merece serlo. (Hoy
le suponemos afiliado –entusiásticamente- a la Derecha Republicana. Si no lo
está, merece estarlo).

Desde luego, muy marchosillo él, muy seguro de sí
mismo, muy echao palante, que diría cualquier pollo menos bien que él. Él es muy
hombrecito, y demostrado lo tiene: cuando se le ofreció el gobierno de una
provincia, él fue quien pidió la más difícil. ¡Nada de sinecuras! “A mí, los
mineros: y ¡ya verán quién soy yo!”

Lo están viendo.

Nelken, Margarita. El orden. Dibujos de Cheché. Madrid: La novela roja, semanario de literatura revolucionaria, 8 de julio de 1931.

  1. Reinhard

    Su hijo Santiago murió en 1.944 con el ejército soviético, aunque desconozco en qué frente. Supongo que la madre daría por bueno ese sacrificio.

  2. Bremaneur

    Pues no. Si no recuerdo mal, una de las causas que la llevaron a romper con el partido comunista tuvo que ver con la muerte de su hijo.

  3. Reinhard

    Vamos, que cuando la Nelken vio que la muerte- esa por la que tanto había trabajado- la tocaba de cerca, se riló. Stalin dejó morir a su hijo Yákov por no negociar con los alemanes, y no se dio de baja de la cosa.

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