La biblioteca fantasma

Milena

Por Reinhard

Hablar de Margarete Buber-Neumann es narrar la historia del KPD (Partido Comunista Alemán) en el periodo de entreguerras, destripar un cuerpo aparentemente compacto y que resultó ser un drama plagado de intrigas, heridas y costurones, héroes y villanos, muertos y heridos en los lager nazis, verdugos y víctimas encuadrados en las mismas filas, como Heinz Neumann, líder comunista alemán y esposo de Margarete, desaparecido en Moscú tras las purgas, o Willi Münzenberg, hallado muerto en Francia mientras huía de nazis y agentes soviéticos y que estaba casado con Babette Gross, hermana de la autora. Tras su detención en Moscú en 1.937 y en virtud de las cláusulas secretas del pacto entre Stalin y Hitler, Buber-Neumann, pasó del Gulag de Siberia al campo de concentración de Ravensbrück, donde permaneció hasta su liberación tras el final de la guerra, dejando testimonio de ello en diferentes obras, como Prisionera de Stalin y Hitler o Deportada en Siberia. En Milena, y con el mismo estilo directo y contundente de obras anteriores, ágil y descarnado por exigencias de la trama, la autora nos narra su estancia en el campo nazi y la relación de amistad que entabla con Milena Jesenská, la periodista y escritora checa y antigua comunista que había mantenido una relación amorosa tan extraña como breve e intensa con Franz Kafka, un amor más platónico que real cimentado sobre una correspondencia mutua que acabaría viendo la luz, tras la muerte de ambos, en las Cartas a Milena.

La obra, siempre presentada como cálido tributo y sincero homenaje hacia Milena Jesenská, una promesa antes de la muerte de ésta, se divide en dos partes bien diferenciadas. En la primera se relata la vida de Milena hasta su detención en Praga en 1.939, sus inicios en el periodismo y la política, casi simultáneos, y siempre contra los deseos de un padre déspota y burgués hasta la médula, su relación con Kafka en la efervescencia cultural de Praga, o también, entre otros personajes de la época, con Max Brod, albacea del escritor, o Willy Haas, a quien Milena entregaría las cartas de Kafka antes de su detención por la Gestapo, aunque también es el relato vibrante de la entrada y salida del partido comunista- ahí trabaría Milena relación con Julius Fucik, autor de Reportaje al pie de la horca– tras varios años de una combativa militancia que no pudo resistir la decepción causada por el estalinismo y sus prácticas macabras, la farsa de un sistema que quedó en evidencia en los procesos de Moscú y cuyas secuelas llevaron a Margarete Buber al campo de Karagandá y a Heinz Neumann a una muerte que no dejó rastro. Pero es sin duda alguna la relación entre Kafka y Milena el eje sobre el que gira esta parte del libro, bien a través de las propias confesiones a la autora, bien mediante la reproducción de la correspondencia entre ambos. Una relación intensísima en lo epistolar pero fugaz en lo físico y que se inicia con la traducción por Milena al idioma checo de algunos escritos de Kafka y que es cortada de raíz por el escritor en un signo más del fatalismo que siempre le acompañó, prueba de una extraña personalidad por la que Milena se siente tan fascinada como preocupada, tan subyugada como temerosa de que al final todo muera, y así fue, como un relato más de Franz, el hombre que escribía como vivía, inmerso en su ascetismo como un individuo singular, como el más honesto lo describiría la necrológica periodística que Milena le dedicó a su muerte y que lo definía, en un párrafo cargado de emotividad, como lo que realmente fue, un clarividente, de la clase de hombres que apoyan en su enfermedad toda la carga de su angustia vital interior, demasiado sabio para saber vivir y demasiado débil para luchar, que atesoraba un conocimiento de los hombres que sólo se da y expresa en aquellos que viven solitarios, ascetas cuyos nervios extremadamente sensibles captan a toda la persona a través de un mero gesto. Desde esa atalaya sus obras describen a la perfección el horror de ocultos errores y las inmerecidas culpas del ser humano.

La segunda parte describe la vida y la muerte en Ravensbrück, la lucha por la supervivencia en los diferentes círculos del infierno, pues a la crueldad de los guardianes y del régimen carcelario, al hambre y las enfermedades, se unía en muchos casos el desprecio que las prisioneras comunistas, auténticas kapos del campo, manifestaban por aquellas que como Grete y Milena habían abandonado la ortodoxia tiempo atrás, las que con acierto y clarividencia vaticinaban, mucho antes de que los carros soviéticos cruzasen el Oder, la nueva esclavitud que caería sobre gran parte de Europa cuando la contienda finalizase. Una sintonía política, el desengaño tras el fracaso de la utopía, que se refleja ya en el primer capítulo, donde se relata un encuentro furtivo entre las dos protagonistas para que la recién llegada, Margarete, cuente la realidad de la Rusia de Stalin, y que deriva en una profunda amistad que solamente acabará con la muerte de Milena, gravemente enferma desde los tiempos de Praga. El retrato que Buber-Neumann traza de Milena, con la prosa directa y pulida que la caracteriza y que evoca a la escritora Evgenia Ginzburg y su Vértigo, es el de una mujer fascinante, tan sencilla en sus gestos como en su frágil y delicada belleza, conservada todavía casi intacta pese a la dureza de las condiciones, la enfermedad y la escasa alimentación, con una enorme capacidad de persuasión que pondrá contra las cuerdas a sus verdugos, dueña de una firmeza en sus convicciones que cautivará a la mayoría de compañeras, pero sobre todo a Grete, a la que arranca la promesa de escribir un libro que retrate aquel infierno, que describa la amistad nacida en él, y que la autora cumple con creces en esta obra, ofreciendo una pequeña pero certera biografía de la mujer que cautivó al genio de Praga, aquel checo que escribía en alemán.

  1. Lola

    No se si me ha convencido la temática … por lo de Margarete :-)- o su reseña … magníficamente escrita. Me lo voy a comprar.

  2. Reinhard

    Cómprelo, amiga: la obra, el testimonio, Margarete o Milena, valen ese pequeño dispendio. La reseña-gracias por el elogio- es anecdótica, y si no fuera por su formato, envolvería el pescado de mañana.

  3. Hércor

    Es cierto, es una muy buena entrada. Pero para hacerla hay que tener mucha lucidez política e ideológica. No se trata solamente de literatura.

  4. Reinhard

    Le agradezco el elogio, Hércor, pero no acabo de entender lo de la lucidez política e ideológica, pues no he pretendido darle a la reseña ningún toque de ese tipo, limitándome a plasmar el viraje ideológico-acertado, por supuesto- de la autora, o de Milena, y de tantos otros que se bajaron a tiempo de aquel tren y de aquella utopía.

  5. el rufián melancólico

    No sea tan modesto Reinhard. A veces los elogios son merecidos y sí, estoy de acuerdo con Hercor, hay lucidez en la manera de mirar, decir…
    No he leído el libro pero me haré con él. Ya sabe lo que me gustan los andurriales comunistas.
    Un saludo

  6. el rufián melancólico

    Y ya que hablamos de un libro de Tusquets y de la colección Andanzas, elevo mi plegaria in memoriam de Antonio López Lamadrid.

  7. Reinhard

    Gracias, Rufián, y siguiendo con Tusquets y Andanzas y andurriales comunistas, de Leonardo Padura, "El hombre que amaba a los perros", sobre el exilio y muerte de Trotski, Ramón Mercader, Grigulevich, Nin…recién editado.

  8. el rufián melancólico

    Gracias Reinhard, tomo nota del libro de Padura. Será un placer reencontrarme con perros tan familiares como Grigulevich, alias José Ocampo.

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