La biblioteca fantasma

La bandera, de Pierre Mac Orlan

Mac Orlan en su gabinete

Habría que liar un cigarrillo con parsimonia, abrir una botella de coñac y acomodarse en un sofá con el rictus que precede a las grandes historias, para hablar de Mac Orlan como merece, largo y tendido, sin dejar un solo recoveco de su vida y de su obra sin escudriñar. No habría que olvidar, por supuesto, su vocación de pintor, sus libros pornográficos o su época colaboracionista en la revista La Gerbe. Algo de esto ya ha ido colándose en esta biblioteca y quizás convenga echar más leña al fuego.

Se llamaba Pierre Dumarchais, y su pseudónimo no deja de tener el aire aventurero que nunca faltó en sus novelas. Tampoco en sus libros de reportajes, como Légionnaires, donde escribe acerca de los soldados de la Legión española y que daría pie un año después, en 1931, a la novela La bandera. Su protagonista es un asesino que huye a Barcelona, donde para evitar caer en la miseria se enrola en la Legión española. Se ha reeditado recientemente en España.

Leí la novela hace dos o tres años y la regalé poco después. Una historia de amistad, fratría y hombres valientes y desesperados no apta para melifluos. Buscando información sobre el libro descubrí que en 1935 se rodó una versión cinematográfica. La encontré y la vi la semana pasada. Pasé hora y media fascinado por el relato, los personajes y los ojos salvajes de Aischa la Slaoui.


También por ver imágenes de la Barcelona de mediados de los años treinta, con sus calles tan estrechas, sucias y miserables como las del siglo XXI, o las que muestran Marruecos, el cuartel de Dar Rifien y a los soldados cantando la canción del Legionario.

El reparto lo encabezan un magnífico Jean Gabin y Robert Le Vigan. De este último habla Sánchez-Ostiz: “el amigo de andanzas montmartroises de Céline, que perseguido más tarde por colaboracionista pasó una temporada refugiado en Barcelona, donde dio clases de francés –de esto algo sabe Carlos Pujol-, antes de pasar a la Argentina”.

Más información:
http://en.wikipedia.org/wiki/La_Bandera_(film)
http://www.imdb.com/title/tt0026095/

Jean Gabin y Robert Le Vigan, el compadre de Cèline

Aischa la Slaoui

Un puesto de prensa de las Ramblas, con algunos folletos de la época
El Segoviano. ¿Alguien sabía como se sirve el aguardiente con azucarillo?

¿Se censuró esta escena en las proyecciones que se hicieron en España?

Un París tenebroso

  1. Francisca Ferrol

    Por cierto, alguien sabe quién es El Chino, en La bandera. O era Franco o era Valenzuela, creo. En cualquier caso, el autor deja al Chino en buen lugar.

  2. Reinhard

    Por cierto, desconocía lo de Almuzara y Pimentel, aunque no cosas que recientemente había editado esa casa, como Los Lobos, de Hans Hellmut Kirst, y una biografía de Melchor Rodríguez, El Ángel Rojo.

  3. Adrede

    Bremaneur, es urgente que abras la portezuela de este chiscón para que se airee. Huele demasiado a regüeldo y sudor, y los cacahuetes que sirven están rancios. Date una vuelta por el blog de Bose-Einstein y te darás cuenta de que se puede escribir bien sobre temas interesantes.

  4. Adrede

    Sí, es preciso decirlo: el blog de Bose-Einstein es mucho mejor que esta zahúrda piorreica.

    (Ay, ¿qué habré pisado?)

  5. Chonkin

    Discrepo de ti, que no contigo, Adrede: un día pasé por ese blog de Bosé y olía a butifarra, costillas de cordero, alioli y pantumaca, con todos los rótulos, además, en un inglés macarrónico-cibernético.

  6. Adrede

    Sí, querido Chonquin, pero ¿acaso la butifarra, el pantumaca, el alioli o las costillas de cordero no son preferibles a un puñado de cacahuetes rancios y mohosos? Bose es un ingeniero, un padre de familia y abuelo amantísimo, y un perspicaz olfateador de tendencias, un zahorí de la era de la información. En cambio, ¿qué es Bremaneur? Un ayudante de biblioteca, feo, pajillero y calvo, que sólo lee libros intonsos de Pedro Mata o el Caballero Audaz.

  7. Chonkin

    Olvidas, querido Adrede, que Bose perpetraba unas entradas horripilantes en el NJEspadiano y que apenas se las comentaban y tampoco abrazaban.Bremaneur, en cambio, y para decir esto tiro de archivo con un fantasbuloso programa, solamente hizo una entrada en ese foro:unas codornices para chuparse los dedos.

  8. Adrede

    Querido Chonquin:

    Dices bien: olvido. ¿Acaso no hay cientos de recetas de codornices estofadas? Bremaneur es un fatigoso ayudante de biblioteca que gusta de fatigar libros de cubiertas fatigadas —cuando no fotocopias que paga a precio de incunable— y que acabará por fatigar a sus protectores, ante los que no vacila en arrastrarse como lagartija fatigada.

    Olvido, sí, sus pretendidas virtudes, porque son nulas o, como mucho, deleznables. No olvido, en cambio, el bochornoso espectáculo que nos ofreció los pasados meses. Un penoso festival de escatología y burdas maneras que hizo sonrojar a propios y extraños, y que le ha hecho ganar el desdén, cuando no la animadversión, de quienes frecuentan el Nickjournal. Bremaneur, ahora más que nunca, se ha convertido en el trasunto de esta biblioteca: un agregado de polvo, moho y telarañas.

  9. Chonkin

    Querido Adrede:
    Me dices, en contraposición a Bremaneur, que el tal Bose es ingeniero; bueno, yo también soy ingeniero, pero de almas, como Stalin, o Savater.Vengo poco por esta Biblioteca, y hasta ahora nunca había participado, pero me parece un lugar agradable, un rincón de lectura que ni fine ni principia entre los clásicos de siempre, creo.

  10. Adrede

    Querido Chonquin:

    Ser ingeniero de almas es como ser archimandrita o archipámpano de las Islas: una voluta de humo. En cambio, Bose ha tenido que someterse a varios años de férrea disciplina de estudio, adentrarse en campos tan abstrusos como el cálculo o la física de materiales. Bremaneur, en cambio, ¿qué hace sino empujar un carrito, colocar libros en estanterías o poner etiquetas? Su tarea, a fuer de repetitiva, ni siquiera tiene la grandeza de Sísifo. Es una parodia de un mal cuento de Borges.

    Puedes entretenerte en pasatiempos vanos e incluso hozar en este lugar, nadie te lo reprocha. Pero no dejas de ser un desdichado más. Cuídate de Bremaneur si no quieres formar parte de su mediocre mundo, edificado sobre mala literatura, tan olvidada y enmohecida como nuestro anfitrión.

  11. Chonkin

    Bueno, Adrede, al margen de que hay que desconfiar por natura de los hombres de ciencias-véase el caso criminal del Dr. Mengele-, uno hace lo que puede; mira si no tu propio ejemplo, un vulgar delfín de José Antonio Montano y epígono de clásicos trasnochados.Pero me caes bien.

  12. Adrede

    Dices bien, Chonquin, vulgar porque gusto de los mancebos del arroyo, ese fruto agraz del que tan sólo algunos sabemos gozar. Hay que ser muy refinado para vislumbrar entre la rudeza de las formas algún tipo de belleza. Y bajo la herrumbre de estas páginas tan sólo he descubierto la faz alopécica, miope e irrisoria de Bremaneur.

    Mi delfinato, por otra parte, es comprensible: José Antonio Montano es una presencia chispeante de la que no se puede prescindir. Un hálito de brisa malagueña, un retazo de esa divina Costa del Sol que ni siquiera lo más casposo de este país ha logrado arruinar. Enzarzarme en sus ingeniosas reyertas es un deporte sólo apto para espíritus leves y dichosos. Es más, ¿me atreveré quizás a confesar que tanto Montano como el Marqués se profesan una secreta simpatía? Me atreveré. E incluso iré más allá y te diré con toda seguridad que el Marqués acabará por cansarse de nuestro mohoso anfitrión y que, sin embargo, continuará lidiando, entre bromas y veras, con el efervescente malagueño.

    Y en cuanto a Mengele, te diré, sólo te diré, que en este lugar se profesa una enfermiza fascinación por el nazismo. Quién sabe si has mentado a uno de los secretos patrones de este blog.

    Dejo la disquisición sobre la ciencia para otro momento. Te recuerdo, empero, la frase que Platón mandó esculpir en el pórtico de la Academia: "Nadie entre sin saber geometría".

  13. Chonkin

    Entiéndeme, querido Adrede, he mencionado a Mengele-dígase Ménguela-como podría haber dicho el Dr. Montes, pues servidor carece de ideología y principios más allá de mi pasión por los libros. En cuanto al Marqués ese, pues no lo veo mucho por aquí, y tu delfinato es en esencia, y también presencia, harto incomprensible, una contraditio in terminis, pues tú, querido Adrede, superas en mucho a tu presunto maestro, vamos, y dicho sea en román paladín a la taza, que el tal Montano debería ser no tu delfín, sino tu edecán en los largos y gozosos paseos que sin temor a equivocarme sé que te darás por la costa andaluza, portando el tal Montano, tu edecán, un delfín hinchable a hombros por si la mar, o el mar, no anda en calma y brinca como esta España decadente, antaño alegre y faldicorta.

  14. Adrede

    Oh no, mi bremanéurico Chonquin, estás muy equivocado: el delfinato que profeso hacia Montano debes entenderlo como una expresión de mi respeto y admiración por su gracejo. A diferencia del estilo que se practica por estos lares —comparable a unas gachas henchidas de manteca o torreznos revenidos—, el suyo es breve, conciso, rico en repeticiones casi rítmicas, de una musicalidad alegre y desprejuiciada. Montano es ingenioso, sí, pero no chistoso. Es una sabia mezcla de Gómez de la Serna, Duchamp y Bernhard. Y te diré más: Montano no es un genio. Sólo un hombre civilizado.

    ¿Cómo no voy a sentirme partícipe de ese espíritu burbujeante? ¿Acaso considerarme su delfín es un desdoro? ¿Te imaginas lo que supondría para mí convertirme en el maestro de un Bremaneur cualquiera? ¡Pobre C.! ¡Paupérrimo Trapiello!

  15. Adrede

    Por cierto, Bremaneur, ¿para cuándo una entrada sobre Marcial Lafuente Estefanía o los relatos de Charo Medina en el Lib, tu verdadera escuela literaria y sentimental?

    Anda, deja de amarte en soledad, que te quedarás más calvo y feo de lo que eres, y escribe.

  16. Chonkin

    Ay, Adrede, que eres como Bjorn Borg, o un tal Clonclón, y devuelves todas las pelotas una tras otra; la pasión y la fogosidad de la juventud- yo también fui joven, aunque después que Los Sirex- te lleva a idolatrar a cualquier hijo de vecino que se vista de domingo y se eche un aperitivo en la plaza del pueblo, aunque como dice uno de tus compiches, cuyo nombre no oso pronunciar, yo valoro una lealtad como la tuya, y mucho, pero convendrás conmigo, querido Adrede, que JA Montano ya solamente ha quedado como cronista amateur de una castaña estival llamada Tour de Francia, un butanito sin audiencia ni gracia.Tú vales más, querido Adrede, mata al padre y entierra el delfinato, que la gloria es tan efímera como una tarde de domingo en una capital de provincias.

  17. Adrede

    No, en absoluto, Chonquin. Ese peloteo al que me has sometido tiene muy poco que ver con el que presumes que yo practico con Montano y mucho menos con el que utiliza Bremaneur para granjearse favores que ni su oficio, ni su preparación académica, ni mucho menos su educación le permiten disfrutar.

    Te lo diré sin ambages: me cae muy bien Montano y por nada del mundo deseo librarme de su presencia. Coincidimos en muchos intereses, como la detestación del intonso Bremaneur, y así continuaremos. Mucho me temo que el ayudante de bibliotecario aún tiene mucho con lo que hacernos reír.

    Considéralo, si quieres, una locura de mi perenne e irredenta juventud.

  18. Chonkin

    Adrede, tú y tu maestro Montano sois los Lussón y Codeso de esta España venida a menos, y no sé por qué narices intuyo que eres tú el que se lleva las galletas en ambas mejillas, el mismo que de contraer matrimonio-ahora sí, por fin la socialdemocracia ha reparado esa desigualdad anacrónica- luciría el blanco inmaculado, que lanzaría el ramo con una risita histérica mientras Montano andaría ya metiendo mano a los pinchos de tortilla al son de la dulce y acompasada música brasileña.

  19. Bremaneur

    Vaya, como debe de estar el NJA. Adrede, niño ortiga, hombre marasmo, humano irredento, me alegro de que venga a divertirse a esta casa suya de usted.

  20. Anonymous

    ¡A mí la legión! Esa si que es una película para exhibir en cualquier muestra de cine gay. ¡Como se la colaron a la censura franquista!

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