La biblioteca fantasma

A la sombra del dogma y la moral (II)

BAROJA, Pío.- Signo, semanario católico, publicó en su número 392, un valiente alerta contra la anunciarla edición de las Obras completas de este autor antiespañol, anticatólico, antihumano. La Prensa espa¬ñola se hizo eco de esta voz. El Pensamiento Navarro (23 de julio de 1947) comentó el hecho y dijo: “Efectivamente, ya hizo bastante daño”. Se van a editar las Obras completas de don Pío Baroja, como antes se editaron las de Anatole France: el primero como “gloria española” y el segundo como “gloria francesa”, aunque sean unas glorias que no las envidiamos y las detestamos, porque, en el orden moral y católico, nada se hubiera perdido con que ambos, en vez de dedicarse a la Literatura, a publicar libros condenables, se hubiesen dedicado a otras profesiones liberales: a la albañilería o a la forja, por ejemplo. Acaso hubiesen sido unos excelentes maestros y perfectos artistas. Por lo menos, no hubiesen hecho el daño que con su pluma han hecho. Aunque se escandalicen los aduladores de esos genios para el mal, que creen que esos hombres son los que dan prestigio y gloria al país. Pero, cuando éste tiene que salvarse de las consecuencias de todas las propagandas literarias y oratorias, no es por medio de los libros demoledores como se salva sino por la acción y el sacri¬ficio de quienes poseen un espíritu y unos ideales opuestos a esa literatura, corrompida y para corromper…

Cuando se publicaron las obras de Anatole France, la voz de la Iglesia, por medio de uno de sus Prelados, puso los puntos sobre las íes, advirtiendo que no se podían leer, que los católicos no las podían leer. Ahora, al divulgarse que van a ser publicadas las de Baroja, Signo, el gran semanario católico, se pone en guardia y, como advertencia seria para los despreocupados, y para los que sólo ven gloria donde también apesta el cieno, con el título “Ya hizo harto daño”, publica lo siguiente:

Se anuncia la edición de las obras completas de Pío Baroja. Con este motivo, limpias resmas de papel van a ser embadurnadas con frases como éstas:

«No debe rebajarse al gran Nietzsche comparándolo con Buda o con Cristo, porque estos miserables produjeron la caída del mundo.»
«Indudablemente, España es el país más imbécil del orbe.» (Camino de perfección, pág. 222.)
«El Sagrado Corazón de Jesús es un símbolo de brutalidad nacional.» (Camino de perfección, pág. 70.)
«Cristo es un miserable que produjo la decadencia de la Humanidad.» (Camino de perfección, pág. 77.)
«En general, los personajes bíblicos me parecen unos perfectos miserables.» (Horas solitarias.)
«El libro de los Ejercicios, de San Ignacio, es la producción de un pobre fanático, ignorante y supersticioso. Así no se podían tener sino ideas mezquinas, bajas, ideas sencillamente católicas.» (Camino de perfección.)
«Juliano, el apóstata, fué admirable, bueno -mató a su madre-, generoso, valiente, lleno de virtudes; pero los cristianos necesitaban calumniarle, y le calumniaron.» (César, o nada.)
«¡Fuera escrúpulos! La moral es una estu¬pidez. Satisfacer su ansia, dejarse llevar por un instinto es más moral que contrariarlo.» (Camino de perfección, págs. 138 y 158.)

Después, el periódico agrega por su cuenta: «A estas blasfemias se sumarán otras mu¬chas, concebidas en el fondo oscuro de un corazón viejo, insatisfecho y cargado, que ya hizo harto daño a pasadas generaciones, y no tiene derecho a manchar el alma de una generación heroica que se esfuerza por seguir en el camino de la virtud. En servir a Dios y a la Patria, que tan malparados quedan en la despreciable prosa del barbudo impío.

Todo este florilegio, que podía ser aumentado considerablemente con frases barojianas como éstas: «Los escolapios tienen allí un colegio y contribuyen con su educación a embrutecer lentamente el pueblo«. «El Cardenal Arzobispo de Toledo era un majadero». «Este Arzobispo sería capaz de hacer independiente de Roma la Iglesia española y erigirse en Papa». «Si el cura ha faltado, lo procesan y lo llevan a presidio». «Los curas de Toledo, la mayoría de ellos, con sus barraganas, pasan la vida desde la iglesia al café… y, para apaciguar a Dios, unos cuantos canónigos cantando a voz en grito en el coro, mientras hacía la digestión de la comida abundante, servida por alguna buena hembra». «Me tiene usted que confesar, don Manuel- dijo la patrona. –No -contestó el cura-. No tengo ganas de mancharme el alma». «El otro cura era distinto, era un volteriano. La idea del arte había susti¬tuido en él toda idea religiosa,) y así mil frases más. Todo este florilegio lo puede colocar el editor en la entrada de las obras completas que van a editarse para satisfacción de los que, con el escapulario al cuello y rezando el Rosario, salieron a la Cruzada.

Porque Baroja, al amparo de una libertad que le permitía decir “todo eso” que queda copiado, y lo que no puede copiarse por repugnante y asqueroso, se ha desahogado constantemente en sus libros, como cualquiera otro ejemplar se puede desahogar de otra manera. La cosa era soltar basura que, además, se calificaba de obra admirable. Soltar basura e insultar a los que no habían de romper la cara. Porque Baroja podrá decir que las ideas católicas son mezquinas y bajas; que Juliano, el apóstata, fue un valiente…, porque mata a su madre; que los personajes bíblicos le parecen unos miserables; que San Ignacio fue un vasco obtuso e ignorante, y que dejarse llevar por un instinto es más moral que contrariarlo… Pero, si el 21 de julio de 1930 los requetés del Tercio Lácar, que le detuvieron -porque salió a su encuentro a reírse de ellos, como había calumniado a sus padres y abuelos-, le hubiesen atendido y se hubieran dejado llevar por el instinto… Pero sus instintos, que él los había ofendido, fueron otros y le perdonaron para que se arrepintiese. A los pocos días se fué a Francia. Desde allí los volvió a insultar en un artículo que lo reprodujo la Prensa roja, mientras aquellos requetés luchaban y morían para prepararle una España en paz, a la que pudiese volver cuando quisiera para publicar sus obras y recopilar sus blasfemias, sus ofensas y sus insultos. SAB.»

Novelas: El Mayorazgo de Labraz. En ella encontramos razón de sobra para los lindos apelativos con que hemos sustituído el suyo, impropio, de Pío. Aquí, él, lo mira todo con los anteojos de su impiedad y clerofobia. Camino de perfección (pasión mística), muy mala. Prohibida por el canon 1.399. Véase H y D 117. Desde la última vuelta del camino (Madrid, 1944). Interesante por su ambiente literario, pero desagradable por la aspereza de su forma. Requiere sólida formación. La Lucha por la vida. Novela folletinesca completamente rechazable. El mar: Los pilotos de altura. Peligrosa por las escenas sensuales y los ataques a la Religión que en ella se encuentran. La casa de Aizgorri (Madrid, 1943). Quizá la más inofensiva de las novelas de este autor; no obstante, tiene escenas sensuales y algún detalle irrespetuoso para con la Religión. Lectores formados. BDV-S 27. El escritor según él y según sus escritos (Madrid, 1944). Sólo para personas formadas. S 125. El caballero de Erlaiz (Madrid, 1943). Indiferente y fría. S 88. La tierra vasca. Indiferente; para personas mayores. E 163. El árbol de la ciencia. Inmoral, de malas ideas, desesperante, y el remedio es el suicidio. El gran torbellino del mundo. En esta novela parece Como que se amista con el catolicismo y recoge vela, pero en el fondo es el mismo. César, o nada. Muy mala, impía. Memorias de un hombre de acción: Los recursos de la audacia. Impía, anticató¬lica. La ciudad de la niebla. Insustancial, malas ideas. El laberinto de las sirenas (Buenos Aires, 1946). Novela repleta de personajes de varias nacionalidades, que por extraño azar vienen a coincidir en una población de Calabria, y de episodios combinados con poca naturalidad, sin que, por otra parte, el relato pueda calificarse de fantástico. Se encuentra en la novela alguna que otra frase desenfadada, juicios irrespetuosos, la narración del argumento de un cuento indecente y la de amoríos ilícitos. Peligrosa; para lectores mayores y formados. BDV 134.

BAROJA en el banquillo. Se han reunido en este volumen -que en conjunto resulta monótono- varios juicios acerca de la obra literaria del novelista vasco. Abre la serie un extenso ensayo de Ortega y Gasset, titulado Ideas sobre Pío Baroja; le sigue un breve comentario de Juan Valera, apare¬cido en 1901 con motivo de la publicación de una novela de aquél y, por orden cronológico, se insertan a continuación hasta 42 artículos, periodísticos en su mayor parte, el último de los cuales, de Ledesma Miranda, apareció en Arriba en 1944. Los juicios no se salen del terreno literario y, en general, son laudatorios. Si un escritor se expresó en otro tiempo con franqueza, rectifica ahora mediante un mea culpa que figura al pie del artículo. Con contadas excepciones, los críticos pertenecen al campo ideológico del novelista y, quizá por ello, en todo el libro no se encuentra una sola palabra de censura para los feroces ataques de Baroja a las creencias religiosas de los españoles. Lectores formados y por motivos de estudio. BDV 128. Véanse Las «Memorias» amargadas de Baroja. E 105, Y En torno a Baroja. E 61, 71, 100; S 14, 135, 100.

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