La biblioteca fantasma

Doy fe

La ciudad de Burgos se convirtió durante la guerra civil en la capital del bando nacional. En 1938 la vida bullía en los edificios oficiales, las pensiones y los cafés en una confusión de espías, militares, soldados, forasteros, pícaros de retaguardiay agentes de la Gestapo que actuaban con total impunidad.

A mí me parece que aquella gente lo que andaba era buscando la mejor manera de divertirse, de pasarlo lo mejor posible, tanto los que trabajaban en Burgos más o menos al servicio del estado incipiente, como los que venían del frente y que vivían no se sabe de qué, de una cosa que se llamaba entonces créditos faciales [¿?], y que le daban a Burgos una fisionomía muy animada, muy viva, pero cuya mejor definición sería sin duda la de patio de monipodio. Ésta es la imagen real de aquel Burgos, de los pocos meses que yo estuve allí.

(Gonzalo Torrente Ballester, declaraciones para la serie de televisión España, historia inmediata)
Evidentemente, para llegar a ser ese patio de monipodio, la ciudad había sufrido una represión brutal durante las primeras semanas de la guerra, y hubo quien dio fe de ello.

Antonio Ruiz Vilaplana saludó el alzamiento del ejército contra la República, pero no tardaría en huir de él después de ver las atrocidades cometidas por los sublevados. En noviembre de 1935 fue destinado a Burgos como ecretario Único del Juzgado de Instrucción, y llegaría a ser Presidente Decano del Ilustre Colegio de Secretarios Judiciales y Secretario Instructor de la Comisión de Incautación de Bienes y del Tribunal Industrial de Burgos. Como secretario judicial tuvo que levantar acta de los numerosos asesinatos cometidos en la ciudad y la provincia.

No, no era aquello el Movimiento Nacional que yo ingenua y forzadamente acepté el 18 de julio, no con entusiasmo, pero al menos con un margen de espera y de confianza. No era tampoco un movimiento fascista que en su novedad hubiera aportado algún interés experimental; aquello no era más que la reacción hostil y desordenada enfrentada por el militarismo traidor con el pueblo indefenso; aquello no era más que el imperio del clericalismo y la tiranía del rico, apoyada en la fuerza y el terror.

En junio de 1937 lo abandonó todo y huyó del país ni “perseguido ni disfrazado, sino con salvoconducto en regla, saludado militarmente por la Guardia Civil, en automóvil propio y en posesión de todos mis títulos y derechos”.

Escribió inmediatamente sus memorias, un informe de lo sucedido a partir de julio de 1936. Su título, Doy fe: un año de actuación en la España nacionalista. Fueron publicadas en Buenos Aires (La Nueva España, 1937), París (Editions Imprimerie cooperative Etoile, en español; Jean Flory, 1937 en su traducción al francés, con el título Sous la foi du serment: une annee en Espagne nationaliste) y un año más tarde en Londres y Nueva York (Burgos Justice: a year’s experience of nationalist Spain, en Condestable y Knoff, respectivamente). Los servicios de propaganda de la República no las pasaron por alto. El comisariado de propaganda de la Generalidad de Cataluña los tradujo al catalán (En dono fe: un any d’actuació de l’Espanya nacionalista, tr. de J. Vila Bisa).


Ruiz Vilaplana regresó a España, a la zona republicana, y dio múltiples conferencias hablando de sus experiencias. El diario La Vanguardia hizo un seguimiento exhaustivo del periplo del abogado.

Edición del miércoles, 16 marzo 1938, página 9
(Pulsar sobre las imágenes para leer los artículos)

Ruiz Vilaplana escribió posteriormente Lletra oberta als catalans (Comissariat de propaganda de la Generalitat de Catalunya, 1938) y Destierro en Manhattan: refugiados españoles en Norteamérica (México: EDIAPSA, 1945)

  1. Reinhard

    En este “notario” aparece la misma desafección y desencanto que en otros muchos. El eterno ajuste de cuentas del que siempre se queja Dragó.

  2. Natalia Ruiz

    Este señor, que parece tan noble y cercano, abandonó a su familia en Francia, sin dinero y sin papeles, en un buen día en que dijo que se íba a por tabaco. Y dicha familia nunca más supo de él. Natalia

  3. Pingback: Antonio Ruiz Vilaplana « La biblioteca fantasma

  4. 50.000 ptas.

    Natalia, me gustaría contactar contigo, porque además te podría contar que él no se fue con lo puesto, sino que se llevó la caja….

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