La biblioteca fantasma

La guerra civil empezó en 1930

En 1929, Antonio Espina, colaborador de La Gaceta Literaria, publicó un artículo que me impresionó: “Cita del 3 y el 0” o sea 1930 como año en que “había ya que definirse”. La politización en la literatura comenzaba y el mismo Antonio Espina daría testimonio de ello cuando a primeros de ese año 1930, Ramón Gómez de la Serna me ofreció un banquete en «Pombo» con más de cien comensales y en el que a su final, mientras Rafael Alberti repartía un panfleto contra la Revista de Occidente en el que aparecía de «damo» Antonio Marichalar, acompañando siempre a las musas de Ortega, una Condesa y una Duquesa, el propio Espina se levantó para disentir de la presencia de un fascista como el comediógrafo Bragaglia entre los comensales, y atacar con ese motivo la Dictadura de Primo de Rivera auspiciando una España liberal y republicana. Frente a lo cual Ramiro Ledesma Ramos se alzó, no a defender a dictador alguno, sino a pedir un clima de heroísmo entre las juventudes. Y respondiendo a la pistolita simbólica, la de Larra, que sacara Antonio Espina, empuñó una de verdad. Con lo cual se armó un jaleo terrible en el viejo y plácido «Pombo», teniendo necesidad Ramón de utilizar su voz estentórea como un apagafuegos para dominar aquel choque. La guerra civil había comenzado en España. Y, una vez más, los poetas precedían a los políticos. Los poetas como nubes preñadas de tormenta.

Giménez Caballero, Ernesto. Memorias de un dictador. Barcelona: Planeta, 1981.

  1. Mercutio

    (B)remaneur dijo… <>La guerra civil empezó en 1930 y los de izquierdas fueron los primeros en empuñar las armas.<><>Ramiro Ledesma Ramos (…) respondiendo a la pistolita simbólica, la de Larra, que sacara Antonio Espina, empuñó una de verdad.<>Vd. mismo, amigo.

  2. bremaneur

    Amigo Mercutio, veo que tiene poco ojo para detectar provocaciones. Además, eso lo he escrito en otro blog y no en éste. Puestos a comentar la coda, hagámoslo donde haya aparecido.

  3. Reinhard

    Memorias de un dictador, porque las dictaba a su secretaria. No obstante, yo estoy más con Moa, aquello empezó en el 34, o quizá en el 31, pero eso daría para muchos libros y no me pagan….

  4. Adrede

    Hora es, llegando a cierta edad, de principiar a escribir unas memorias. Las mías, centradas y también agotadas en Granada pues soy de vida y prosa sedentarias, arrancan de la adolescencia, pues la niñez, la mía, constituye un período sin pena ni gloria, ni carne ni pescado, que no merece ser glosado. Pero, ay, la adolescencia, qué gloria y qué glosa, cuántos descubrimientos, pero a la vez, cuántas frustraciones. Las lecturas del Capitán Trueno despertaron en mí una primeriza vocación guerrera, militar y contra el infiel, lo que llevó a papá, hombre del Movimiento Nacional a intentar alistarme en el glorioso Tercio, todavía y por aquellos años de Extranjeros. Fue un veinte de septiembre, aniversario de la fundación de tan glorioso cuerpo, ay, los cuerpos gloriosos que decía el Maestro, cuando arribamos a Ceuta, qué cuerpos digo y rememoro, qué hombres, qué ardor guerrero, cuánto músculo embutido en el verde oliva, pechos abiertos de par en par sobre los que reposaba el oro macizo del Cristo de la Buena Muerte, tatuajes policromados en brazos de hierro y venas que daban fe de una vida plagada de peligros, de dolientes existencias que en la batalla se redimían, la muerte como leal compañera. Tras el desfile, vertiginoso y musical, papá me arrastró hasta el banderín de enganche donde jugueteaba una cabritilla, graciosa y disparatada a la vez, como las blancas cabritillas de Heidi, que me olisqueaba, que me gruñía y que hasta llegó a morderme mientras a punto estaba yo de estampar mi rúbrica en aquel documento de adhesión que en un hombre, de una pieza y para siempre, me habría convertido. Mas aquella cabrita lo que olía era la mierda que me caía por la pata abajo, la misma que me atenazaba la diestra y me impedía firmar lo que podría haber sido una tránsito hacia la gloria, una comunión con la hombría. Todavía hoy, muchos años después, me duelen los capones con los que papá me obsequió hasta el regreso a Granada. Pero de todo lo malo se aprende, y desde entonces vivo prendado de África, de su fulgor y también de aquellos moritos que por la plaza africana revoloteaban y que hoy, de tanto en tanto, meto en mi alcoba, esa dacha de pobre y escritor y humilde bachiller de provincias, y a los que pongo a cien, mientras me cabalgan, cantando aquello de encima del Gurugú una morita decía…vale más un legionario que toda la morería.

  5. Siempre me gustó en Neguev

    Hermano Bremaneur, no debería dejar que el hermano Adrede publique post como el que antecede, plagado de falsedades geográficas. Que el monte que corona Ceuta es el Hacho. Estándo el Gurugú mas cerca de Melilla.Pero claro. ¿ Qué puede importarle al hermano Adrede la geografía de esas dos ciudades españolas y africanas,mezcla de culturas y paradigma de buenas relaciones vecinales entre etnias que harían palidecer la entelequia Alianza de las civilizaciones, cuando se confieas uno, sin pudor, votante de ZP ?http://es.wikipedia.org/wiki/Monte_Gurug%C3%BA_(Marruecos)http://www.conoceceuta.com/0050-09%20fortaleza%20del%20monte%20hacho.htm

  6. Anonymous

    No creo que Adrede cometa ningún error: esa canción es mítica en La Legión y la cantan los legionarios de los cuatro tercios: Gran Capitán, Duque de Alba, Juan de Austria y Alejandro Farnesio.

  7. Siempre me gustó el Neguev

    La legión no se equivocaba, aunque no tuviera gugle: La canta dedicada a Melilla. No a Ceuta.<>cuando arribamos a Ceuta…<> Si lo sabré yo..

  8. el rufián melancólico

    Por seguir con la guerra y su desmemoria. Es penoso contemplar la sarta de errores y disparates que sin rubor largan Joaquin Leguina y Jorge Reverte. Lo que dice el primero sobre Agapito García Atadell es intolerable y más, cuando se presume en el texto de estar bien informado sobre el asunto. Confundir de entrada a la Brigada del Amanecer, dependiente de la Secretaría General Técnica de la Dirección General de Seguridad y dirigida por el inefable Raúl Bellido, con la Brigada Atadell, es para no seguir leyendo. No es éste el más pequeño de los errores. Ocultar la naturaleza institucional de la Checa de Atadell, nigunear su larga y bien conocida trayectoria socialista y comprar sin vergüenza la “mercancía”del rapto de Piedaiña es algo que no pienso perdonar.Tampoco a Reverte y sus balandronadas sobre Paracuellos, “Medina” y Amor Nuño, publicadas hoy en El País. En los próximos días ajustaremos las cuentas. Les anticipo el título:Desmemoria de Atadell, Paracuellos y Amor Nuño.

  9. bremaneur

    Les paso estas dos cosas de Leguina referidas a Atadell:Nº 802 – 22 de septiembre de 2008 Enterrar a los muertospor Joaquín LeguinaTodo ser humano —héroe o villano, decente o criminal-tiene derecho al duelo por parte de aquellos que lo amaron y respetaron en vida. Y ese duelo —aunque a algunos tiranos se les olvide— exige la presencia del cuerpo para enterrar dignamente los restos del difunto.No es sólo una costumbre respetada por todas las culturas, la del duelo es una necesidad antropológica imprescindible para que los deudos sobrevivientes puedan iniciar el proceso del olvido. La desaparición de los cuerpos, al impedir el duelo, acaba volviéndose contra los verdugos, al hacer imposible el olvido y, por lo tanto, también la reconciliación.Y esa demanda, la del duelo, se transmite de padres a hijos. Así se constata en el caso de las fosas comunes dejadas en campos, cunetas y en rincones de los cementerios por la represión franquista. Han sido, en general, los nietos de los muertos quienes han reclamado —y reclaman— un entierro decente para sus abuelos. Éste era —y es— el impulso social que llevaba dentro la ley llamada de Memoria Histórica. El Estado proclamaba y se hacía cargo en ella de ese derecho. Pero, ¿qué ha hecho el Gobierno —desde que se aprobó la ley—para cumplirla? Si hemos de escuchar a los interesados, a los parientes de los muertos, el Gobierno no ha hecho nada.Permítaseme, al paso, un excurso que, sin apartarse del propósito de este artículo, entra en otra consideración. Me refiero a la auténtica “diarrea legislativa” que comenzó durante el segundo mandato de Aznar y que Zapatero no ha hecho sino incrementar. Leyes que se hacen en España como si fueran churros, generalmente a impulso del último escándalo o del penúltimo editorial de periódico. ¿Cuántas veces se ha cambiado el Código Penal durante los últimos años? Cientos. Se legisla para todo y con prisas, bajo un pensamiento ingenuo o, simplemente, necio, según el cual cada problema tiene su solución cabal mediante una ley que luego, generalmente, nadie se ocupa de cumplir… por falta de voluntad o de dinero. Tengo para mí que si —con excepción de los Presupuestos— el Parlamento Español dejara de legislar durante cinco años, las cosas no irían peor, sino mucho mejor. Pero eso no va a ocurrir, pues no es difícil imaginar —en estos tiempos de crisis— a los inquilinos de La Moncloa urgiendo a sus huestes ministeriales “¡más iniciativas!”, es decir, más leyes, y da la sensación de que con ello se busca una maniobra de distracción, un objetivo: ocupar la agenda mediática con “otras cosas”.Pero a lo que íbamos. Una ley, una más, la de la Memoria Histórica, que se quedó en el papel y por eso los parientes de los muertos fueron a llamar a la puerta del Juez Campeador, el perejil de todas las salsas, quien, de inmediato, comenzó a mover este nuevo platillo chino. Un platillo más en una larga lista (¿cuántos procesos hay abiertos en ese juzgado de la Audiencia Nacional?), platillos que—ora aquí, ora allá— mueven las manos de este juez prima donna (los que saben sostienen, sin embargo, que esas manos instructoras son más torpes que las del inspector Clouseau, el de La Pantera Rosa).La iniciativa garzoniana no dejó de sorprender a la gente de la Judicatura pues, como recordó uno de ellos (el señor Gimeno, portavoz de Jueces para la Democracia) “no hay proceso sin imputables”, y en este caso todos los posibles imputados están amnistiados. Pero los leguleyos siempre encuentran razones y resquicios para llevarse el gato al agua y a Garzón (verdadero capitán general entre ellos) las leyes ordinarias y la de Enjuiciamiento Criminal se la han traído siempre al fresco, pues aquila no capit muscas. Él trata directamente con normas de más calado: “Crímenes de lesa humanidad”, “Resoluciones de la ONU”, “Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”… y de ahí para arriba. Normas que hacen imprescriptibles los delitos que él contempla y, por supuesto, convierten en agua de borrajas la Ley de Amnistía de 1977. Pero lo más curioso del caso ha sido que quien tenía la obligación de solucionar el único problema, el del entierro digno para los muertos, el Gobierno, ha declarado estar de acuerdo con el procedimiento garzoniano.Imaginemos que las proposiciones de Garzón prosperan y se abre un proceso penal contra los asesinos franquistas que enterraron en las cunetas a sus víctimas…, pues entonces tendría que hacerse lo mismo con los asesinos de la otra parte, aquellos que en la retaguardia republicana se dedicaron a dar “paseos” y a llenar los parques públicos y los cementerios de cadáveres de “fascistas”. Porque, dejémoslo bien claro: en los dos bandos se practicó una enfurecida limpieza étnica.Con ocasión de mi novela Tu nombre envenena mis sueños, hube de ilustrarme acerca de lo que pasó en el Madrid republicano durante la guerra y esa retaguardia –nadie que se haya ocupado de ello lo negará– fue para mucha gente un auténtico infierno de persecución y de muerte. Bastaría la lectura de la gran obra de Juan Iturralde Días de llamas para ilustrarlo. Por no hablar de Agustín de Foxá (Madrid de Corte a checa), pero como éste era “faccioso”, citaré, además, a dos socialistas: Max Aub (El laberinto mágico) y Arturo Barea (La llama). También estos autores hablan de ese infierno.¿Va a abrir Garzón de nuevo la “Causa General” contra las autoridades republicanas que no evitaron las masacres? ¿Contra los líderes de la CNT-FAI que las propiciaron y cometieron? ¿Contra quién?Y esto me lleva a un personaje –ligado a la UGT y al PSOE– que resultó ser un individuo siniestro: Agapito García Atadell, que se hizo famoso en Madrid al inicio de la guerra civil como jefe de la Brigada del Amanecer. La tal Brigada (no era la única. Los de la FAI fueron los maestros en “represión revolucionaria”) estaba constituida por una pandilla de asesinos que aparecía de madrugada en los domicilios de la gente “de derechas” para dar “el paseo” a sus moradores y, de paso, “requisar” en su propio y personal beneficio los bienes que encontraban en los registros de aquella casas.Según se cuenta, enterado Indalecio Prieto de estas andanzas dio la orden de detener a García Atadell y a su cuadrilla, probablemente, con el propósito de ponerlos frente a un pelotón de fusilamiento. Pero las intenciones de Prieto se filtraron y llegaron a oídos de Atadell, quien arrambló con todo lo que pudo (obras de arte, joyas, dinero… fruto de la rapiña) yconsiguió salir de España e instalarse en Marsella, desde donde, junto a su compañera –una monja exclaustrada–tomó un barco con destino a Buenos Aires. Pero el buque hizo escala en las Canarias y poco podía imaginar aquel truhán que los franquistas (quizá alertados desde la zona republicana) lo iban sacar del navío para tomarlo preso, como así fue.No se conoce muy bien por qué, pero sabemos a través de Koestler (autor de El cero y el infinito, entonces preso de los franquistas) que García Atadell estuvo en la cárcel de Sevilla y allí le dieron garrote. Probablemente, sus restos reposen en alguna fosa común de algún cementerio sevillano (por ejemplo, el de San Fernando)… y si es así, pronto serán exhumados de esa fosa… ¿con honores?Pretendo ilustrar, con esta nada edificante historia, un disparate que se pretende imponer a propósito de la citada Memoria Histórica. Me explicaré:Los ganadores de la Guerra Civil sostuvieron durante los interminables años de la dictadura que los fusilados (1936-1939) en los territorios bajo el Gobierno republicano eran todos ellos “mártires de la Cruzada”, es decir, “mártires del cristianismo”, afirmación que está tan lejos de la verdad como cerca de la propaganda. Ahora, con parecido maniqueísmo, algunos pretenden que todos los fusilados bajo el largo periodo de represión franquista fueron “héroes de la Democracia y de la Libertad”. ¿También García Atadell y los de su calaña?¿Por qué tenemos que ser todos tan sectarios? ¿Por qué no aceptamos la verdad histórica? Una verdad que no se compone de buenos (nosotros) y malos (ellos)?La muerte no iguala moralmente las vidas y los actos de quienes fueron llevados a ella –con o sin juicio previo– por las Brigadas del Amanecer franquistas. Para entendernos: la vida –y la memoria– de García Lorca no tuvieron nada en común con las de García Atadell. •http://www.elsiglodeuropa.es/siglo/historico/2008/802/802leguina.html☻ ☻ ☻MUERTOS Y SEPULTURADado que el asunto de la mal llamada “memoria histórica” en manos del juez Garzón y de sus adoradores está derivando hacia el disparate he creído conveniente presentar a los “blogueros” mi posición “in extenso”. Ahí va: Todo ser humano –héroe o villano, decente o criminal- tiene derecho al duelo por parte de aquellos que lo amaron en vida. Y ese duelo –aunque a algunos tiranos se les suele olvidar- exige la presencia del cadáver con el fin de poder enterrar dignamente los restos del difunto. No es sólo una costumbre respetada por todas las culturas, la del duelo es una necesidad antropológica imprescindible para que los deudos sobrevivientes puedan iniciar el proceso del olvido. La desaparición de los cuerpos, al impedir el duelo, acaba volviéndose contra los verdugos, al hacer imposible el olvido y, por lo tanto, también la reconciliación.Y esa demanda, la del duelo, se transmite de padres a hijos. Así se constata en el caso de las fosas comunes dejadas en campos, cunetas y en rincones de los cementerios por la represión franquista. Han sido, en general, los nietos de los muertos quienes han reclamado –y reclaman- un entierro decente para sus abuelos. Éste era –a mi juicio- el principal impulso que llevaba dentro la Ley –mal llamada- de Memoria Histórica. El Estado proclamaba y se hacía cargo en ella de ese derecho. Pero ¿qué ha hecho el Gobierno -desde que se aprobó la ley- para cumplirla? Si hemos de atender a lo que dicen los parientes de los muertos, el Gobierno no ha hecho nada.Quizá haya sido ese “no hacer nada” -o hacer poco- por parte del Ejecutivo lo que ha movido las voluntades de los deudos para que fueran a llamar a la puerta del Juez Campeador, el perejil de todas las salsas, quien, de inmediato, comenzó a mover este nuevo platillo chino. Un platillo más en una larga lista (¿cuántos procesos hay abiertos en ese juzgado de la Audiencia Nacional?). Platillos que –ora aquí, ora allá- se mueven a impulso de este juez prima donna (los que saben sostienen, sin embargo, que esas manos “instructoras” son más torpes que las del inspector Clouseau, el de la Pantera Rosa).La iniciativa garzoniana ha sorprendido a la gente de la Judicatura pues, como recordó uno de ellos (el señor Gimeno, portavoz de Jueces para la Democracia) “no hay proceso sin imputables”, y en este caso todos los posibles imputados fueron amnistiados. Pero los leguleyos siempre encuentran razones y resquicios para intentar llevarse el gato al agua y a Garzón (verdadero capitán general entre ellos) las leyes ordinarias y la de Enjuiciamiento Criminal se la han traído siempre al fresco, pues aquila no capit muscas. Él trata directamente con normas de más calado: “Crímenes de lesa humanidad”, “Resoluciones de la ONU”, “Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”… y de ahí para arriba. Normas que convierten en imprescriptibles los delitos que Garzón instruye y, por supuesto, convierten en agua de borrajas la Ley de Amnistía de 1977. Lo que Garzón sostiene en al teoría y –sobre todo- en la práctica es que la Justicia (su justicia) está por encima de la Ley. Un pensamiento –obvio es decirlo- con fuerte aroma totalitario.Pero lo más curioso del caso ha sido que quien tenía la obligación de solucionar el problema, el del entierro digno para los muertos, el Gobierno, ha declarado –sotto voce- estar de acuerdo con el procedimiento garzoniano.Como era de esperar, este “procedimiento garzoniano” ha acabado por enredarse en discusiones competenciales… y, según dicen quienes saben de estos vericuetos judiciales, el proceso tiene pocas probabilidades de prosperar, pero entre tanto, el ruido sigue… mientras se comprueba –certificado de defunción mediante- que el general Franco está muerto de verdad. Y, de paso, se propagan mensajes tan demoledores como inadmisibles. Veamos:Mensaje nº 1: La ley de amnistía –como toda la transición- fue hecha bajo presión, debido al miedo que producía el ruido de sables entonces existente. Más que amnistía fue amnesia lo que se impuso.Henos aquí ante una gran mentira, una calumnia contra los hombres y las mujeres que, provenientes de bandos distintos, se pusieron de acuerdo en traer la Democracia a España y para ello prepararon (por primera vez en nuestra atormentada Historia contemporánea) una Constitución consensuada.No fueron cobardes, sino valientes y generosos y el proceso necesitaba para su culminación del mutuo perdón entre españoles. Para ello -y sólo para ello- se acordó la Ley de Amnistía, cuya vigencia pretenden echar abajo el juez Garzón y sus interesados adoradores.Ese primer mensaje escrito más arriba es perverso y mentiroso, de esos que gustan a los adanistas que ahora nos gobiernan, para quienes, antes de llegar ellos al poder, sólo existía el miedo y sólo se habían hecho chapuzas, aunque no son los actuales gobernantes los únicos adanistas, también su antecesor lo era: “la segunda transición”, que predicaba José María Aznar, ¿recuerdan?Que la amnistía impuso la amnesia es también mentira, como han mostrado todos los historiadores –y son muchos- consultados al respecto: sobre la guerra y sobre el franquismo se han publicado desde 1975 cientos de libros, miles de artículos y reportajes. En fin, también sobre el asunto que nos ocupa, el de las represiones, primero en las dos retaguardias durante la guerra y también sobre la que realizaron los vencedores mediante una auténtica máquina de picar carne humana después de su victoria hay libros objetivos y profesionales, como el que coordinó el catedrático Santos Juliá. Pero imaginemos, por un momento, que las propuestas judiciales de Garzón prosperaran y se abriera un proceso penal contra los asesinos franquistas que enterraron en las cunetas a sus víctimas…, pues en tal caso tendría que hacerse lo mismo con los asesinos de la otra parte, aquellos que en la retaguardia republicana se dedicaron a dar “paseos” y a llenar los parques públicos y los cementerios de cadáveres. Porque, dejémoslo bien claro: en los dos bandos se practicó una enfurecida “limpieza étnica”. Y aquí llega el segundo mensaje perverso:Mensaje nº 2: Los asesinados en la retaguardia republicana ya fueron “honrados” y sus asesinos perseguidos por el franquismo. Los únicos que ahora deben ser “honrados” -y sus asesinos juzgados- son los represaliados por el franquismo.Lo que se consigue con un mensaje tan sectario como éste es perpetuar la división. Precisamente todo lo contrario de lo que una persona decente debiera desear. En efecto, lo que se debiera hacer es precisamente lo contrario, es decir, ampliar el mutuo perdón y hacer que todos los muertos –todos- sean también de todos. Quienes cayeron bajo la represión en la retaguardia republicana por “ser” (ser cura, ser militar, ser noble, ser rico, ser de derechas…) y no por cometer ningún delito… esos muertos deben ser, también, reivindicados por las gentes decentes de la izquierda, y los asesinados por los franquistas sin haber cometido delito alguno, simplemente por “ser” (ser sindicalista, ser republicano, ser socialista, ser comunista…), ésos también deben ser reivindicados por las gentes decentes de la derecha. ¿Con qué fin? Simplemente, para poder gritar todos juntos:¡¡Nunca más!!Mensaje nº 3: Todos los represaliados por el franquismo son héroes de la Democracia y de la libertad.Los ganadores de la guerra civil sostuvieron durante los interminables años de la dictadura que los muertos (1936-1939) en los territorios bajo el Gobierno republicano eran todos ellos “mártires de la Cruzada”, es decir, “mártires del cristianismo”, afirmación que está tan lejos de la verdad como cerca de la propaganda. Ahora, con parecido sectarismo, algunos pretenden que todos los fusilados, agarrotados, muertos de un tiro en la nuca o simplemente represaliados bajo el largo periodo franquista fueron “héroes de la Democracia y de la Libertad”.Ésta también es una afirmación sectaria y por eso debe ser combatida. Lo haré a continuación, a sabiendas del riesgo ideológico que corro con ello, pues ya se sabe que el silencio de los disidentes ha sido siempre muy apreciado entre quienes se dedican a la propaganda política y no a la reflexión o al estudio.Con ocasión de la escritura de mi novela “Tu nombre envenena mis sueños”, hube de ilustrarme acerca de lo que pasó en el Madrid republicano durante la guerra y vivir en aquella retaguardia –nadie que se haya ocupado de ello lo negará- representó para mucha gente un auténtico infierno de persecución y de muerte. Bastaría la lectura de la gran novela de Juan Iturralde, “Días de llamas” para ilustrarlo. Por no hablar de Agustín de Foxá (“Madrid de Corte a checa”), pero como este conde era “faccioso”, citaré, además, a dos socialistas: Max Aub (“El laberinto mágico”) y Arturo Barea (“La llama”). También estos autores hablan de ese infierno.Y esto me lleva a un personaje –ligado a la UGT y al PSOE- que resultó ser un individuo siniestro: Agapito García Atadell, que se hizo famoso en Madrid al inicio de la guerra civil como jefe de la “Brigada del Amanecer”. La tal “Brigada” (no era la única, los de la FAI fueron maestros en “represión revolucionaria”. Por ejemplo, montaron una checa en el Cine Europa de la calle Bravo Murillo y de ahí salían a dar “paseos nocturnos” y a llenar de cadáveres la Dehesa de la Villa) estaba constituida por una pandilla de asesinos, muy contentos de pasearse armados por la retaguardia y de no pisar el frente, que aparecían de madrugada en los domicilios de la gente “de derechas” para dar “el paseo” a sus moradores y, de paso, “requisar” en su propio y personal beneficio los bienes que encontraban en los registros de aquella casas.Según se cuenta, enterado de ello Indalecio Prieto –que era Ministro de la Guerra- dio la orden de detener a García Atadell y a su cuadrilla, probablemente, con el propósito de ponerlos frente a un pelotón de fusilamiento. Pero las intenciones de Prieto se filtraron y llegaron a oídos de Atadell, quien arrambló con todo lo que pudo (obras de arte, joyas, dinero… fruto de la rapiña) y consiguió salir de España e instalarse en Marsella, desde donde, junto a su compañera –una monja exclaustrada- tomó un barco con destino a Buenos Aires. Pero el buque hizo escala en Las Canarias y poco podía imaginar aquel truhán que los franquistas (quizá alertados desde la zona republicana) lo iban sacar del navío para tomarlo preso, como así fue.No se conoce muy bien por qué, pero sabemos a través de Koestler (autor de “El cero y el infinito”, entonces preso de los franquistas en Sevilla) que García Atadell estuvo en aquella cárcel sevillana y allí le dieron garrote. Probablemente, sus restos reposen en alguna fosa común de algún cementerio sevillano (por ejemplo, el de San Fernando)… y si es así, pronto serán exhumados de esa fosa… ¿con honores?¿Por qué no aceptamos la verdad de una puñetera vez? La inmensa mayoría de la derecha española renegó de la Democracia durante la República y, desde luego, durante la guerra… pero es que la izquierda tomó en buena parte la deriva “revolucionaria”, es decir, antidemocrática. En cualquier caso, una guerra civil no es el mejor momento para la defensa de los derechos civiles ni para la discusión civilizada… “ Es la hora de los hornos y no se ha de ver sino su luz”.En fin, que entre el ruido de las fosas en manos de Garzón se ha impuesto, al fin, una consigna según la cual “el PP se niega a reconocer la sangrante realidad de las fosas” (sic). Se llega así al último mensaje. Éste ya en clave electoral.Mensaje nº 4: La derecha española es heredera y añorante del franquismo. ¿O sea, que casi la mitad de los votantes españoles prefieren el franquismo? No sé si los ideólogos y asesores de imagen del “nuevo” socialismo gobernante, que es quien sostiene tal mensaje y tal barbaridad, son conscientes del disparate que perpetran con este tipo de propaganda sectaria y mentirosa.Mas debo decir, para concluir, que somos muchos los socialistas que –ya hartos de simplificaciones- nos negamos a que la izquierda se reduzca a ser la mera expresión de una aversión, la aversión a una derecha a la que ellos visten de maniqueo sin ningún rigor político o intelectual. http://www.joaquinleguina.es/muertos-y-sepultura

  10. bremaneur

    Y el de Reverte en El país.TRIBUNA: JORGE M. REVERTESobre la inocenciaJORGE M. REVERTE 03/12/2008A cuenta de las responsabilidades exigidas o exigibles por crímenes cometidos durante la Guerra Civil, no está de más que se analicen en serio los comportamientos de los distintos actores que participaron en acciones de carácter genocida, que las hubo en todas las direcciones. Hay un amplio consenso entre los historiadores serios sobre el carácter esencialmente exterminador del movimiento rebelde. No sólo Franco, sino Queipo, Mola y bastantes militares y civiles más, coincidieron en dar a su actuación un decidido impulso asesino que fue bendecido por la Iglesia. El nacional catolicismo dio pie a la buena conciencia de aquellos asesinos sistemáticos. También es fácil coincidir en que no admite discusión la responsabilidad -investigada, pero también reconocida por muchos de sus protagonistas- de la Internacional Comunista en las decisiones que condujeron, por ejemplo, a la matanza de Paracuellos. Unas decisiones que fueron acompañadas por la colaboración personal y material necesaria de miembros de la dirección del PCE. Paracuellos, pero también Andreu Nin y otros numerosos casos.Sin embargo, permanece en el aire una opinión generalizada que atribuye inocencia en torno a las posiciones de otros grupos políticos que, a lo más, cargan con la culpa de haber practicado una violencia ciega, espontánea y de respuesta, pero nunca de haber desarrollado esa violencia de forma científica y genocida. Dirigentes anarquistas y del POUM son, por lo general, los beneficiarios de esa benévola opinión generalizada.Antonio Elorza es uno de los historiadores serios que adopta esta actitud compasiva, tanto hacia los comunistas españoles como hacia los anarquistas.Sin embargo, los hechos parecen ir por otro lado. Basta leer la prensa de la época para comprobar que desde Solidaridad Obrera o La Batalla se hacían llamamientos directos al exterminio de religiosos o de burgueses. Hay incluso testimonios que avalan que la FAI, la rama pistolera del anarquismo, tenía en Barcelona un plan sistemático de eliminación de personas antes de que se produjera la sublevación del 18 de julio de 1936.El caso extremo es el de Paracuellos. Porque si bien parece ser incontestable que la iniciativa partió de un agente de la Internacional Comunista como Vitorio Codovila, uno de los creadores del V Regimiento, la decisión se concretó por un acuerdo entre las cúpulas del Movimiento Libertario y las Juventudes Socialistas Unificadas en la Junta de Defensa de Madrid. Las sacas de noviembre y diciembre fueron ejecutadas por orden de Amor Nuño, un joven anarquista presente en la Junta y alguien no identificado de las JSU, organización ya de obediencia comunista, que sólo podía ser Santiago Carrillo o su segundo, José Cazorla. A Segundo Serrano Poncela le tocó obedecer y poner en marcha la matanza. Esta responsabilidad está comprobada en el acta de la reunión del Movimiento Libertario de Madrid celebrada el 8 de noviembre, que tuve la fortuna de encontrar en los archivos anarquistas hace tres años.Pero hay más: Melchor Rodríguez, el ángel de las prisiones, estuvo presente en esa reunión, y no figura su opinión al respecto. Lo que sí sabemos es que fue destituido oportunamente por su jefe, Juan García Oliver, ministro de Justicia del Gobierno de Largo Caballero, seguramente porque no mostraría su acuerdo con las matanzas proyectadas. Rodríguez fue repuesto en su cargo el día 6 de diciembre, cuando las sacas se terminaron. García Oliver estuvo, por tanto, informado de que se iba a proceder a la matanza, aunque en sus memorias, repletas de fantasías y tardías justificaciones, intentara echar toda la responsabilidad sobre dirigentes como Margarita Nelken.No hay ningún indicio serio, por el contrario, que avale que ni el Gobierno de la República ni la Junta de Defensa de Madrid conocieran esa voluntad de exterminio puesta en práctica por los comunistas y anarquistas madrileños. Como no hay nada que implique a Companys u otros dirigentes de Esquerra Republicana en las sistemáticas matanzas de curas, carlistas o militantes de la Lliga de Cambó, realizadas por la FAI y el POUM. Hubo voluntad y planificación, pero no del Estado republicano, sino de las direcciones de grupos políticos que lo apoyaban. Comunistas del PCE y del POUM, anarquistas de la FAI y, es posible, alguna fracción de los divididos socialistas, que fueron los actores del asalto a la cárcel Modelo en agosto de 1936.Esa distinción es importante. Y justifica que se pueda decir que la República era un régimen democrático entre cuyos apoyos había muchos asesinos. El movimiento salvador de la patria que encabezaba Franco, se puede definir como un sistema criminal al que también apoyaban personas decentes.La República, logró reimplantar un régimen legal de garantías, como evidenció el juicio contra los militantes del POUM en 1938. Aunque nadie se atrevió a investigar en serio los asesinatos de Andreu Nin o José Robles, porque eso podía comprometer las relaciones con la Unión Soviética de Stalin, único país que le suministraba armas.Mientras, el Estado franquista no hizo sino legalizar el asesinato mediante el uso de los tribunales militares y los juicios sumarios.Una diferencia básica que no nos puede llevar a repartir certificados vanos de inocencia. Lo que importa es la verdad.

  11. Reinhard

    Raro se me hace ver, o mejor leer, a Reverte sin que medien Gálvez y Euskadi. Lo de que la República reimplantó un régimen legal de garantías es de risa, pero esto suele ocurrir cuando un escritor se pone a ejercer de historiador.Que un régimen se adorne de una determinada liturigia procesal- el bando nacional lo hizo desde el inicio de la guerra- no implica que existan garantías, al menos las que son propias de un estado de derecho. Seguramente también dirá, o habrá dicho ya por ahí, que Franco ganó la guerra por contar con más ayuda extranjera. Esta película ya la he visto.

Los comentarios están cerrados.