La biblioteca fantasma

Motivos y letras de España

Blanco-Fombona, Rufino. Motivos y letras de España. Madrid: Renacimiento, 1930. 335 p.

Fueron muchos los hispanoamericanos que visitaron España a principios del siglo pasado, ya fuera como escala antes de visitar París, ya fuera con la intención de publicar en España. Del venezolano Rufino Blanco- Fombona puede decirse que entró en Madrid a trompa y talega. Después de haber vagado por media América y media Europa como cónsul o agregado cultural de la embajada de su país (en los años treinta llegaría a ser cónsul en Lérida, algo realmente peculiar, y lo digo sin tener nada en contra de los cónsules o los ilerdenses), de haber pisado la cárcel varias veces, una de ellas al verse enredado por caciques de la selva que no querían que, como cargo público responsable de la zona, se inmiscuyese en sus trapicheos, arribó a Madrid. Cansinos-Assens lo retrata en La novela de un literato. También le dedica unas páginas elogiosas, y viniendo de quien vienen se trata de algo inaudito, Alberto Hidalgo, en su Jardín zoológico y ya el elogio algo más matizado en Muertos, heridos y contusos. Más tarde trocaría sus elogios en reproches, al haber editado Blanco-Fombona el libro La linterna de Diógenes, de Alberto Guillén. Hidalgo acusaría a éste de copiarle su técnica libelista. Pero de ambos peruanos se hablará aquí más adelante. La Biblioteca Fantasma albergará dentro de poco en sus estanterías dos libros de Hidalgo y Guillén, que serán reseñados bajo el título Arte e industria del desprecio.

En Madrid, donde estaba exiliado por haberse opuesto al gobierno de Cipriano Castro, fundó la Editorial América, donde publicarían autores españoles e hispanoamericanos. Escribió como una bestia, viajó como una bestia, trabajó como una bestia. Blanco Fombona era un ser de fuerza selvática. Un Amazonas tempestuoso que se desbordaba sin medida, como dijo de él Hidalgo.

Como crítico era temible. Capaz de tachar una obra como “estomacal, servil” y dejarla hecha un trapo sucio e inútil. Arremetió contra todos, justamente. Cuando había algo que elogiar, lo hacía con erudición y demostraba conocer las técnicas literarias; cuando había algo que denostar lo hacía con el ímpetu de los grandes felinos. Elogios y denuestos compartían espacio en la misma crítica. Baroja, Azorín, Valle-Inclán, todos pasan por sus manos trituradoras. De éste salva algo, de aquél menos, del otro un tanto así. Si los elogios son tenues, las críticas son temibles. A los autores pornográficos, como él los califica, a los Diego San José, Álvaro Retana, etc., los pisotea con fruición, asco y desprecio. Capítulo aparte merecen sus referencias a Giménez Caballero, que en este libro no sale bien parado, y del que dice estas premonitorias palabras:

¿Quién ha sido el audaz que procura semejantes exhibiciones? La audacia ha sido de La Gaceta Literaria; o, con más propiedad, el audaz ha sido el director de La Gaceta Literaria, ese D. Errnesto Giménez Caballero, hombre de muchas idas y venidas, de muchas vueltas y revueltas, encarnación de la Inquietud. ¡Admirable y peligroso D. Ernesto! Lleva en las manos, en su camino por el mundo, una tea encendida. Puede alumbraros el camino más oscuro, acompañaros generosamente, defenderos en un mal trance; pero también prender fuego a vuestro pajar, a vuestra casa y a vuestras convicciones. Es un artista atrabiliario y contradictorio. Este hombre representa en la pacífica España la inquietud.


Motivos y letras de España recoge algunos de los trabajos periodísticos de Blanco-Fombona y viene prologado por una entrevista hecha por Salazar y Chapela. La mayor parte de los artículos recogidos en el libro hacen referencia a la preocupación por las relaciones culturales, y más específicamente literarias, entre España e Hispanoamérica. Juzga con severidad a los autores españoles en función de cómo tratan o conocen las letras americanas; propone la creación de organismos que tengan como objetivo la unión de la cultura “en español”, como se dice ahora. De hecho, en uno de sus artículos más brillantes aboga por la creación de lo que hoy se conoce como Instituto Cervantes, y en el que tendrían más protagonismo los países hispanoamericanos. Nos descubre también a autores españoles radicados en América, como es el caso del anarquista Rafael Barrett, a quien elogia profusamente, admirado por los libros en que Barrett denuncia el caciquismo hispanoamericano y la prepotencia yanqui.

Un libro, pues, fuerte y de contenido muy concreto. Un libro que nos abre las puertas de Hispanoamérica en una época en que España se nos aparece ensimismada y vuelta hacia sí misma. Agradezco al Marqués de Cubaslibres que me recomendara su lectura.

El libro lo compré a través de internet en una librería valenciana. Me costó quince euros y he de agradecer también aquí a J. L. que me diera el aviso de dónde podía encontrarlo tan barato. No es difícil de hallar en librerías de viejo. Tampoco en bibliotecas públicas y universitarias españolas.

Un Comentario

  1. bremaneur

    Anónimo, siento tener que borrar su primer post. El nick conocido como Crítico Constante ha amenazado de nuevo con denunciarme si sigo albergando este tipo de comentarios.

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