La biblioteca fantasma

Voces para una biografía interrumpida

Jon Juaristi. Voces para una enciclopedia interrumpida
Ya en el título del libro aparecen las dos fronteras que le dan forma: el humor y el pesimismo. Si hay mapamundi de Bilbao (bueno, los hay del Casco Viejo y del Ensanche), ¿por qué no va a tener esta ciudad su enciclopedia? Lo que ocurre es que ésta lo es inacabada. Interrumpida. Como incompleto y trunco queda el bilbaino que la ha escrito, según confesión propia en la última página.

De la A a la G, Juaristi recorre el camino íntimo del Bilbao de su infancia y su juventud. A veces alarga la vista hacia un pasado más remoto y a veces la echa sobre esta ciudad de ahora, que no conoce por proscrito. Y así, como quien echa las redes al mar y recoge lo que éste quiere entregarle, Juaristi nos trae recuerdos de un Bilbao que fue el suyo y de una vida que no lo fue sin Bilbao.

Y así, entre calles y rincones y arquitecturas, se nos aparecen Blas de Otero, Eguillor, Aranaz-Castellanos o Gabriel Aresti, la vida en los cafés y las atroces bilbainadas, esos cánticos chuscos tan propios de la ciudad. Como ésta, con sus flujos y reflujos de estuario, tal como dijera el propio Juaristi en el documental que le dedicó, el libro asciende con mucho humor y desciende con pesimismo, como si la tarea emprendida al escribirlo se iniciara con el ánimo alegre de quien se sabe vencedor de su propia juventud y terminara con el desánimo de quien se da cuenta del hastío que supone luchar continuamente contra un enemigo paleto y obcecado.

Habida cuenta de esta derrota, de este camino, quiero decir, está claro que el prólogo fue escrito al final, pues esta pieza maestra resume con perfección el espíritu del libro, de su autor y del proceso de escritura de sus recuerdos. Un prólogo que, además, es premonitorio, y si uno creyera en lo imposible juraría escrito después de publicado el libro. Basta recordar el lamentable suceso de su no presentación en Bilbao para verlo reflejado en esas líneas iniciales.

Bilbao, como la vida, va ausentándose. La ciudad que fue tu piel se aleja de ti y ya sólo es un nombre y una memoria fantasmal. Sombras son lo que evocas desde una lejanía irremediable. Sombras de voces que organizas en forma falsamente enciclopédica, como si fueran voces en acepción lexicográfica. Palabras que una vez te fueron familiares.

La enciclopedia reproduce el mundo, pero, en tu caso, ya es demasiado tarde para todo lo que no sea una mera recuperación de fragmentos […]

Hablarás de una ciudad que quisiste, aunque no merecía, sin duda, tus desvelos. Fue –y es- una ciudad injusta y desgraciada. Sus hijos se prodigan desde fechas inmemoriales un maltrato recíproco, con todos los pretextos imaginables. Te conmueve, sin embargo, la cordial largueza de los bilbaínos, su condescendiente hospitalidad con el forastero (en abierto contraste con la mezquina hospitalidad que reservan para sus convecinos). Hoste hoste, pudo haber sido su mejor lema heráldico. Hoste en sus dos acepciones de enemigo y anfitrión. “Los enemigos del hombre serán los de su propia casa”, a esto se reduce el evangelio según San Mamés. Y, claro, semejante contradicción se acaba pagando en diezmos de agonía.

Y así continúa el prólogo y lo hace también el libro, que bien podría haber interrumpido en la Y, con esa belleza irremediable que sólo un poeta puede darle a la tristeza.

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(Nota local, aldeana casi: como su primer libro sobre Bilbao, El chimbo expiatorio, me ha traído éste algunas analogías que tanto la ciudad como sus habitantes tienen con mi tierra y sus indígenas. Si yo fuera un lector aplicado e inteligente habría redactado algunas fichas con información al respecto. Quizás la aprovechara para escribir un libro como el de cierto paisano admirador de la herrumbre nacionalista, que publicó un tomito en el que hablaba de las relaciones intemporales entre Soria y Euskadi. El mío, al contrario que éste, no supeditaría la provincia a la comunidad autónoma, sino que forjaría una Euskadi nacida de un germen sorianista, como si la Casa de Soria, ese destartalado local que tanto me llamó la atención al entrar en la ciudad viniendo del aeropuerto, fuese el agujero mágico del que saldrían como de otro mundo forjadores de voluntades imperiales, pues ya que estamos, más que un mundo, o dos, Bilbao es un imperio).

  1. Bremaneur

    a) Es un libro de gran formato, muy bien editado y con fotografías muy cuidadas. No me parece caro.b) Anoche me gasté más dinero entre el cine y las cervezas. No me parece caro.c) Es un libro de Jon Juaristi. No me parece caro.

  2. Reinhard

    Pues no parece caro, no.Brinda usted una información que no da la casa del libro.

  3. Bremaneur

    Sí, Sargento. De la Soria incómoda, fronteriza atávica que tiene un tanto de navarra, otro de riojana y otro de aragonesa. De Ágreda, para servirle, donde decimos de los gorditos que son “potinos”, que creo palabra eusquérica. A ver si iba a tener razón Krutwig…

  4. Perroantonio

    Tengo serias dudas de que «potino» pueda venir de ninguna palabra euskérica. No sólo porque la terminación en «ino» sea completamente latina, sino por la existencia de San Potino Obispo, que fue martirizado bajo la acusación de ser antropófago. Que los sorianos llamen potinos a los gordos es, seguramente, una muestra exquisita de humor negro.

  5. Perroantonio

    Las terminaciones -ino, -ono son latinas. Supongo que se refiere a «potolo» (gordo) o alguna palabra parecida; «potxolo» (regordete / majo); «potorro» (coño / cerdo grande); «pott» (la pocha / el coño); «pottok» (los cojones); «pottoka» (un caballo bajo y gordo muy típico de estas montañas) y muchas otras que tienen todas en común lo grueso y lo redondo. He consultado el «Diccionario general vasco», de Luis Michelena & Co., y en ninguna de las entradas se atreven con la etimología de estas palabras. Sí se atreve Corominas. Sólo tengo a mano el «Breve diccionario etimológico de la lengua castellana». En él la palabra «pocho» (que está en la ráiz de las palabras vascas que hemos visto antes), remite a «pachorra y pachón», donde dice: «pertenecen a una raíz común a muchos idiomas romances y a otros [aquí está guardando la ropa], que expresa la idea de gordura y pesadez, probablemente de creación expresiva; portugués <>pachorra, pachola<>, catalán <>patxoca<> ‘bulto, buena presencia’, italiano dialectal <>paciòto, pachione<>, alemán <>patschig<> ‘rechoncho’, vasco (navarro) <>patzor<> ‘cachaza’, etc.Corominas deriva «pocho» de una raíz paralela a la anterior.Yo no tengo ni puta idea (por decirlo suavemente) y no ponría la mano en el fuego por lo que voy a decir, pero todas estas palabras tiene pinta de proceder de un mismo POT- (quizás latino, prerromano o lo que sea) de donde procederían luego pote, bote, bota y, naturalmente, el botijo.Al final todo conduce al botijo.

  6. Bremaneur

    Pues si usted no tiene ni puta idea, imagínese yo. Me ha costado, pero he encontrado la fuente. El apéndice con un léxicon bilbaino del Chimbo expiatorio. Potono (eusk. potono): Regordete (A.) La A. remite a la fuente “Arriaga”.Ni idea de dónde sale.Pues nada, he suspendido en cine y en filología vasca. Voy a probar con la fontanería, a ver qué tal. Aunque me temo lo peor.

  7. Perroantonio

    Uf, el «Lexicón bilbaíno» de Don Emiliano de Arriaga no es que sea una fuente extraordinariamente fidedigna. Es una ‘delisia’ de historietas y costumbres, pero como diccionario es poco más que una curiosidad casticista.En el prólogo a la edición de 1960, dice Luis Michelena: <>«Poco importa que [Emiliano de Arriaga] esté lejos de ser un especialista, que sus etimologías carezcan de base científica, que se incline a buscar en el vascuuence (véase, por ejemplo, s. v. arrecho) la explicación de formas evidentemente románicas. No es nada de esto lo que buscamos en el libro. Lo que buscamos y hallamos son los mil datos preciosos que su amor a la villa natal, su pasión por la lengua de la niñez, su gusto por el detalle preciso han sabido reunir en este librito»<>. Vamos, que a Don Emiliano no hay que tomarle muy en serio cuando afirma que una palabra es castellana, vasca o gitana. Él recoge lo que cree que son palabras del habla popular de la villa, da una definición y las clasifica según su origen.Así dice que ‘potolo’ y ‘potono’ son euskéricas (aunque de la segunda no se tenga noticias en ningún texto vasco) y a ‘potorro’ la clasifica como dudosa, sin duda por timidez. De ‘pupu’ dice que es una expresión del euskera infantil, puesto que en castellano dicen ‘pupa’. Y claro, al botijo le decían en la villa ‘potijo’.

  8. Moravagine

    Es el miedo quien te atenaza, el miedo a los hombres de acción, al desorden. Pero todo no es más que desorden querido. ¿Por qué quieres tu poner un orden? No hay más que la acción efímera, la acción antagonista. La vida.

  9. Anonymous

    BREMA PARECE QUE ALGUIEN HA TOMADO EL TESTIGO DE BIL Y ESTA DIFUNDIENDO LOS GREATEST HITS DE LOS PANCHOS POR TODOS LOS BLOGS!!!!LO PERSEGUIRÁ CC??

  10. Schultz

    Aquí siempre se ha dicho “potxolo” o “potolo”, yo creo que de “pottolo”, que diferenciar el sonido “tx” del “tt” no está al alcance de cualquiera.En el DRAE por pocholo se dice “Bonito, atractivo o agradable”.En euskera hay ese matiz de “gordito”.Ahora bien, “potono” no lo había oído nunca.La opinión de Perroantonio parece verosímil.

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