La biblioteca fantasma

Arturo Marian Llanos

Reproduzco:

Meditación sobre el privilegio

Querido J:

Arturo Marian vino de Rusia. Niño de una niña de la guerra. En los ochenta se batía por las calles de Madrid contra los izquierdistas. Tenía veinte años. Ellos no conocían aquello ni él conocía esto. Después de una pelea lo metieron en la cárcel. Por poco tiempo, pero se envileció. En los noventa le pidieron que llevara droga de un lugar a otro y lo cazó la policía. Entonces, 1998, ya no sería por poco tiempo. Hasta el año 2003 no volvió a pisar la calle. La condena era de nueve años y un día, pero había pedido un indulto vinculado a la cantidad de cocaína traficada. El lo explica bien, y así varías de prosa: «Desde el 27 de enero de 2003 hasta el 23 de febrero de 2007 pude llevar una vida en libertad, dado que me concedieron la suspensión de la ejecución de la pena, mientras se estudiaba mi solicitud de indulto parcial, basada en el cambio de criterio del Tribunal Supremo acerca de la cantidad notoria de la droga aprehendida. Pero mi petición fue desestimada: el cambio de criterio no conllevaba la reducción automática de la pena como yo ingenuamente pensaba.» Una mañana fue a hacerse el pasaporte y el viaje fue a la cárcel.

Mis amigos Elvira y Fernando lo conocieron durante esos cuatro años de libertad. Fue a través del pintor Carlos García-Alix. A mis amigos les convenía un muralista y preguntaron a García-Alix. Éste supo de Marian por alguna muestra de arte de presos o cosa parecida. Tengo al hombre, vino a decir. El hombre era un pintor interesante, pero rondaba la muerte. Estaba enganchado al crack, que es lo que antes llamaban a Wall Street y ahora a la cocaína que se fuma. Después de tratarle y ver que era el pintor que necesitaban y un hombre estimable la pareja tomó una decisión: lo adoptarían. Así empezó a vivir con ellos en la finca manchega donde pintaba el mural. La adopción de un adulto es un raro trámite. Las parejas que adoptan no quieren niños crecidos: temen que sus hábitos no puedan adaptarse a la nueva familia y que, repitiendo el mecanismo de una de esas balanzas infantiles de los parques, el pasado decante la vida. Un adulto adoptado propicia una exuberante literatura; mucho más si se piensa que, acabado el trabajo, el pintor se instaló con la pareja y sus dos hijos adolescentes en un piso de Madrid. Había una razón médica para el traslado: la adicción al crack es muy difícil de superar. Sus protectores lo habían llevado a la consulta del doctor Luis Caballero, un cabal especialista en adicciones; pero el tratamiento farmacológico y psicológico exige la premisa de los cuidados. Si al enfermo le cerca de pronto algún síndrome debe tener un lugar caldeado al que volver. Se lo procuraron. Un adulto adoptado, y en la casa, es un asunto complejo, desde luego; y una forma de compromiso social meditable.

Durante esos años se hizo con un nombre. La pareja y el pintor Alix evitaron que Marian, solito en la vida, se hiciera el nombre a pulso y en la intemperie. Bien observada, la vida resuelta es poco más que el aprovechamiento de una serie de discriminaciones positivas. Empezó a pintar con salud y regularidad. Expuso. Convenció. Vendió. Hubo un momento en que parecía un héroe de Frank Capra. Hasta que llegó el policía, le dijo que el Tribunal había rechazado el indulto y que tenía que volver a la cárcel. Volvió. Era en febrero. Su médico escribió este párrafo para el juez: «A lo largo del año 2006 y hasta la fecha se ha mantenido completamente abstinente y se ha recuperado “ad integrum” en los planos personal, laboral y social, de una manera muy llamativa. En el momento de producirse el reciente problema legal que ha llevado a su encarcelamiento se encontraba muy recuperado y llevaba una vida perfectamente productiva como pintor, y socialmente normativa.» Pero en octubre ya estaba otra vez libre: le habían concedido la libertad provisional como suele suceder cuando se han cumplido tres cuartas partes de condena. Entre las condiciones de su libertad estaba la de abstenerse de “consumir tóxicos”, dados sus antecedentes drogadictos.

Junio, este junio. Le llamó la encargada de su seguimiento. Le dijo que había dado positivo en cannabis y que su juzgado de Vigilancia era bastante severo. Escribe el pintor, con muchos colores: «En aquellos días yo estaba pintando en mi estudio a todo ritmo, entre 10 y 12 horas diarias, tenía ocho cuadros en marcha, tres de ellos ya casi terminados y todos con vista a una exposición personal en una galería madrileña que se iba a celebrar en otoño próximo. No pensé que un “positivo en cannabis”, un único positivo en ocho o nueve meses de analíticas, tuviera alguna trascendencia.» A finales del mes, el 27, le aconsejaron presentarse ante el juez, el Ilustrísimo Señor Manuel Pérez Pérez. Observa este momento, y al juez que decide sobre un hombre: «Después de una larga espera fuimos invitados a pasar. Ante mi extrañeza de cómo podía revocarme la libertad condicional por un único positivo en porros, su señoría alegó que todos los tóxicos son iguales, que el cannabis, a veces, es aún más peligroso que la cocaína, ya que precisamente ahora estaba tratando a no se qué adolescentes (sic!) pasados de porros que por ello sufrían graves consecuencias.»

El juez lo metió en la cárcel, como le dictaron la ley y su conciencia. En la cárcel sigue Marian, a la espera de que acabe el último cuarto de su condena. Se siente gravemente inseguro. Bastará con este cuadro de costumbres: «Aún no he tenido ningún “mono” (“craving”) de la cocaína, pero sí en una ocasión he tenido algo así como la activación del recuerdo dopamínico. Fui a orinar y, mientras evacuaba, me quedé contemplando la plata ( bandejilla muy artesanal donde se deposita el cristal de cocaína) tirada al pie del váter, con las huellas de la gota (restos del cristal consumido) sobre ella. Vamos, que alguno se fumó un “chino” y dejó la plata tirada -–cosa atípica desde la conversión del módulo 10 en el “módulo de respeto”: normalmente, los inquilinos que se drogan lo hacen con mucha discreción. La visión de aquella plata usada debió activar algo en mi cerebro. De repente, me asaltó el recuerdo muy vivo e increíblemente intenso del sabor de la cocaína fumada. No fue el recuerdo del placer, sino la cocaína en la boca»

La señora Gallizo, responsable de Instituciones Penitenciarias declaró anteayer: «La cárcel no es el sitio más adecuado para que los enfermos mentales recuperen su salud.» Son unas declaraciones interesantes. Recordarás que en nuestra juventud de papel escribíamos sobre temibles holandesas blancas de la marca Galgo. Cuando no sabía qué escribir (¡y es que aún no me pagaban!) pasaba ratos mirándolas al trasluz donde se proyectaba la grácil figura del galgo corredor. Ahora veo el muralista al trasluz de estas palabras de la penitenciaria Gallizo. No es un enfermo mental, exactamente; es mucho peor: un convaleciente. Y veo algo más al trasluz. Marian es un privilegiado. Cruzó la calle, en vez de morirse fríamente en ella. Dio con padrinos poderosos. Gente que lo cuidó, que lo defendió de la vida, que le procuró salidas varias a su talento; que pagan abogados, psiquiatras y, si pudieran, hasta periodistas. Y está en la cárcel. El perfectamente inserto y reinserto Arturo Marian está en una carcel de España por fumarse unos porros. Tranquilízate, pues. Por suerte vivimos en un Estado igualitario, que no hace apartes para los privilegios.

Sigue con salud.
A.

  1. belaborda

    En esa historia hay un trasfondo -el galgo en la holandesa- de justicia ciega que aun impresionándome no me disgusta del todo.

  2. Anonymous

    Mala suerte la de este hombre. Probablemente ha tropezado con el único juez de vigilancia que revoca una condicional por una analítica positiva de hachis.La vida es ansi uno tiene suerte de encontrar a alguien que le cuide y luego viene la mala. De tomas formas creo que siempre merece la pena vivirla

  3. el rufián melancólico

    Bien por Arcadi. Aunque se cuida mucho de no dar más cera de la debida a su señoría y a la absurda, injusta y demencial medida de enviar a Arturo a la cárcel la conclusión es clara. En este caso, no es el único, la Justicia es profundamente injusta. Por otro lado, si comparamos con algunas excarcelaciones recientes, como la de la etarra que quiere seguir un tratamiento de fertilidad, el contraste resulta sangrante.Todo mi desprecio a esta justicia, mi apoyo a Arturo Marian y mi agradecimiento como amigo de Arturo a Arcadi.

  4. Reinhard

    He conocido casos muy parecidos al de Arturo, penitenciariamente hablando, y la suerte ha sido muy distinta. Los ropones, manifiestamente mejorables, tienden a la arbitrariedad con mucha frecuencia, demasiada.

  5. Anonymous

    Entre las condiciones de su libertad estaba la de abstenerse de “consumir tóxicos”, dados sus antecedentes drogadictos(…)No pensé que un “positivo en cannabis”, un único positivo en ocho o nueve meses de analíticas, tuviera alguna trascendencia.»Pues a mí me parece que bien clarito te lo habían dicho. Que era mucho lo que te estabas jugando, tío… Bueno, eso ya lo sabes mejor que nadie. Suerte, y que se pase pronto.

  6. Anónimo 11

    Me acuerdo ahora. Si conozco a otro Juez de Vigilancia que ha revocado una condicional por un positivo de hachis. Aunque no fue un solo positivo, fueron varios. Entró en la cárcel y, con el que creo buen criterio de la Junta de Tratamiento, paso a un tercer grado penitenciario que le permitíó seguir con su trabajo a él y a la Institución una mayor observación y control sobre su posible recaida.Los jueces de vigilancia suelen incluir en las condiciones para aprobar una libertad condicional los controles periódicos de drogas. Pero es frecuente que estos no se hagan o que sean falseados por los liberados. Revocar una condicional por un solo positivo de hachis es una exageración aquí y en Berlín. Un mínimo de buena voluntad y un informe de los servicios sociales penitenciarios hubieran bastado para que su señoría hubiese evitado esa decisión

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