La biblioteca fantasma

Crónica del ocaso

Por Reinhard

Durante una breve estancia en Berlín, y paseando por Unter den Linden, el amigo Bremaneur me pide una entrada para esta Biblioteca: ¿y el libro, o el tema? El que te apetezca, me responde el editor. Tras reparar detenidamente en la amplísima y majestuosa avenida por la que caminábamos, cuántos desfiles la recorrieron y cuánta gloria y miseria sobre ella se posaron en unos pocos años, me dejo seducir por el medio y opto por glosar el último libro que he adquirido en el mercadillo virtual y liquidado la noche antes de coger el avión que me llevase a la eterna capital alemana: El ocaso de los dioses nazis, de Ramón Garriga, en una edición de Planeta del año 1.982, aunque el libro se publicó por primera vez en 1.945, justo tras el final de la guerra, con notable éxito de ventas, lo que dio para sucesivas ediciones, con la última, muy reciente, de Ediciones Áltera.


El autor fue corresponsal en Berlín de La Vanguardia, Española entonces, y otros diarios y encargado de prensa de la embajada de España, lo que le permitió relacionarse con altas instancias del régimen nazi, especialmente con funcionarios de los Ministerios de Asuntos Exteriores y Propaganda, así como con militares, Rommel entre ellos, y otros corresponsales extranjeros, brindando todos ellos diferentes versiones de los acontecimientos que el propio autor vivía in situ y que luego, si la censura del doctor Goebbels lo permitía, se reflejaban en la prensa española, aunque lo fundamental fuera el bloc de notas que siempre llevaba consigo y que resultó básico para la confección de la obra.

El ocaso de los dioses nazis es una obra a caballo entre el ensayo histórico y el diario, un fiel reflejo de los acontecimientos que sacudieron Europa desde las vísperas de la invasión de Polonia, con la firma del Pacto Nazi-Soviético, aquél que dejó al mundo sin aliento y que coincide con la llegada de Garriga a Berlín, hasta el hundimiento del régimen, con el temido y temible Ejército Rojo a las puertas de la Cancillería: aquellos días en que el autor abandona la ciudad son las mismas jornadas de éxodo de los que podían permitírselo, esas horas en las que los berlineses, con humor macabro y gran resignación, afirmaban que se podía ir de una a otra línea del frente en tranvía. Crónica fiel desde el cénit al ocaso, desde la invasión de Polonia y la novedosa Blitzkrieg, con la consiguiente conquista de casi toda la Europa occidental, hasta la invasión de la Unión Soviética y el desastre de Stalingrado, principio del fin junto al ya definitivo y determinante desembarco de Normandía, el libro retrata a la perfección el estado anímico de todo un pueblo a través de los poderosos, pero también del pueblo más humilde, como podían ser los porteros o las amas de casa, testimonios todos de primer orden que no son desdeñados por el cronista.

Junto a un relato ágil de los acontecimientos bélicos (la guerra relámpago, la batalla en el aire o en el desierto, o la entrada en Europa de los americanos), que no es, en puridad, el objeto de la obra, hallamos interesantes reflexiones y aportaciones que pueden resultar novedosas para muchos lectores, como los intensos debates que surgieron en el seno de la élite del Reich sobre el papel de Alemania y sus alianzas: los que preferían la colaboración con Inglaterra y los que, siguiendo una fuerte tradición que arranca de siglos atrás y que proclamó, entre otros, Nietzsche, preferían una unión incondicional con Rusia, como los generales de la Gran Guerra Von Seeckt y Ludendorff, un anhelo que por desgracia para ellos casaba muy mal con lo expuesto por Hitler en Mein Kampf y que se evaporó definitivamente el 22 de junio de 1.941 con la invasión de la Unión Soviética. Es curiosa y harto significativa la escena que relata Ramón Garriga sobre este particular, cuando el embajador alemán en Moscú, Von Schulenburg, se arrodilló ante Hitler y le suplicó que no se lanzara a la misma locura que Napoleón. Como la propia sirvienta que tenía Garriga en Berlín, que le dio a éste su particular opinión sobre el tema de esta forma: Mi marido murió en Rusia en la guerra pasada. Nada bueno puede salir de esta guerra.

También se resume, en breves pero certeras pinceladas, el estado policial en que se había convertido Alemania, la persecución implacable de judíos y opositores al régimen, el terror al que no escapaban los alemanes que no demostraban excesivo empeño en el esfuerzo bélico, o que habían perdido la fe ciega en la victoria, y la inevitable implantación de la etiqueta de derrotistas que, en los últimos tiempos de la guerra, sembró Alemania de hombres y mujeres colgando de árboles o vigas. No olvida tampoco el autor lo puramente cotidiano: la alegría de la población pocos días antes de la guerra, la luminosidad de Berlín, los locales nocturnos donde la gente bebía y bailaba y era ajena, en una época de gran bonanza económica, al destino que acechaba, que vendría en forma de grandes e indiscriminados bombardeos contra la población civil, con cartillas de racionamiento para adquirir los productos más básicos, y las cartas, tan asépticas como burocráticas, que comunicaban las muertes de los soldados en los diferentes frentes, o la huida final de las gentes que despavoridas ante la inminente llegada de los rusos apilaban en coches, los más pudientes, o en carromatos, caballos y burros todas sus pertenencias, lo que inexorablemente lleva al cronista a evocar el éxodo, poco antes, de los judíos, de los polacos o rusos ante el avance del nazismo y su maquinaria de guerra, entonces imparable.

Como si fueran dioses legendarios, creyeron Hitler y sus principales colaboradores poder transformar el mundo a su placer, de acuerdo con sus sueños y ambiciones. Así discurre el prólogo del libro, anticipando lo que inevitablemente sería el ocaso de aquellos dioses y el fin de una contienda que cambió el mundo y creó dos bloques.

  1. Bremaneur

    Estimado Reinhard, muchísimas gracias por esta reseña. Mi fascinación por esta ciudad crece por momentos. Es un auténtico < HREF="http://chaotiquemind.blogspot.com/2004/09/fauna-de-santanderlos-kies-parte-i.html" REL="nofollow">kíe<> incapaz de ocultar sus tatuajes y sus cicatrices. Cada vez me interesan más los libros publicados por españoles que vivieron los últimos días de la guerra en Berlín. Corresponsales, diplomáticos e incluso soldados (acabo de enterarme que los últimos soldados que aguantaron en la defensa del búnker de Hitler fueron españoles). Aportan noticias históricas de interés, pero suelo estar más atento a los apuntes costumbristas (bares, comercios, calles, etc.) y a la percepción que tenían del ciudadano berlinés.Como me picó la curiosidad después de nuestra conversación sobre Garriga, he conseguido algunos libros suyos en la biblioteca del Ibero. Hay alguno en el que habla de gente como Giménez Caballero, Dionisio Ridruejo o Ximénez de Sandoval, y sus anécdotas son de lo más entretenidas. Gracias de nuevo, amigo.

  2. Reinhard

    Gracias a usted, Brema, por brindarme este espacio. Sí, Berlín es como esos toreros que lucen con orgullo el cuerpo lleno de costurones.Ya me dirá esos títulos que ha descubierto.

  3. Neguev and me

    Me alegra mucho ver que el amigo Brema, abre sus páginas a otras participaciones y vivencias, en este caso del siempre atinado y punzante Reinhard

  4. Bremaneur

    Querida Neguev, aprovecho su comentario para pedirle alguna reseña sobre libros viejos que pueda alimentar esta humilde biblioteca fantasma.

  5. Reinhard

    Aprecida Neguev:Un placer saludarla y gracias por lo de punzante; me sumo a la petición de Bremaneur.

  6. Neguev and me

    Claro que si.Rebuscaré en la biblioteca de mi padre,que incluye libros de mi abuelo, y seguro que encontraremos algo. Aunque solo sea para escanear y mandar alguna página suelta.Recuerdo, un librito de rezos en hebreo editado en 1860 aproximadamente, del cual solo podríamos resaltar la encuadernación en deteriorada piel y la antiguedad. Pero si quiere algo con enjundia y sustancioso, nada mas casposo que una “Enciclopedia para la mujer” en tres volúmenes que heredé de mi madre, lo cual me extraña, porque le puedo asegurar que no era miembro de la Sección Femenina. Incluye cosas tan jugosas como la forma de maquillarse, de estar en sociedad, de atender al rey de la casa y similares Algo habrá no se preocupe. Reinhard, lo de punzante es un encendido halago, sobre todo si a quien se lo dedicamos está en el mismo lado de la calle ( no se si a la sombra o al sol, esperaremos las próximas elecciones para afirmar algo al respecto)

  7. Bremaneur

    Y de Ángel Pulido, ¿no tiene nada? Sería interesante.También libros de memorias de judíos españoles que se salvaron de la Shoah, por ejemplo.

  8. Neguev and me

    Si, tengo de Angel Pulido por ahi…Y cosas de la fulgurante guerra de los 6 días, si de lo que se trata de ediciones antiguas que no se vuelven a editar, habrá un montón.´Déjenme mirar con detenimiento y les propongo algo

  9. Curioso

    Hecho de menos reseñas de libros de españoles que sirvieron el ejercito rojo. ¿Entró alguno en Berlin con la bandera roja?. Su gusto por lo libros viejos ¿no le ha llevado a buscar libros escritos por comunistas españoles y publicados en la Republica democratica alemana? ¿como era y como vivio esa gente?. En el ABCD del último sabado Martinez Lainez nos habña de una española espia comunista. ¿Lo ha leido? ¿Que le parece? Gracias por su blog

  10. Bremaneur

    Curioso dijo… Hecho de menos reseñas de libros de españoles que sirvieron el ejercito rojo. ***Y yo “echo” de menos a una novia que tuve que tenía unas tetas enormes y jugosas. Los pezones eran rojo-capullo-cansado-de-zumbar.¿Entró alguno en Berlin con la bandera roja?. ***No lo sé.Su gusto por lo libros viejos ¿no le ha llevado a buscar libros escritos por comunistas españoles y publicados en la Republica democratica alemana? ***Sí. Tengo varios libros de la Editorial Militar de la RDA que forman una colección de memorias de españoles (Líster, Cisneros), rusos (Kolzow, Merezkow) y alemanes (Hoffmann, Grünberg, Grünstein) que participaron en la guerra civil y, en otros casos, del ataque a Alemania. Tendrán su entrada en su momento. ¿como era y como vivio esa gente?. ***Eran como usted y como yo y vivieron como perros, que es como suele vivir la gente en las guerras.En el ABCD del último sabado Martinez Lainez nos habña de una española espia comunista. ¿Lo ha leido?***No.¿Que le parece? ***No lo sé. Traiga el enlace y lo leeremos todos juntos, como hermanos, miembros de una Iglesia.Gracias por su blog***De nada.

  11. Reinhard

    No sé yo cómo vivirían los comunistas españoles en la DDR, pero sí sabemos algo, y por aquí se ha visto, de cómo vivían en la URSS: Valentín González.Un poco “achuchaos”, creo.

  12. Bremaneur

    Resulta curioso que los primeros tanques que entraron en el París liberado estuvieran comandados por soldados españoles y que los últimos soldados del búnker de Hitler también lo fueran. Con lo bien que se está plantando nabos, levantando fábricas y sirviendo chipirones en las terrazas junto a la playa.

  13. Reinhard

    Será la sangre, o aquello de “tierra de conquistadores”, el ardor guerrero, o la furia….tópicos quizá, pero con una base real.

  14. El dotor de aquella tarde

    Leyendo a Beevor sobre Berlín y a Moreno Juliá sobre la División Azul, me parece que en los días finales del Reich en su capital los únicos españoles que estaban presentes en aquellos momentos históricos eran camareros, gallegos para más detalle.

  15. Reinhard

    No sea usted, amigo Bremaneur, tan racial y contundente en sus comentarios o respuestas, que luego,, parapetados en la cómoda retaguardia, le afean su conducta en “casa fede”.

  16. Bremaneur

    Ya veo, Reinhard. Mi respuesta fue un tanto racial porque creí ver en el comentario que me afeaban hablar siempre de fachas. No sé, a lo mejor soy demasiado susceptible.En el blog de Fede llevan varios días hablando de mí, abierta o subrepticiamente. Van de divinos pero les va la marcha. Es una pena no poder complacerles, ya que no puedo entrar en ese sitio tan interesante. Como uno nunca sabe cuándo le van a censurar ni por qué razón… En fin.

  17. Errabundo

    Parece que la cosa hoy, en efecto, va de susceptibilidades. Le aclaro que su respuesta, simplemente, me ha hecho gracia. Si así lo prefiere, no dudaré en borrar el comentario en el NJ.Un saludo

  18. Bremaneur

    No toque nada, Errabundo. No soy partidario de que se borren comentarios, a excepción hecha de que puedan amenazarte, si no lo haces, con pegarte unos tiritos en las piernas (¡¡piñau, piñññññau!!) o con mover los hilos pertinentes para que te echen del curro y te arruinen la vida. En ese caso se borra, se censura y se aniquila lo que sea. Faltaría más.

  19. Anonymous

    Brema, Garven resume muy bien lo que es el Nickjournal: <>Buena entrada. Lo que ahora predomina es la sociedad aséptica, que no se exceda en nada, pero no es por ello una sociedad apolínea (en términos nietzscheanos) sino una sociedad puritana en el fondo, aunque reniegue del puritanismo.<>

  20. Anonymous

    Lo que dice Garven lo dijo Tsevanrabtan hace tiempo, que prefería un blog aburrido pero civilizado. No se dan cuenta de sus contradicciones.

  21. Anonymous

    Yo no lío nada más allá de un porrito de vez en cuando, ¿ soy incorrecto? ¿ poco civilizado?

  22. Anonymous

    Reinhard: Las prisas no son buenas y una portada nace no se hace. Su comparación respecto a la tolerancia cero está traída por los pelos, forzada, buscando la aquiescencia de cierto sector bloguero.Lo único que le salva es, malgré vous, su foucaultiana Salud como ‘medio estatal de dominio’.Y es que en lugar de micropolítica lo que me ha parecido oírle es la canción del colacao: “lo bebe el ciclista… ” etc.No nos decepcione que aprendíamos mucho con Ud.[Esto le pasa por haber puesto el listón más alto]

  23. Curioso

    Leo el nickjounal pero no participo en él. Mi comentario no iba con segundas y me arrepentí de hacerlo antes de ver su respuesta. Pedí demasiado sin dar nada. Pero creo que puedo aportar muy poco aquí. Sólo una opinión. No creo en la excepcionalidad española, después de la guerra había mucha gente que había hecho del fusil su forma de vida, unos se hicieron guardias civiles o se fueron a la División Azul y otros se alistaron en el ejército francés o en el rojo. Leeré sus comentarios sobre los libros que menciona.

  24. Bremaneur

    Curioso dijo… Leo el nickjounal pero no participo en él. Mi comentario no iba con segundas y me arrepentí de hacerlo antes de ver su respuesta. Pedí demasiado sin dar nada. ***Le ruego que me disculpe. Quizás peque de susceptibilidad, pero por llevar este blog he sido acusado de revisionista, y gente que solía leerlo e incluso participar con comentarios ha decidido dejar de hacerlo cuando ha creído que me excedía al reseñar libros de gente “peligrosa”. Entendí que su comentario era un reproche. Lamento, repito, haberme equivocado. Le agradecería que siguiera leyendo este reducto de irreductibles y le invito a participar con algún texto sobre algún libro que le interese.

  25. Reinhard

    Anónimo Anónimo dijo… Reinhard: Las prisas no son buenas y una portada nace no se hace. ………………….——————————-No entiendo nada, lo siento, y creo que usted tampoco.———————-Blogger Bremaneur dijo… Curioso dijo…————————-¿ “gente peligrosa”? ¿ revisionista? ¿ ha traído usted por aquí a Pío Moa?

  26. Andrés

    Reinhard, el anónimo ha copiado un comentario del tonto de Verle en el nickjournal y se lo a aplicado a usted.

  27. Reinhard

    Andrés:Gracias por la información; ya me parecía extraño, aunque cada vez que leo ese post más extraño me resulta.¿ Estaba usted preso?Bueno, por aquí hay suficiente libertad.

  28. acker

    Con retraso, pero más vale tarde que nunca.Curiosidades berlinesas: al día siguiente de la publicación de esta entrada, todavía sorprendido por el comentario sobre los soldados españoles y el búnker, me pudo la querencia y el camino de vuelta a casa se desvió unos metros, los que me llevaron al mercado de libros que está delante de la Humboldt. Este mercado es más bien turístico, pero casi siempre hay buena pesca. En esta ocasión fue el relato de M.E., a cuyas órdenes, según la portada, 200 españoles defendieron el último reducto de Hitler.Google me llevó esa misma tarde a una entrevista de comienzos de los años 80. Las respuestas de M.E. parecen indicar que el último reducto defendido por esos soldados fue la estación de Stettin (hoy, Nordbahnhof) y no el búnker. Las lecturas se acumulan y el libro pescado todavía me espera, así que no sé qué contó M.E. en el año 1975.Supongo que la Biblioteca Fantasma nos lo contará en su momento, así que dejémoslo por ahora en “último reducto” y en M.E.Por lo demás, felicidades por el magnífico blog.

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