La biblioteca fantasma

Los sábados, cine: sobre "El honor de las injurias"


Otra película reciente es El honor de las injurias, un documental. Carlos García-Alix reconstruye ahí la vida de Felipe Sandoval, alias Doctor Muñiz, un tipo de cuidado. En la primera no hay imágenes del conflicto, es una ficción que sucede después; la segunda, en cambio, se alimenta de fotografías y filmes de entonces (la relación de títulos que se incluye al final muestra la cantidad de material rodado durante los años del conflicto) y aborda las cuitas de una persona real.

Felipe Sandoval nació en 1896 en una barriada humilde y no tardó en conocer a la crema y nata del mundo del hampa. No le fue demasiado mal en sus fechorías iniciales a juzgar por la exquisita presencia con la que se presentó en París en 1914. Fue allí donde dejó colgada a su prometida robándole todos sus ahorros, y desapareciendo del mapa. Con el tiempo lo pillaron y terminó en la cárcel de Barcelona, donde se juntó con gente de la CNT e hizo del anarquismo su causa. Eran épocas duras para la clase obrera y Sandoval ya mostró entonces una clara disposición para la acción directa. Durante la República, ya era conocido como el enemigo público número 1 y la guerra lo sorprendió como un preso común más de la cárcel Modelo de Madrid. «Vividor, pícaro, aventurero»: así lo definieron entonces. Quedó libre poco después del golpe de Estado de Franco y los militares rebeldes. Fue cuando volvió a la CNT, quería hacer la revolución, se convirtió en uno de los asesinos más sanguinarios de aquellos terribles días.

La película de Carlos García-Alix termina poniendo los pelos de punta por su extrema sobriedad. Caen uno detrás de otro los datos desnudos, y de tanto en tanto estalla en la pantalla el rostro frío y distante del asesino. El discurso revolucionario resuena como la cáscara que esconde el feroz nihilismo del desheredado. Y la guerra se presenta como ese inmenso lodazal en el que se desataron las peores pasiones.

[De José Andrés Rojo «Un conflicto inacabado», El País, 23 de agosto de 2008.]

Un Comentario

  1. Bremaneur

    Querido Gongren, me he llevado una gran sorpresa al ver lo que nos ofrece hoy. Voy a abrirme un vino y a disfrutar en soledad. Muchas gracias.

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