La biblioteca fantasma

Las hojas que se han ido y no vuelven


Santiago Pelegrín, La Gaceta Literaria, 1927. Óleo sobre lienzo

Perfil de revistas en 1930


Las hojas que se van y no vuelven son las revistas. En cambio los libros quedan. Es la obra de uno solo que perdura sobre la obra conjunta de los demás. La revista pasa en un instante, pero queda el recuerdo; y la enseñanza; y la escuela suele ser escuela de los principiantes y de los maduros. Cuando uno se quiere apercibir, ha pasado de tiempo; la fecha es lejana, y la intención ya no es actual. Las hojas de la literatura son las que más retienen la actualidad, y, sin embargo, poseen una vida de antemano contada y que sólo de tarde en tarde se alarga un poquito por algún accidental acontecimiento. Esta es la vida, o el curso de la vida, de los números de revista. El título es el lema. Simplemente el esfuerzo por estirar el espíritu.

Sería sumamente enojoso, por largo, intentar aquí el relato detallado de todas las revistas españolas que han confirmado, prosperado o aparecido durante este año que acaba de pasar. Mejor, pues, que enumerarlos todos, será, sin duda, representarlas, y de tal manera que, aunque algunas, o muchas, pierdan la cita, ganen la catalogación y se encuentren en un superior estudio colocadas, por las páginas que, en su grupo y en su determinada dirección, ofrecen mayor solvencia.

Así intentaremos el recuerdo del desarrollo, durante un año, de las más representativas publicaciones.

«Revista de Occidente». Durante el año de 1930, la Revista de Occidente ha experimentado escasísimas variantes. Por el contrario, ha conservado firme su criterio y el aspecto que la anima desde su fundación. Menos aventurada que nunca esta revista al correr de los últimos doce meses, ni siquiera ha embarcado valores nuevos, indecisos, todavía no bien definidos. Esta experiencia, que los pasados años repitió alguna vez, por lo visto no la ha dejado muy satisfecha. Despejar incógnitas que a lo peor –¿ocurrió esto?– presentan después una piel de color verde rana y uno hechos para esa perfecta complementación. Los pasos de la Revista de Occidente han querido, por tanto, asegurarse de vacilaciones e incorporaciones, y así se ha abstenido de buscar valores –¿valiosos?, ¿invaliosos?– en las filas estéticas de última hora.

En cambio, ha respondido en su totalidad y con los sondeos en las diversas puras aguas de la ciencia y la literatura, realizados por su gran director, don José Ortega y Gasset, a las aspiraciones culturales de su lector, que suele ser escogido, y que suelen ser elevadas.

«Revista de las Españas». Se trata de una revista de información hispanoamericana. Muy útil para el estudioso y también para el simple lector. Con colaboradores habituales de justa fama en cuanto toca a los problemas de España y América: Salaverría, Jarnés, Giménez Caballero, Artiñano, Manuel Abril… Tampoco ha cambiado en el curso de este año su primera inspiración regida por J. A. de Sangroniz, que ha realizado en la dirección de sus páginas una labor verdaderamente eficaz. Pero, en cambio, se ha regularizado en sus salidas y se ha afinado hasta el límite en sobriedad y buen gusto.

«Arte Español». La Sociedad Española de Amigos del Arte ha continuado editando su revista, sin acelerar el paso, trimestralmente, pero cargando el cuidado en cuanto a colaboraciones y presentación. Acaso sea en España la más interesante publicación del género. La mayoría de las investigaciones artísticas que en el año se han hecho han sido después publicadas en Arte Español, que vive y seguirá viviendo de estos «Amigos» cultos, simpáticos e inteligentes, a los que únicamente hay que pedir un mayor deseo de orientación hacia los caminos que el Arte sigue en nuestros días.

Revistas Académicas. En cierto modo y en ciertos modos, queremos hacer esta inclusión: Anuario de Historia del Derecho, Boletín de la Academia de la Historia, Revista de Filología. Las creemos las más importantes.

Sería largo enumerar los trabajos interesantes que durante el año han figurado en ellas. Sin decaer ni en un número, estas revistas –la primera, como su nombre indica, de una sola salida anual–, han conservado su espíritu desinteresado de profundo cientifismo, y en la misma altura y respeto, la dignidad de sus páginas.

La decadencia de las revistas de literatura pura. Pero en el año transcurrido hay un marcadísimo signo de decadencia. Y se nota en el campo de las revistas de literatura pura. Mediodía (Sevilla), Litoral (Málaga), Papel de Aleluyas (Huelva), Verso y Prosa (Murcia), Meseta (Valladolid), Parábola (Palencia), Manantial (Segovia); todas estas revistas, de un nuevo renacimiento literario, han confirmado su desaparición. Y con ellas las dos publicaciones limitadas, pero a cuya falta ya no era fácil acostumbrarse, Carmen –para la poesía– y Lola –para la ironía–. Desapariciones tanto las de unas como las de otras en exceso dolorosas.

Hoy se nos asegura el nacimiento de nuevas voces, en hojas semejantes. Pero es lamentable dejar morir así los esfuerzos que ya habían dado evidentes fructíferas recolecciones.

Revistas políticas. Por su seriedad y por ser auténticamente adoctrinadora debe hablarse de una sola entre las demás hojas volanderas con el objetivo del combate. Que adquiera la categoría de gran revista se debe citar con exclusividad a Política, que aparte de sus campañas decididas, presenta un programa intensivo de honda enseñanza, y en la que los más arduos problemas se hallan siempre tratados por notables especialistas. Esta revista, que pertenece al año, debe llegar a muchos de publicidad.

Revistas en promesa. Ahora se nos promete una auténticamente literaria, orientada en el sentido de ese grupo que hemos reseñado como para siempre desaparecido. Pero ésta, con un mayor aire joven y combativo. Su animador principal será Salvador Quintero. Así se guisará la revista y tal vez lance alguna que otra dentellada. Se titulará: Extremos a que ha llegado la Poesía española. ¡Que nazca con buen pie, futuros compañeros!

Publicaciones de cinema. Publicaciones, sí; pero no revistas. Es duro confesarlo y se debería remediar inmediatamente. No hay en España una sola revista legible del cinema.

«Bolívar». Merece apartado exclusivo por su peculiaridad. Es una revista que aparece en España con tinte y tratando principalmente de problemas americanos. También data su primera salida del presente año. Pero la capacidad de sus animadores ha de proporcionarla amplio y feliz éxito.

«Arquitectura». Los arquitectos españoles disponen de unas páginas en las que cada día se nota mayor esmero de confección y elección de originales. Y es que además del fino sentido que en dichos arquitectos preside han querido asesorarse del gusto poco común y de exquisita selección de José Moreno Villa. En este año, la afirmación de tal asesoría artística se ha producido plenamente.

Catalanas. Habría que citar varios títulos, tal vez bastantes, pero nosotros nos contentaremos hoy, y por este resumen, con dos, Helix, cuya publicación parece que no se reanudará, y Mirador, esa gran revista de las letras que puede servir en todo momento de ejemplo latente.

«Nueva Revista». En 1930 y durante pocos meses, ha tenido vida una publicación con este título, pero no con este espíritu. Era una revista de jovencitos que querían lanzarse, sufragándose sus propios gastos, al ruedo de la moderna literatura. Pero la publicación era tan endeble –salvando las dádivas excepcionales de Pedro Salinas, Jorge Guillén y algún otro– que pocos fueron sus lectores y muchísimos menos sus admiradores. Los jovencitos, realizada su ilusión juvenil de lanzar las hojas a la calle, tuvieron que suspenderlas, ¿por falta de recursos? Con aspecto exterior de «verso y prosa», el contenido era aburrido y monótono. Por eso esta revista no creemos que resucite.

«Atlántico», reaparece. Sí, reaparece. Esta es una noticia que alegra. Atlántico es la revista gráfica de los valores nuevos en España.

A Guillén Salaya le damos la enhorabuena por su nuevo esfuerzo y le deseamos –previo gran cuidado y selección de gráficos y originales– muy larga vida para la anunciada etapa de su publicación.

Miguel Pérez Ferrero, La Gaceta Literaria, 1 de enero de 1931

(N. B. El artículo se ha extraído de la hemeroteca de Filosofía.org.)