La biblioteca fantasma

Del cubismo al clasicismo (IV)


Gino Severini,
Tren de la Cruz Roja atravesando un pueblo, 1915 (Guggenheim, NY)

(Prosigue el capítulo I.)

Para ser realmente eficaz y útil a un pintor, la teoría no debe estar separada de la experiencia, del mismo modo en que la experiencia, a su vez, debe basarse en una teoría previa y demostrada.

Así, por ejemplo, toda la obra de Ingres se opone al sensismo y aspira al clasicismo. Pero de la obra de Ingres no se desprende una teoría clara, por lo que sus enseñanzas resultan vagas y sus intenciones tan sólo podemos intuirlas además de, como es evidente, admirarlas.

Delacroix en cambio siempre ha intentado cultivar al unísono la experiencia y la regla. Desde este punto de vista, sus enseñanzas son para nosotros más precisas, pues nos proporciona algunas reglas generales y claras sobre la relación entre líneas y colores, y sobre el modo de «componer» un cuadro.

Por lo que respecta a reglas y consejos, sin embargo, el primer puesto corresponde al libro de Signac sobre el neoimpresionismo. Esta tendencia artística derivada de Seurat, nuestro verdadero precursor, y el libro de Signac que resume las reglas generales, constituyen el primer intento serio de devolver a los pintores a un método auténticamente científico. Por desgracia, sobre todo por lo que respecta a la forma, se trata de «reglas demasiado generales», inciertas e imprecisas.

En estos últimos años, en fin, hemos creído comprender la obra de Cézanne. Muchos pintores, por no decir casi todos, aún no están convencidos. Yo tampoco, si bien, tras admitir el talento indiscutible de Cézanne, pienso que se trata de un falso punto de partida. Todo cuanto se construye a partir de éste acabará por colapsarse porque se basa en lo más efímero, inestable y variable sobre la tierra: las sensaciones.

He creído, como todos, en el «clasicismo» de Cézanne, pero ahora que he comprendido el origen sensorial de sus «intenciones», no puedo creer a un hombre que quiere hacer «verdaderos Poussin», que quiere «reiventar lo clásico a través de la naturaleza, es decir, a través de las sensaciones».

Sigo siendo un gran admirador suyo, y le agradezco ciertas indicaciones que sus obras, instintivas y no calculadas, me han dado.

Pero hoy creo poder afirmar que el camino por recorrer es exactamente el opuesto al de Cézanne.

(Traducción de Gongren)