La biblioteca fantasma

Quico Rivas, sin fin (I)

Venía de Sevilla. Yo me dedicaba al tema de la pintura moderna desde los quince años. Con Juan Manuel Bonet, siendo aún estudiantes de bachiller, fundamos el Equipo Múltiple y participamos en bastantes exposiciones. Había hecho crítica de arte en El Correo de Andalucía y trabajé con Juana de Aizpuru cuando abrió su galería. Después tomé parte en un ambicioso proyecto, algo más que una galería, que fue un bombazo en la época, pero que sólo duró dos años. Se llamaba M-11. Hicimos exposiciones antológicas de Millares, Saura, Equipo Crónica, Gordillo, Quejido… Por otro lado, pasábamos dinero a grupos de teatro independiente y, curiosamente, a bandas de rocanrol. Era el momento de Triana, Guadalquivir, el llamado rock con raíces. Patrocinamos una banda llamada Goma a la que produjimos incluso un disco, con cubierta de Alberto Corazón. De alguna forma, ya nos animaba el espíritu de conectar con otros temas a través de la pintura. El cierre de M-11 coincidió con mi licenciamiento de la mili. Y lo típico, la maletita y para Madrid, a buscarse la vida. […] Lo que se llamó movida es una historia que, para mí, ya se está labrando en esos momentos y toma cuerpo, incluso, en el año 79. Un momento fundamental es, por ejemplo, el primer concierto de Dr. Feelgood en Madrid, con Wilko Johnson. Era una banda con tanta intensidad como los grupos punk y la misma autenticidad de las formaciones de garaje. A eso le añadimos unos chorritos de glam y ya tenemos la New Wave. Recuerdo que nos pasamos todo el puñetero concierto repartiendo un panfleto firmado por el colectivo Margen. Éramos un grupo de chalados, empachados de Deleuze y Foucault, que participábamos en la campaña contra la Ley de Peligrosidad Social, antigua Ley de Vagos y Maleantes, por la cual se suponía que te podían detener sin ningún motivo, simplemente con la presunción de que no tenías ingresos reconocidos. Colaborábamos con la Coordinadora de Grupos Marginales en Lucha, junto a la COPEL [Colectivo de Presos en Lucha], la Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Comunes, colectivos de homosexuales y lesbianas, grupos de psiquiatrizados en lucha, etc. La noche antes del concierto se había producido uno de los motines más sangrientos de Carabanchel. Aquello era bastante demencial: una mezcla de COPEL con Dr. Feelgood… Aún alentaba en nosotros algo del viejo espíritu de solidaridad y rebeldía. Era un momento de renacimiento libertario. Mi novia de entonces era de la CNT y dirigía en la Facultad de Filosofía un seminario sobre Stirner, el filósofo ácrata más radicalmente individualista. Entre sus alumnos se encontraban José Luis Brea y Santiago Auserón. […]

Yo era un simple fan, por así decirlo, capaz de embarcarme en excursiones incomodísimas para ver a Ultravox y Blondie en Canet Rock. Ahora, sólo de pensarlo, se me ponen los pelos de punta. Un día, vía Barcelona, me llegó una extraña propuesta de trabajo. Gay Mercader le había ofrecido a Martí Font y a Diego Manrique transformar el viejo y entrañable Disco Exprés en un producto de mayor entidad cultural. Tuvimos reuniones y reuniones con cantidad de gente: Ordovás, Mariscal, Loquillo, Montesol, Onliyú, Ceesepe, a quienes se acabaron sumando Alberto Cardín, Federico Jiménez Losantos, Lluís Fernández, Leopoldo Panero, Biel Mesquida… Yo firmaba como El Tramposo de Sevilla y patrociné el debut de los Corazones Automáticos, los dos hermanos Auserón más sus novias respectivas, Cathy y Montse. Precisamente a través de una entrevista que hice a Herminio Molero éste conecta con los hermanos Auserón y acaban formando Radio Futura. En muchos sentidos, Herminio fue una especie de adelantado. Manías aparte, jugó un papel verdaderamente premonitorio al que habría que hacer justicia. A estas alturas, era el primero, o uno de los primeros, que había reflexionado seriamente no sólo sobre la posibilidad, sino sobre la necesidad, de utilizar los medios de comunicación de masas. Mientras que para nosotros el enemigo, a nivel de música, eran todavía Los 40 Principales y la SER, es decir, cualquier cosa que sonara a comercial, a aceptación de las reglas de juego del sistema, Herminio teorizó acerca de que los medios, los canales comerciales, había que utilizarlos a favor y no en contra. O sea, que había que introducirse en las listas de éxitos en lugar de ponernos en plan underground. En la práctica, Herminio era el único que poseía una dilatada trayectoria underground. Como músico experimental había participado en Alea; junto a Pedro Almodóvar había realizado happenings; y como pintor estaba muy vinculado al núcleo fundacional de la Galería Buades, donde, desde 1971, se habían ido dando a conocer Pérez Villalta, Carlos Franco, Alcolea, Manolo Quejido, Chema Cobo, Eva Lootz, Adolfo Schlosser…

Otro grupo, con el que tengo menos relación en ese momento, es Kaka de Luxe, del que El Zurdo saldrá por un lado, nucleado fundamentalmente en torno a Olvido, Carlos Berlanga y las Costus, con personajes intermedios como Guillermo Pérez Villalta, Sigfrido Martín Begué, Juan Pérez de Ayala, Pablo y Luis Pérez Mínguez, Carlos Serrano… Todo esto antes del 79. […]

En ese momento me dedicaba a la pintura con mucha más pasión que ahora. Aún escribía en El País, donde entré en el 75 y del que me echaron más o menos por aquel entonces. Por otro lado, trabajé en TVE con Paloma Chamorro y además estaba la editorial y la historia de Disco Exprés… Quizás el único papel que puedo reivindicar es el de haber presentado agente que hasta entonces no se conocía. Todavía me perdía la curiosidad por descubrir nuevos ambientes, nuevos sitios, nuevos talentos.

[De la entrevista publicada por José Luis Gallero en Sólo se vive una vez. Esplendor y ruina de la movida madrileña. Madrid: Árdora, 1991, pp. 90-103.]

  1. Gongren

    < HREF="http://libertaddigital.com/opiniones/opinion_43889.html" REL="nofollow">Otra evocación de Quico.<>(Ah, y no me tuerzan el gesto, que ya vamos siendo mayorcitos.)

  2. el rufián melancólico

    Muy bien traída la entrevista del libro de Gallero. Cuando fue realizada Quico vivía sus años de esplendor, o de cierto “frufru” como él decía. De como luego le cambió la suerte, de sus años negros, de su deriva refractaria a lo largo de la última década, de sus incendios, de su lucidez caústica y amarga contra aquella élite cultural o artística a la que había pertenecido y que tan bien conocía, se tendrá que hablar a fondo algún día. A mi este último Quico es el que más me interesa.

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