La biblioteca fantasma

Exordio (III)

Exordio
por
Pierre Drieu La Rochelle
(Traducción de Gongren)

III

2. Después de la guerra

No partí, como tantos otros, de la idea de que Francia estaba derrotada. Para mí, tan sólo se trataba de un acontecimiento que formaba parte de una situación mucho más general. Francia había perdido su posición dominante en Europa tras la expansión del imperio inglés, la unificación alemana y el desarrollo de Rusia y Estados Unidos. La escalada de las nuevas potencias nos relegaba a un segundo rango.

Nos vimos obligados a mantener un sistema de alianzas en el que ocupábamos una posición subordinada, tal como lo han demostrado nuestras relaciones con Inglaterra treinta años después. Ante tal situación, no cabía más que protestar.

Por eso asumí y describí con claridad ese hecho que he detestado por encima de todo pero que en absoluto considero doloroso, pues forma parte de la evolución del mundo y el humanismo y lo Europeo lo compensan. Tal detestación es natural y a un intelectual digno de ese nombre tan sólo le cabe soportarla con estoicismo. Ha de continuar con tan ingrata tarea.

A partir del momento en que nos convertimos en una potencia secundaria, subordinada a un sistema, hemos de saber qué alianza conviene más a Francia, tanto a sí misma como a Europa. Jamás separé ambos objetivos, pues para mí no podían ser más que uno.

El sistema alemán me parecía preferible a los otros porque América, el imperio inglés y el imperio ruso tienen demasiados intereses fuera de Europa como para encargarse de ella. O quizás se hayan dado cuenta de la Europa que se avecina.

Ahora bien, yo quería mantener la unidad de Europa desde Varsovia a París y desde Helsinki a Lisboa. Sólo la entente entre Alemania, potencia central y principal —vasto proletariado industrial y científico—, y las demás naciones continentales, podía mantener esa unidad.

Tal entente se presentaba bajo la forma de una hegemonía alemana que aceptaba del mismo modo en que había aceptado en Ginebra la de Francia e Inglaterra por el bien de la unidad europea.

He cambiado al respecto. En ciertos momentos he criticado mucho la idea de hegemonía y he preferido la de federación. En otros, he pensado que una implicaba la otra: la federación es inviable sin la hegemonía, ni ésta sin la federación.

En virtud de estas ideas generales, acepté el principio de colaboración.

Vine a París en agosto de 1940, decidido y a sabiendas de que estaba a punto de romper con la mayor parte de la opinión pública francesa por mucho tiempo. Era perfectamente consciente de los inconvenientes que iba a encontrarme, profundos inconvenientes del corazón; pero a despecho de mis miedos y mis retiradas, me esforcé por cumplir con lo que consideraba mi deber.

En todo momento defendí y desarrollé estas tres ideas:

1. La colaboración entre Alemania y Francia debía considerarse como un aspecto de la situación europea. No se trataba tan sólo de Francia, sino de los demás países. No se trataba de una alianza particular, sino de un elemento que formaba parte de un sistema.

Tal postura no comportaba ningún elemento afectivo. Jamás he sido germanófilo, lo he dejado bien claro. Y de hecho guardaba todas mis simpatías para el genio inglés, que conocía mucho mejor.

2. Procuraba mantener mi espíritu crítico y me enorgullezco de haberlo conseguido incluso más allá de lo posible, tanto por lo que respecta al sistema alemán como al inglés, el americano o el ruso.

Vi de inmediato que la mayor parte de los alemanes no comprendía la grandeza de su tarea y la novedad de los medios que exigía.

3. Al entrar en un sistema de coordinación y subordinación que satisfacía o debía satisfacer mis aspiraciones internacionales, europeas, procuré defender la autonomía francesa, por lo que tenía ideas meridianas sobre la política interior y el camino que debía seguir la defensa de Francia.

¿Qué medios he empleado para defender estas ideas generales? Salgamos del terreno de lo intelectual y lo abstracto para entrar en el de la conducta individual.

  1. Reinhard

    No da usted tregua,coño. Drieu prefirió evitar la depuración con el suicidio. Si todos los franceses que no opusieron resistencia hubieran hecho lo mismo….

  2. Bremaneur

    JAJAJAJAJA; Reinhard, es usted un animal. Pero algo de razón lleva. Les recomiendo de nuevo las memorias del embajador de Argentina en París durante la ocupación y los meses anteriores. Por un lado, muestra el papel del gobierno: reuniones en las que le piden material militar que, evidentemente, habría de tardar semanas en ser recibido -y material argentino!, cosa que hasta a él mismo le sorprende- y por otro describe perfectamente la vida cotidiana de francesitas terrazeñas que, mientras los soldados se destripan en el frente, beben sus combinados ajenas a la catástrofe.

  3. Reinhard

    Hay un libro sobre el tema que he ojeado y que tiene buena pinta:-La depuración, de Herbert Lottman,de Tusquets Editores. ¿ Saben ustedes algo?

  4. Bremaneur

    Sigo obsesionado por la figura de Salazar Mallén. Aprovechando que el Spree pasa por Berlín he ido a la Biblioteca del Instituto Iberoamericano y he sacado un libro leído otras veces. Volvía a picarme la curiosidad. La furcia rueda de la Fortuna diome lugar a leer nuevamente algo que ahora brilla con propia luz. Se trata de un libro recopilatorio de artículos de Salazar Mallén, comunista disidente, fascista disidente, hecho por José Luis Ontiveros. Una entrevista-epílogo me lleva a:<>– No existe en ti una deploración de tu época fascista, una especie de lamentación celinesca, e “yo no fui, no tuve la culpa, no fui fascista realmente!”?<>– No, fíjate, hay una dificultad doctrinaria más que un lamento: para atacar al comunismo tuve que decidirme a adoptar el fascismo como una trinchera.Siempre he dicho que el fascismo fue para mí trinchera. No me gustaba el fascismo, lo sentía como una necesidad. Recuerdo haber juzgado a Diego y a Siqueiros, cuando por 1932 lloriqueaban porque los habáin expulsado del Partido y querían regresar a él; yo siempre he tratado de no lloriquear, soy un tipo pasional y en el tiempo que adopté el fascismo lo tomé como pasión; las acciones de Acción Populara Mexicana, el partido fascista que fundé por 1936, con ser producto de un grupo muy pequeño, que no pasaba de los catorce militantes, provocó que la CTM y el Socorro Rojo pidieran insistentemente nuestra disolución. […]<>Puedo entonces decirte que no me identifico con Céline; sino más bien con el clima espiritual del <>Exordio<>, de Drieu de la Rochelle, creo que va más de acuerdo con mi temperamento.<>

  5. Gongren

    Reinhard, a pesar de que no conozco el libro, viniendo de Lottman es una buena garantía, ya que conoce como pocos el París que va de los años veinte (sus monografías sobre Man Ray y Modigliani son muy recomendables) hasta bien entrados los cuarenta (imprescindible su crónica de la Rive Gauche).Mañana tendrá la cuarta y última parte del Exordio. Y el domingo, contenga la respiración porque vienen curvas.

  6. GOTIGOTI

    Gracias Gongren por traducir el Exordio. Tal vez ande equivocado pero tengo para mí que en esa época se vivía en Francia un clima de gurra civíl larvada. ¿ La ocupación alemana lo exacerbó o evitó que estallase? Al marqués, me temo, le gustan más los grandes auditorios.

  7. Gongren

    Algo hay de eso, GotiGoti. Por lo que sé, la depuración fue una manera de buscar un chivo expiatorio con el que lavar la mala conciencia por la pasividad e incluso la aquiescencia de la mayor parte de los franceses con cuanto estaba pasando. Piénsese, por ejemplo, en que el Partido Comunista Francés, por mucho que se diga, saludó el pacto germano-soviético. Hay quien dice que el verdadero mérito de De Gaulle fue crear el mito de la Resistencia –ojo, <>el mito,<> no la Resistencia en sí misma.

  8. el rufián melancólico

    Suscribo lo que dice Gongren de Lottman. Es un autor a tener muy en cuenta cuando nos adentramos en los andurriales de la Francia que va del Frente Popular a la la depuración. A mi fue quien me iluminó este escenario y además me hizó llegar a autores y libros que hasta entonces no conocía y mucho menos había leído. La bibliografía que aporta al final de sus libros es apabullante, una guía de primer nivel para profundizar más aún en el asunto.Reinhard, no lo dude, si puede encontrarlos en internet hágase con ellos. Yo por mi parte me apunto el libro que recomienda Bremaneur, el de Salazar Mallén.La debilidad de Brema por los renegados de toda laya y condición es muy de agradecer. Volviendo a Lottman, en <>La depuración<> el capitulo 6 tiene por título : Todo el mundo colaboraba. Intentaré en otro post trascribir algo. Es muy aleccionador.

  9. el rufián melancólico

    Cometí un error. El capitulo que tiene por nombre: Todos colaboraban, es de La Rive gauche y no de La depuración. Incluyo el fragmento en atención a Reinhard quien creo habló en una entrada anterior de Brasillach. Del libro <> la depuración<> colgaré más tarde otro fragmento. “Cuando de releen las memorias de los grandes personajes de aquellos años, se corre el riesgo de sacar la conclusión de que en París casi todo el mundo resistía. Pero también podría demostrarse que “todo el mundo colaboraba”. En parte, esto puede ser explicado por los esfuerzos de los mismos colaboracionistas, para quienes era reconfortante y hasta útil, para evitarse la prisión e incluso algo peor, probar que no habían sido los únicos implicados en actividades culpables y quizá criminales.La afirmación de que “todo el mundo colaboraba” se encuentra en particular en las memorias de quienes se asociaron con las fuerzas de ocupación alemanas y que intentaron, más tarde, disculparse exponiendo un cuadro de todos aquellos que habían “obrado como ellos”. El hecho de que muchos colaboracionistas activos no fueran sancionados nuca, o bien se vieran condenados a penas de prisión leves, suspendidas o amnistiadas casi enseguida (la ley nos prohibe hasta mencionar tan solo tales tales penas), facilitó su reiserción en la buena sociedad, en la que alcanzaron con frecuencia posicionesw influyentes, tales como directores de periódicos, estrellas de la radio o de la televisión o miembros de la Academia Francesa.En el curso del proceso en que era acusado de espionaje con el enemigo, en enero de 1945, y luchaba por salvar la cabeza, Robert Brasillach declaró al tribunal que le interrogaba sobre sus relaciones con los alemanes en París: “He visto en el instituto alemán cierto número de personas, cierto número de escritores, algunos de los cuales se verían en un aprieto si no tuviera la caridad de callarme sus nombres”.Desarrollando su estrategia defensiva, reveló algunos detalles.“De cualquier manera, puedo decir que la única vez en mi vida que he visto al señor Gaston Gallimard, hoy eminente editor, fue en el Instituto Alemán. puedo también decir que todo lo que significa algo en Francia ha pasado por el Instituto Alemán. Al señor Georges Duhamel <>(risas)<> lo he visto en el Instituto Alemán; he visto en el Instituto a Jean Giradoux. He almorzado con Jean Giradoux en el Instituto Alemán y no creo que Jean Giradoux sea un traidor…”Herbert lottman<>La Rive Gauche<>Tusquets

  10. marqués decrépito

    DEPURACIÓNTal libro de Lottman me fue prescrito en su día por el Rufián y me apliqué el emplaste. No me arrepiento. A raíz de su lectura envié una carta incendiaria a Revista de Libros (que fue publicada) cuya copia buscaré y se la pondré aquí para su solaz. Ocurrió tal hace cinco años.

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