La biblioteca fantasma

Exordio (II)

Exordio*
por
Pierre Drieu La Rochelle

(Traducción de Gongren)

II

Discurso

Para explicar mis ideas, seguiré el orden de los acontecimientos.

1. Antes de la guerra

Siempre he sido nacionalista e internacionalista al mismo tiempo.

No internacionalista a la manera pacifista y humanitaria, ni tampoco universalista, sino en el marco de Europa. Ya en mis primeros poemas, escritos en trincheras y hospitales entre 1915 y 1916, me declaré patriota francés y patriota europeo.

Siempre he rechazado el odio intelectual hacia algún pueblo. Mis primeros poemas se titulaban Denuncia de los soldados europeos o A vosotros, alemanes («No os odio, pero me opongo a vosotros con la fuerza de las armas»).

Tras la guerra, continué, me preocupé por Francia, por su vida, por su orgullo y al mismo tiempo puse mis esperanzas en la Sociedad de Naciones.

Al principio pensaba que el capitalismo podría reformarse por sí mismo. Luego renuncié a esa creencia ingenua y me consideré socialista entre 1928 y 1929.

Mis libros Medida de Francia, Ginebra o Moscú, o Europa contra las patrias dan testimonio de la constancia de ese sentimiento ambivalente aliado a un espíritu crítico gracias a Dios lo suficientemente despierto.

He escudriñado todos los partidos de Francia y no puedo más que despreciarlos. Ni la vieja derecha ni la vieja izquierda me satisfacen. Soñé con ser comunista, pero no se trataba más que de un acto de desesperación.

A partir de 1934 mis dudas y mis vacilaciones llegaron a su fin. En febrero de aquel año rompí definitivamente con la vieja democracia y el viejo capitalismo. Pero el desembarco de los comunistas en el Frente Popular, junto a radicales y socialistas, me alejó de ellos. Me habría gustado juntar a los manifestantes del 6 y el 9 de febrero, los fascistas con los comunistas.

Creí hallar esa fusión en Doriot en 1936. Al fin la derecha y la izquierda se encontraban. Pero me decepcionó el pseudofascismo francés del mismo modo en que otros perdieron la confianza en el Frente Popular. Un doble fiasco que benefició a un viejo régimen moribundo que aún coleaba.

Y hete aquí lo que ansiaba hacer por Doriot y mis camaradas del Partido Popular Francés: rehacer una Francia fuerte, libre del Parlamento y las camarillas; lo bastante fuerte para imponer a Inglaterra una alianza en la que reinasen la igualdad y la justicia. Francia e Inglaterra deberían entonces volverse hacia Alemania para emprender unas negociaciones en las que primasen la firmeza y la comprensión. O le concedíamos colonias o la lanzábamos sobre Rusia. De ese modo habríamos podido intervenir en el conflicto a su debido tiempo.

Después de que Doriot hubiese fracasado como un vulgar La Rocque, nos hallamos en una situación muy comprometida. Después de un Múnich al que apoyé sin alegría, con desprecio, abandoné el partido y me encerré en mi biblioteca, a la espera de que sobreviniese la catástrofe.

Tuve una visión muy lúcida de lo acaecido en 1939 y 1940. Sabía que era imposible una revolución en Francia, hecha por los franceses. La revolución tan sólo podía venir de fuera. Y así lo creo de nuevo, pero en 1940 mantuve la esperanza contra todo pronóstico.

Un Comentario

  1. marquesdecubaslibres

    PRESENTESiempre estoy con ustedes, aunque sea en espíritu. Ando atribulado por temas menores, de ahí mi incomparecencia.

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