La biblioteca fantasma

El permiso

El permiso
por
Pierre Drieu La Rochelle

Traducción de Gongren

Un tren llega a París, una asombrosa carabela venida del Nuevo Mundo. La tropa salta y se dirige hacia la ciudad de las mujeres.

Seducción brutal de la primera hora. El hombre queda manchado desde el principio.
Paras un taxi y traicionas a esa muerte que te ha brindado tantas conversaciones emocionantes. Durante siete días, estarás comprometido con otros asuntos.

Entras en un bar.

Tras escapar del otro mundo, quieres asegurarte de que en éste los hombres ostentan tus ideales recién recuperados, da igual si han tenido que entregar el alma para comprar su vida a precio de oro.

Aquí la paz prosigue en un perpetuo adocenamiento. Notas cómo te roza una de esas pobres amigas para una tarde. Bondadoso, acoges el ensueño entre los brazos. Después de un primer soplo que os deja sin sangre, el aguijón atroz de la soledad. Bebes. El alcohol cambia de sitio.

Hacemos un alto en los bares para apurar alcoholes humeantes de gloria, esa miserable mujerzuela.

Por la mañana nos encontrábamos en medio de desiertos donde rugían las fuerzas del mundo y ahora, por la tarde, estamos en la ciudad, rebosante de placeres sin cuento, en la que tanto da cómo nos comportemos, bien o mal.


De pronto, una visión irrefrenable: todos esos hombres que anhelarían dormir dulcemente y que pasan las noches retrepados a carromatos que ruedan monótonos por esos malditos caminos. Habréis oído, en el transcurso de esa rutina que espesa la sangre, los juramentos que se aferran a sus penas.

Nostalgia absurda de una tierra sin mujeres, donde el hombre se convierte en el único testigo del hombre, donde se sufre demasiado.

¡Y qué! Esta noche no tendremos que sufrir. ¡Disparemos de una vez, que el líquido se engolfa en el fondo del vaso! ¡Saltemos fuera del tiempo! ¡Alehop!

¡Andanada va!

Cuánta bajeza… Quizás, después de la guerra, vivas rodeado de mujeres…

Ni siquiera lograrás ser lo que ella desprecia. Desea la fealdad admirable de una herida de mierda y verás cómo se alejan de ti.

Una mujer. Que espera. No importa cuál.

Aún quiero sentirme amado. Y esta vez daré las gracias. Me cuelgo de la primera que viene. Todas son cariñosas. Hundo la nariz en su corazón. Hozo hasta apresar la felicidad con los dientes. Muerdo.


La dulzura disuelve toda dureza, todo cálculo, todo residuo de una satisfacción herida. Muerdo.

¿Habrá un error irreparable?

¿Acaso un signo impuro?

Su alma innoble me inunda la nariz.

¿Será ésta? ¿Tal vez aquélla?

Pronto, por muy breve que sea el tiempo, irrumpe la capciosa monotonía.

  1. Protactínio

    ¡Qué texto más hermoso! Y las ilustraciones, únicas: entre el dramatismo y la indolencia. Como la guerra (de entonces) misma.

  2. Perolo

    Justo lo que diría yo, Protactínio, aunque ese “ambiente” me recuerda a otro muy presente.

  3. el rufián melancólico

    Las “mujeres solitarias” , los licores y los cafés. No puede haber retaguardia más confortable para el soldado. El hedonismo culpable de Drieu enseña la oreja.

  4. Bremaneur

    Vuelve la obsesión de Drieu por la hembra. Este texto me entusiasma. “Ni siquiera lograrás ser lo que ella desprecia.” Mon Dieu!!

  5. Gongren

    A ver si me animo y les envío la traducción de unas paginillas sobre el quintacolumnismo nazi en Francia que Louis De Jong incluye en su <>German Fifth Column in the Second World War<> (Londres: Routledge & Kegan Paul, 1953).

  6. Bremaneur

    Our inglis is veri gud, Gongren. Bastará con que las copie.“pero que nunca intuyan -mujeres solitarias-la derrota de Ulises”Para Drieu, póstumamente.

  7. Bremaneur

    Gracias, Julia. El mérito es de Gongren. Espero abrir otra entrada esta semana con un nuevo texto de Drieu.***Aquitania, estamos esperando su versión de los hechos.

  8. Aquitania

    Bremaneur, tengo la intención de hacerlo. La demora se ha debido a un fin de semana largo (o una semana corta, según se mire), la del 28 de febrero que fue fiesta en Andalucía, la muerte de un amigo y al festival internacional de tango que se celebra en Granada.Pero es que la narrativa no es lo mío. Tengo la costumbre (buena o mala, depende) de pensar en voz alta o, lo que es lo mismo, pensar con los dedos en las teclas.No obstante, lo intentaré a lo largo de esta mañana

  9. Aquitania

    Érase una vez una exposición que se organizó en Madrid con motivo del material obtenido durante la investigación que se llevó a cabo para la realización de una película-documental.Ella vivía en una ciudad a 430 km de distancia. Pese a que tenía mucho interés en asistir a la inauguración, además de que era una ocasión única para encontrarse con amigos y conocidos a los que hacía tiempo no veía, por motivos laborales no le era posible ir. Claro que, cuando ella tiene muchísimo interés en algo, no hay obstáculo que no pueda salvar. Ella es así.Llegó cuando sólo faltaba media hora para cerrar, saludó a los amigos y se dispuso a contemplar lo expuesto; apenas tenía tiempo para echar un vistazo rápido. Estaba en ello cuando, al volver una esquina, quedó “atrapada” por un cuadro: La Biblioteca Fantasma, de Carlos García-Alix. Y allí se quedó hasta que, amablemente, la invitaron a salir, del cuadro y de la sala, porque iban a cerrar. Hacia la salida se tropezó con la mirada de un señor que le sonrió, ella correspondió y salió; no sabía quien era ni tampoco había a quien preguntarle.Pasarían un par de meses antes de que ella volviera a Madrid.Tiene un amigo que gestiona un blog cuya imagen y nombre son el del cuadro que la atrapó, así es que le pidió que averiguara si existían láminas del mismo y donde podría adquirirla; dijo que lo averiguaría y ahí quedó el asunto. Simultáneamente, un contertulio del blog se ofreció a acompañarla durante su visita dominical al Rastro; ella aceptó encantada aunque no sería posible el encuentro hasta un mes después, que ella volvió.Y ocurrió que, no sólo conoció al contertulio, lo que por sí sólo ya hubiera sido más que satisfactorio, sino que éste acudió a la cita con Carlos García-Alix que resultó ser el señor con el que intercambió mirada y sonrisa en la exposición (tiene buena memoria fotográfica, no así para recordar nombres. Curiosamente, unos días antes había estado buscando en Google sobre él). Pero es que aún hubo más: uno de los dos (con tantas emociones no sabría decir si fue Carlos o el contertulio) le regaló una reproducción del cuadro, enmarcada. ¡No lo podía creer!Los complices por omisión (de información): Sergio y Fernando, dos amigos a los que adora y que, con su silencio, hicieron posible que esa mañana de domingo fuera única e irrepetible.

  10. Aquitania

    Amigo Gongren, lo que quiere decir es que lo que he escrito se entiende y además da sentido a los posts que escribí el 24 y 27 de febrero? Si es así, no sabe lo que me alegra saberlo, que ya estaba yo esperando la llamada de atención de Bremaneur (léase con voz grave): “¡Aquitania, haga el favor de explicarse de una vez, en cristiano, o calle para siempre”.En cuanto a lo de la narrativa, le aseguro que no, ¡ya me gustaría!, lo que pasa es que, hasta los más ineptos, alguna que otra vez tenemos un día inspirado.

  11. happel

    Hay un libro en rumano que se llama BAJO EL CIELO DE ESPAÑA, CABALLEROS DE LA ESPERANZA, del bolchevique rumano Walter Roman. Cuenta sus experiencias en la Guerra Civil Española,en la que combatió al mando del batallón Ana Pauker en defensa de la causa republicana. eL libro está muy disminuída por la rigidez de la ortodoxia de Ceausescu, del que Roman fue hasta su muerte leal servidor, pero buscaré algún texto interesante y te lo haré llegar por si te interesa para el blog. Bona nit.

  12. Gongren

    Saint-Exupéry < HREF="http://blogs.periodistadigital.com/tizas.php/2008/03/15/iphone-saint-exupery-microsoft-backberry" REL="nofollow">no desapareció en el Sahara<>. Aun así, el mito sigue vivo.(Y, por favor, no piensen en <>El principito.<>)

  13. Gongren

    Estimado Happel, gracias por el queo. (Por cierto, ¿sabe si se pueden conseguir libros rumanos en España?)

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