La biblioteca fantasma

La plegaria de Hargeville

La plegaria de Hargeville

por
Pierre Drieu La Rochelle

Traducción de Gongren

Llegamos, la noche anterior, a este pequeño pueblo francés. Las postrimerías del otoño se han convertido en una debacle y la magnífica melancolía ha mudado en disgusto irremediable. Llueve. El paisaje se desvanece bajo un vaho pesado. Las casas, desperdigadas a lo largo del camino, desaparecen, desbordadas por el lodo.

La iglesia, por fuera, semejaba una choza de gran solidez, construida en piedra antigua. Dentro, unos adornos infames, producto del engaño de esta época tan plebeya. Es domingo. La formidable liturgia se eleva por encima de la juventud hasta dar con la voz aguardentosa del sacristán y el agrio griterío de algunas chicas. Permanezco durante casi una hora entre los bancos de madera, adormilado por el reflejo áureo de la casulla y la custodia.

El pueblo está lleno de americanos que llegan en masa desde las grandes ciudades de ultramar. Regresan a la Europa que abandonaron hace diez o doscientos años. Soldados de un gran ejército, henchidos de orgullo —europeos ayer; hoy americanos—, adiestrados bajo una disciplina furiosa, vueltos todos hacia un vacío desconocido.

He venido con estos hombres nuevos, como guía, a este rincón de mi patria donde las tradiciones rústicas se perpetúan desde los tiempos de Roma. Y todo lo que nació allá, el lugar de donde vienen, se convierte en negación y amenaza de cuanto aquí persiste.

En esta pequeña habitación que me han asignado, entre los bultos de mi moderno equipo y una chimenea construida con un arte que nos ha sido vedado, cuyos aromas recuerdan al tabaco exótico y a la leña verde que ardía en casa de mi abuela, he decidido meditar un poco mientras velaba las armas.

Una larga hilera de camiones franceses dormita en el camino. Dentro de un rato reemprenderán la marcha, juntos, al encuentro de ese cañón que sin cesar golpea la inmensa pared de mi alma. Hacia el horizonte, con paso lento, como viejas campesinas, con sus cubiertas de lona a modo de toquillas, dispuestos a arrojar su cargamento de jóvenes yanquis a la misma boca del infierno.

Aun hallándome en esta habitación, formo parte del gran drama planetario. La comunión feroz de mi alma con todo cuanto oprime a los hombres venidos de allende hace que estos muros estallen como si hubiesen sido golpeados por un obús. Estoy perdido, perdido para siempre entre esta multitud, en la muerte, en esta humanidad fundida con la naturaleza, transido por melodías que me son del todo superiores.

La agonía comienza: me arrodillo ante el que seré mañana. Intento unir el mañana al hoy de una manera absolutamente rigurosa e inevitable mediante el vigor de mis súplicas. Intento ligar el que seré mañana ante la muerte con el que hoy soy, en la antesala de la muerte. Acumulo en mis nervios la magia de la plegaria.


Ay, yo mío, no cambies, permanece, persiste, no huyas.

Ay, fuerza mía, orgullo mío… acudid cuando os lo pida.

Ay, carne mía, no olvides que eres tan sólo parte de mi alma, pues no digo «ay, cuerpo mío», sino:

«Ay, carne mía, no evites a mi alma».

Es preciso que caiga en la cuenta; es preciso que me conozca. Para mí, no existen treinta y seis maneras de hacer: debo resistir, dejarme llevar por la valentía, con el puño cerrado, sin que el miedo ni el deseo de huir hagan mella en mí.

Y, entonces, me lanzaré, me abatiré como una granada.

Moriré.

No puedo dejarlo. Jamás podré dejarlo. Por eso será mejor que desaparezca en la ofensiva de mañana, antes del armisticio, pues si vuelvo a la paz, no hallaré nunca una disciplina que me sea tan simple, tan sencilla.


¡Fácil!
¡Vaya! Acuérdate del cólico que sufriste en Verdún.

Ya que vino de ese modo, ya que una voz se elevó entre mis voces y las dominó con la violencia deliciosa del amor —y respondió: «sí»— y desde entonces su eco emocionante me acompaña siempre en la lucha, poniendo a prueba mis fuerzas, digo que ese aliento es mi voluntad, mi dios y deseo «que mañana te manifiestes, Dios mío».

Pero no será así. Ya me he escindido: mi carne refunfuña, se rebela, y mi carne ¿acaso no es una idea que vale tanto como otra… la del sacrificio? Y el recuerdo que vuelve me acerca a lo que encontré y había olvidado. Reminiscencias atroces que me laceran cada vez con más frecuencia. Aquel obús de Verdún… el año pasado… La vaharada caliente que me envolvió, el aliento fétido que me arrasó el alma, el gesto obsceno de la muerte en mis entrañas, la mancha en los pantalones y aquel grito que bullía infantil, inolvidable, imborrable, aquel aullido de inteligencia entre el silencio bestial de los soldados.

¡Ay, las ideas! ¡Zorras! ¡Vuestra tozudería me ha sometido a tan terribles exigencias! ¡Mirad en qué estado me encuentro, ya tan natural en mí, a punto de extenderse hasta el paroxismo de los músculos y los nervios, más allá de tan funesto cólico! ¡Cuánto genio corre por mis venas, dispuesto a ponerme en pie para derramar mi sangre!

Y sin embargo, no me queda nada más que la agonía, esta tortuosa meditación de alcoba, a menos que quiera, ya de vuelta entre los vivos, arrastrar un lamento incurable por no haber cumplido con mi hora.


Ay de mí, Dios mío… Quiero ser un dios para mí mismo. Es preciso que, al fin, alcance la eternidad y que el mañana se parezca al hoy.

Pero, en el caso de que no resulte muerto, ¿habré vencido? Si fuese así, regresaré en busca de una mujer y saborearé de nuevo el fruto… Esa ternura, esa dulzura hacia las que vuelvo en medio de esta guerra… Ese amor que se vierte gota a gota en mi corazón y que quizás lo llene poco a poco… Esa mujer que me amaba, esa única mujer que ha sabido amarme… ¿Acaso podré caer alguna vez en otros brazos?

Debo pelear, pues ansío vivir hasta el momento de mi muerte y que el alma llene todo el espacio, allá donde se encuentre el cuerpo de las mujeres, allá donde estalla el hierro, allá donde se coagula la sangre de los hombres, su terrible gloria.

Por eso he de cerrar un capítulo de la vida de mi alma precipitándome, a través de los siglos, en la eternidad. Es preciso que mi cuerpo, mi bello cuerpo de hombre joven, siga su camino, pues de lo contrario, si rechazase la grandeza, la alegría, no valdría nada. Es mejor que, antes de abandonarse al amor o el deporte, lo arrastre la fuerza formidable de la guerra. Por uno de esos raros favores de la fortuna, tengo derecho a un suplicio breve e inminente, a la floración súbita y audaz del fuego. Tengo derecho al rayo que los dioses me hendirán con su ruda mano.

Pero tengo miedo a ese amor que me ha traído, ese amor que ha venido a buscarme, esa llamada que me ha seguido por doquier y a la que obedezco aún sin saber cómo.

Y aquí estoy, hundido en la soledad. Y sin embargo, aún deseo probar la carne de las mujeres, y la mía, tan distinta, predispuesta al sacrificio. Y me gustaría dormir en una bahía tranquila, a medio camino del mar y la montaña. Dormir, bañarme… Dormir entre dos senos.

Esa alegría que me arranca de todos los placeres, de todos los deleites, es terrible, aunque me prepare para lo peor. Las ansias son demasiado grandes, demasiado pesadas, demasiado obstinadas.

¿Adónde voy? ¿Adónde me llevan? No cabe duda: ya veo el destino a mis espaldas. Se diría que soy la proa de tan fatal amor de juventud.

Ay, guerra, avatar de la soledad, me obsesionas… y me tienes. Me dispongo para el asalto final. Me entrego a ti con armas y bagajes. Me has instilado una ternura incurable. No sabría vivir lejos de ti. Transido por tan extraño amor, me doy cuenta de que sólo soy un niño fascinado y perdido.

¿Cómo despertar de tan mística ensoñación?

Octubre de 1918

  1. Neguev & me

    Solo oir el nombre me abre las carnes, amigo Brema. Seré una sectaria, pero del mismo modo que quite de mis intereses a Saramago, este sujeto me merece la misma consideración. Fuera, entre los escritores que me prohibo, por salud mental, su lectura.Un saludo amigo

  2. Bremaneur

    Amiga Neguev, lea los comentarios del post anterior a éste y preste atención a lo que dice el Rufián sobre Cèline. Ahí está resumida mi postura frente a estos autores.No obstante, sobre Drieu se ha hablado aquí en anteriores ocasiones. Mire los comentarios de las entradas dedicadas a Masereel. Drieu aparece como alguien más complejo de lo que imaginaba.

  3. el rufián melancólico

    Volvemos a Drieu. Me gusta esta sensación de tiovivo. Vértigo también en los comentarios. Nombres que abren carnes, palabras como cuchillos.Lamento no tener a mano el libro “Sobre Arte y Literatura” de Leon Trotsky publicado por Alianza Bolsillo. Llevo buscándolo durante días pero… En el resumen de textos de Trotsky recuerdo que se incluye su agria polémica con Lunatcharsky, Comisario de las Artes del país Soviético. Discutían en un congreso de arte proletario. Lunatcharsky atacó en su intervención con furia a Celine y a su “Viaje”. Lo presentó como la suma de todos los males. Lo antagónico con el arte proletario. Trotsky tomó entonces iracundo la palabra y defendió ferozmente a Celine. Trotsky sabía ser brillante y cruel con la pluma y la palabra. Aquel día dijo simplemente que Celine era el mejor, el único escritor revolucionario, el único proletario del espíritu de aquellos días. El único que había dado la expresión exacta del pudridero espiritual de aquella Europa.A todos los demás, por mucho que presumieran de literatura proletaria, les llamó mediocres y se rió con saña y en sus barbas de su vulgaridad. Creo que sería muy interesante rescatar esta polémica y colgarla en sucesivos post. Además, leer a Trotsky siempre es un placer.El texto de Drieu merece un comentario aparte. Me pondré en ello.

  4. Reinhard

    Excelente hallazgo, Brema.¿ Puede usted darme referencias de una obra del autor llamada “El hombre a caballo”? Es por si merece la pena y la pido por correo.Saludos.

  5. Bremaneur

    Trotsky, sobre < HREF="http://www.elastillerolibros.com.ar/textos_detalle.asp?id_texto=75&id_articulo=0" REL="nofollow">Cèline<>. El texto lo ofrece una gran librería, por cierto.

  6. Bremaneur

    Ni idea, Reinhard. Los expertos aquí en Drieu son el Marqués y Gongren. Espero que puedan ayudarle.

  7. el rufián melancólico

    Un texto excelente para acercarnos al primer Drieu y comprobar la tremenda influencia de Nietzsche en su formación. Todo en el está impregnado de la inefable vocación del héroe y su voluntad estética por la tragedia. Un canto a la inmolación frente al altar de la guerra que se presenta como el elemento purificador de una sociedad enferma y condenada. Hay mucho de tradición romántica en sus palabras, de sueño juvenil. Me resulta inevitable pensar en Mishima.

  8. Gongren

    Estimada Neguev: el Drieu de 1918 está muy lejos del que, veinte años más tarde, escribirá <>Socialisme fasciste.<> De hecho, en 1917 se había casado con Colette Jéramec, una joven judía, hermana de un buen amigo suyo, y sus ideas se basaban más en sus lecturas de Nietzsche y Kipling que en un credo político coherente y unificado. No creo que haya nada en los escritos de esta época que afecte a nuestra salud mental –de hecho, ni en los que publicó a partir de la década de 1930–, pero siempre es bueno discutir acerca de la independencia de los textos respecto de la biografía de su autor.P.S. Si lo ha leído, gracias. Si no, también.

  9. Gongren

    Estimado Rufián: no he podido leer la obra aún –también la he adquirido a través de la red–, pero por lo que sé, se trata de una novela publicada en 1943 –y, por lo tanto, durante su etapa nacionalsocialista–, “impregnada de un fuerte misticismo”.Aún no he leído nada del Drieu fascista, pero me temo que su posicionamiento se debe más a una voluntad de sobreponerse al proceso de decadencia que veía en Europa que a una asunción sin fisuras del ideario nazi.De todos modos, ya veré.

  10. Gongren

    Estimado Brema: le agradezco mucho que haya publicado el texto con tanto mimo. Sin embargo, no me tengo por un especialista en Drieu. Creo que sería conveniente, por la cuenta que nos trae, revisar a fondo lo ocurrido en Europa entre 1908 y 1945. Alguien como Drieu, que pasa del comunismo al nacionalsocialismo en busca de una redención para una Europa que deseaba federal y opuesta tanto a Rusia como a Estados Unidos no puede dejarnos indiferentes.

  11. Bremaneur

    Conviene dejarlo claro: la idea de la entrada y la traducción del texto han sido ambos obra de Gongren. Mil gracias.El texto estaba hasta ahora inédito es español. Es todo un honor que la Biblioteca Fantasma lo albergue en sus estantes carcomidos.***Lo que dice Gongren del Drieu de 1917 lo enlazo con lo que dice del mismo el Rufián. ¿No hay un anticipo en este texto del Drieu de los años 30?

  12. GOTIGOTI

    Drieu escribe la oración de Hargeville al llegar a los alrededores de Verdun,cercana a la primera línea de fuego. Esto es lo que ocurrió al dia siguiente según Pierre Andre biógrafo de Drieu : “en “La oración de Hargeville”, escrita probablemente al llegar a aquel sector ,Drieu se dirige una plegaria a sí mismo,a su carne,a su alma,a su fuerza, para no desfallecer mañana ante la prueba. Drieu va a comprobar muy pronto que no es fácil ser fiel a esa plegaria. Una mañana, a finales de Octubre, el general americano anuncia en el comedor de oficiales que al día siguiente visitará algunas trincheras de primera línea. Drieu le pide autorización para acompañarle. Al día siguiente Drieu se levanta confuso por su gesto del día anterior,pero intenta agradar al general. Acude al comedor de oficiales y se entera de que para la primera hora de la tarde está previsto un ataque conjunto con un regimiento de coloniales.”Me estremecí. Una hermosa ocasión para no acompañar al general, La tentación penetró en mí de un golpe y en seguida vi otros diez pretextos para no ir a las trincheras…” El joven intérprete volverá a sus atribuciones normales y el general visitará solo las trincheras. Pero Drieu no podia librarse tan fácilmente de sí mismo: ” Has jugado con el peligro.has jugado con fuego. No puedes irte de rositasprecisamente cuando el juego es más tentador y peligroso. Esta es la primera baza, Doble o nada”. Al caer la tarde ya no puede más y tomó el camino de las trincheras . Atraviesa el bosquecillo a cuya salida estuvo a punto de morir el general por culpa de un obús. Se cruza con un herido y entonces ve lo que no tenía que haber visto. Encima de una camilla yacía un hermoso joven con el rostro hecho papilla; en aquella papilla rosácease formaban burbujas ;vivía; era un oficial del estado mayor. Drieu corrió a refugiarse en el hormigón del P.C. Al día siguiente era rremplazada la división. Unos cuantos días después llegaba el armisticio”.

  13. Gongren

    Estimado GotiGoti: muchísimas gracias por su intervención. El texto de Pierre André que nos ha brindado ayuda a comprender mejor el texto de Drieu.Esta Biblioteca es un lujo.(Por cierto, próximamente, habrá más textos de Drieu.)

  14. GOTIGOTI

    Reinhard, esto es lo que dice Frederic Glover,en la biografía que cité en el post anterior,sobre “El hombre a caballo” : ” La idea la tuvo en Argentina al escuchar a Borges contar anécdotas sobre un dictador boliviano. Esta obra maestra indiscutible,con “El fuego Fátuo” y ” La comedia de Charleroi”, es una novela muy elaborada y un auténtico logro. La novela expone ,mediante una trasposición,el fracaso de la revolución socialísta y de la unificación de Europa bajo la hegemonía de Alemania. Desengañados, hay dos héroescomplementarios,el intelectual y el jinete-hombre de acción.que tienen la oportunidad de replegarse a las orillas de un lago y presentar una conclusión simbólica al fracaso de su sueño”. Por essas fechas ,escribe Drieu en su diario: ” Empiezo a abrazar el conjunto de la Tradición, me hace falta alguien suficientemente serio para acelerar mi involución. Nos encontramos en la tristeza y la monotonía . Yo puedo escapar a esto gracias a la poesía y a la oración” Estoy con Gongren,ni la tragedia de Drieu ni la de Céline pueden dejarnos indiferentes. No eran santos ¿pero quién podia serlo en aquella época?

  15. el rufián melancólico

    Del texto de Drieu me llama la atención esa conclusión final de “…me doy cuenta de que solo soy un niño fascinado y perdido.” No se podía expresar mejor y con mayor belleza la realidad sicológica en que se haya. La pureza de su fe, de su anhelo heroico, enfrentado al turbión de la historia y al miedo irreprimible a la humillación de la cobardía, el dolor y la muerte. No me siento capaz de comparar a este Drieu temprano con aquel otro de los años 30 que abraza el fascismo. No lo he leído lo suficiente, pero mucho me temo -somos hoy lo que éramos ayer- que Drieu siempre fue un hombre atormentado y escindido, que su “yo” no tuvo nunca tregua.

  16. el rufián melancólico

    El azar y el desorden de nuestros anaqueles polvorientos presenta vidas paralelas a la manera de Plutarco. Masereel y Drieu, por ejemplo. El pacifista y el belicista en el bulevar Saint Germain, París circa 1930. Los dos en la terraza de La Rotonde, oteando el horizonte, displicentes, con ese incierto estigma medieval marcado en sus espíritus, un eco gótico de caballeros andantes. Y lo dos, haciendo su particular retorno al orden. Fascismo y comunismo.Intento completar la edición de las obras de Drieu traducidas al castellano. Aquí apunto algunas cazadas en la red. Si alguno de ustedes conoce otras hágalo saber. El hombre a caballoEd. PremiaMéxico 1981 Relato secretoAlianza EditorialMadrid 1978Historias acerbasEd. Bruguera Barcelona 1982Estado civilEd. IcariaBarcelona 1978El fuego fatuoAlianzaMadrid 1975GillesAlianza EditorialMadrid 1989Diario de un hombre engañado Ed.BrugueraBarcelona 1981Memorias de Dirk RaspeSeix Barral Barcelona 1972

  17. Bremaneur

    Tres títulos más y un prólogo:Burguesía soñadora / Pierre Drieu La Rochelle ; traducción, Gema Moral Bartolomé. Madrid : Artime, 2007. 409 p. Traducción de: Rêveuse bourgeoisieCaprichos de un celoso y otros cuentos / Pierre Drieu La Rochelle. [S.l.] : Tiempo Presente, [19] 95 p. (Colección Editorial Tiempo Presente ; 4)El gallo escapado / [por] D.H. Lawrence ; prólogo de Drieu La Rochelles ; traducción [del inglés] de Carlos Agustín y Santiago Hileret. Barcelona : Laertes, 1980. 86 p.Una mujer en su ventana : novela / Drieux La Rochelle. Traducción de Julio Gómez de la Serna. Madrid : [Galo Saez, 1931]. 324 p.Relato secreto, seguido de Diario (1944-1945) y Exordio / [por] Pierre Drieu la Rochelle ; [traducción del francés de Mercedes Reig] Madrid : Alianza Editorial, 1978. 109 p.

  18. Bremaneur

    Sus comentarios son dignos de ser enmarcados, señores, pero hoy me producen una tristeza especial. Esta mañana he dejado escapar en un rastrillo de Berlín varios periódicos del año 1914, con jugosas fotografías e ilustraciones de la Iª Guerra Mundial. También unos periódicos americanos editados en Berlín en 1945 que daban la noticia del cautiverio de Laval. Qué desastre, por Diosssss.Sobre Verdún. Ricardo León, en su <>Europa trágica<>, nos ofrece una crónica desde el bando germano. Un joven oficial le relata cómo fue la batalla:“El día 21, con las primeras luces del alba, nuestros grandes calibres vomitaron una tromba de acero sobre el frente francés. Los morteros automóviles de 30 centímetros, con sus granadas de 300 y 400 metros de explosión, esos monstruos de la guerra actual que, junto a los obuses del 42, han roto, a la par de las más robustas corazas, todas las bases de la fortificación moderna, hicieron añicos en un santiamén la primera línea, desde Consenvoye a Ornes”.Ricardo León. <>Europa trágica<>. Ed. definitiva en un solo vol. Madrid: Victoriano Suárez, 1945.Gómez Carrillo escribió sus crónicas desde el lado francés. Reflexiona sobre el nuevo tipo de guerra que está contando. A veces resulta demasiado frívolo, pero otras apunta alguna cosa interesante:“El primer día que notamos todos cuán diferente es la guerra actual de las guerras de otros tiempos, fué cuando leímos en la lista de los soldados muertos en el campo de batalla el nombre de Charles Peguy. ¡El autor del Mistère de la charité de Jeanne d’Arc acostado en una trinchera con el pecho atravesado por una bala, no, en verdad, no era natural, casi no era verosímil![…]Que muera el soldado, está bien. Para él la gloria y el respeto. Pero hay hombres que no son soldados, hay hombres que no han nacido para matar, sino para pensar.E. Gómez Carrillo. <>Crónica de la guerra<>. Madrid: Librería de los Sucesores de Hernando, 1915.***Leyendo a Gómez Carrillo me viene a la mente la figura de uno de mis escritores favoritos: Saki.***Sobre lo que dice el Rufián acerca de la última frase del texto de Drieu: siempre me ha llamado la atención la juventud de estos intelectuales que se lanzaron a la guerra desde el bando de la propaganda y la agitación. Pienso en Ridruejo, por ejemplo. Juventud, rabia y fuego, equivocación y confusión.

  19. Bremaneur

    Una vez terminada la guerra, los automóviles volvieron a descargar americanos en los campos franceses. Ya no eran camiones del ejército sino autobuses de la agencia Cook. Ya no soldados camino del matadero sino turistas cuya meta son las bodegas. Visitas guiadas por los frentes. Lo cuenta Arthur Holitscher en <>El Baedeker de los locos<>, que ya trajimos aquí cuando hablaba de Masereel. La descripción del viaje por los frentes junto a los americanos no tiene desperdicio. Y el final de la crónica, cuando se despide de ellos para volver a París, merece ser transcrito: “¡Adiós, amados semejantes! ¡Que el diablo cargue con vosotros!”

  20. el rufián melancólico

    Bremaneur. Muy acertado lo de traer a Gómez Carrillo y Ricardo León.Saldrán más.De los franceses quiero recuperar algo de “La mano cortada” de Cendrars. Otra visión de la Gran Guerra.Prepararé algo.Los Americanos… Creo que el último capítulo de aquella Europa no tiene tanto la fecha de la toma de Berlín por los rusos como la del día que los americanos arrojaron la bomba en Hiroshima.No se desespere. Yo estuve esta mañana en el Rastro y dejé pasar muy buenas piezas. Eso sí. Yo estaba felizmente acompañado de Aquitania y no me dolieron prendas. No se llega nunca a todo, como dice Gulliver.

  21. Aquitania

    ¡Los milagros existen, doy fe!Sr. Brema…. Ya hablaremos usted y yo (¡y pensar que tenía información privilegiada y no dijo nada!)Sr. Marqués…. ¡Otro que tal! Sabiendo como sabía y dejándome decir y hacer.Bueno, perdonen que les abandone pero me voy a contemplar mi cuadro.

  22. Gongren

    Buenas noches a todos. No me había acordado de que tenía por casa varios libros sobre la primera guerra mundial. Uno de los mejores es el de Michael Howard, publicado por Crítica, en el que hace un repaso muy sucinto del conflicto desde un punto de vista estrictamente estratégico. Les extracto lo referente a la campaña de Verdún (pp. 94-97).<>A finales de 1915 los ejércitos alemanes habían vencido en todas partes, pero sus victorias no hacían vislumbrar el fin de la guerra. La paciencia de los civiles que los respaldaban empezaba a flaquear. […] [El estado mayor llegó a la conclusión] de que la guerra sólo podía ganarse en occidente. […] Su principal adversario ya no era Francia, que rozaba el agotamiento, sino Gran Bretaña. […] Si se pudiera infligir a Francia un golpe sin precedentes, de manera que se viera obligada a pedir negociaciones [Gran Bretaña se daría por vencida] . […][Alemania] recurrió al método ya utilizado con éxito en las campañas orientales: el desgaste. <>La destrucción de los ejércitos franceses debería hacer que Francia se desangrase literalmente hasta la muerte.<> Se obligaría a los franceses a atacar para recuperar un territorio que no podían permitirse perder […]: la fortaleza de Verdún. <>Aunque no tenía importancia estratégica alguna,<> Verdún estaba situada en la cima de un saliente vulnerable, además de ser un enclave histórico asociado a las mayores glorias militares de Francia. […] Los ejércitos alemanes sufrirían inevitablemente pérdidas en sus filas durante el ataque, pero éstas […] quedarían minimizadas […] por el uso efectivo […] de la sorpresa, la eficiente labor del estado mayor y, sobre todo, la superioridad masiva de la artillería. Así pues, el 21 de febrero de 1916, <>tras un bombardeo de nueve horas con casi mil cañones,<> comenzó el ataque.[…] A las órdenes del general Philippe Pétain […], las tropas francesas obedecieron las instrucciones de aferrarse a cada metro de territorio […]. <>Los cañones dominaban el campo de batalla: a finales de junio, cuando por fin cesaron los ataques alemanes, la artillería de ambos bandos había creado un paisaje de pesadilla que el mundo no había contemplado antes. A su horror se añadió el creado por el gas y los lanzallamas en la guerra cuerpo a cuerpo. Ambos bandos perdieron medio millón de hombres,<> pero nunca llegará a saberse cuántos más yacen enterrados en aquel atroz cementerio. Verdún quedó en manos de los franceses […] pero la victoria casi acabó con su ejército.<>HOWARD, Michael (2002): <>La primera guerra mundial,<> Barcelona: Crítica.

  23. el rufián melancólico

    “La vida de Drieu se lee como una novela, lo que explica quizá por que se prefiere a menudo su biografía a sus obras. Había nacido en 1893 y había recibido la influencia nacionalista de Maurice Barres y la monarquía de Maurras. En numerosas ocasiones, en el curso de su carrera, se aprovechó de la caución de su mujer de origen judío, y de la de Enmanuel Berl, que también era judío. Pero para ser más coherente con el fascismo, se convirtió en antisemita. Había seguido también a los surrealistas, luego había sido camarada de Aragon y , más tarde de Malraux; estuvo a punto de ser comunista o socialista, antes de optar por el nacionalsocialismo. Era amigo de Gaston Gallimard y mantenía buenas relaciones con todo el grupo de la NRF; cuando Gallimard publicó “Socialisme fasciste” de Drieu en 1934, Julien Benda expresó su admiración en la NRF y hasta el comunista Nizan ensalzó su estilo en “Monde”. Berl pidió a Drieu que escribiera una serie de artículos sobre las naciones fascistas para la revista de Gallimard, “Marianne”. Durante esos años, en los que Drieu hablaba de literatura comiendo con Malraux (que publicaba en Gallimard y era su amigo), militaba en un movimiento político “prefascista”, participaba en un congreso del partido nazi en Alemania y elogiaba al fascismo en el periódico del Partido Popular Francés de Jaques Doriot. Halló incluso la manera de establecer una distinción entre sus viejos amigos, ahora enemigos políticos, y los otros. Así pues, en “L`Emancipation Nationale” de Doriot, describía en 1936 a Malraux y Aragon como intelectuales estalinistas que sabían bien lo que hacían: algo que en su temperamento se prestaba a la violencia y a la astucia. Pero lo inquietaban mucho más los humanistas como Gide y Guéhenno: “Comprendo que Malraux, que es un nietzscheano, un violento, un apologista del terror, defienda la aventura de Stalin”, escribía. “Pero Gide y Guéheno eran los grandes culpables pues aparentaban no experimentar esa tiranía que hiere todas sus fibras…”Tales contradicciones hacen de Drieu un personaje cuya historia se lee con interés, pero apenas es representativo de los años treinta. Morirá sólo, profetizaba Nizan. La ocupación de París hizo de él un personaje importante durante un breve periodo, como veremos más adelante.”Herbert LottmannLa rive gaucheTusquets

  24. Brazil

    A pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad. Albert Camus ———¿Para qué matar? Para eliminar competidores.

  25. Neguev &amp; me

    Gongren dijo… Estimada Neguev: el Drieu de 1918 está muy lejos del que, veinte años más tarde, escribirá Socialisme fasciste. De hecho, en 1917 se había casado con Colette Jéramec, una joven judía, hermana de un buen amigo suyo, y sus ideas se basaban más en sus lecturas de Nietzsche y Kipling que en un credo político coherente y unificado. No creo que haya nada en los escritos de esta época que afecte a nuestra salud mental –de hecho, ni en los que publicó a partir de la década de 1930–, pero siempre es bueno discutir acerca de la independencia de los textos respecto de la biografía de su autor.P.S. Si lo ha leído, gracias. Si no, también—–Estimado Grongen, yo no juzgo ni califico a quienes lo leen haciendo abstracción de las implicaciones políticas de su pensamiento. Lo único que he expresado en mi post son mis condicionamientos voluntarios,desde luego, cuando me niego a contextualizar un autor que pasa a la posteridad, no tanto por su calidad literaria, que tampoco juzgo, sino por su implicación con el fascismo militante, y tal como usted señala su deriva antijudía.Pero entiendo que es una cuestión personal que solo a mi me afecta. No obstante le agradezco su comentario.Es Obvio que por motivos similares excluyo a tantos otros; porque no encuentro placer en esas lecturas.

  26. Neguev &amp; me

    Gracias Brema..Algo he leido. He de confesarle que se me hace tan cuesta arriba, que me resisto inconscientemente a practicar la ecuanimidad que separe la obra del autor y su cosmovisión política. Sobre todo en algunos casos flagrantes como el propio Céline o Pound, y este mismo.Me niego a ser benévola. ( tómelo asi)

  27. Bremaneur

    «A Francia habían acudido en los últimos tiempos grandes masas de hombres que buscaban en ella amparo frente a la nueva barbarie que se desencadenaba en Europa a cambio de ofrendarles sus vidas, su trabajo y sus hijos. Francia tenía a orgullo el ser tierra de asilo y se vanagloriaba de que todo hombre civilizado tuviese dos patrias, la suya y Francia. La vitalidad francesa, en decadencia, se mantenía gracias a estas intenciones constantes de sangre nueva. Cerca de un millón de italianos, medio millón de españoles, cientos de miles de checos, austriacos, polacos, rumanos, rusos, alemanes y judíos de todas las nacionalidades servían sumisos y humildes a la grandeza de Francia, sólo por devoción al mito de la Democracia. La monstruosa elaboración de los Estados totalitarios y su expansión triunfal llevaba a Francia a unas masas de humanidad que representaban una selección espiritual, una élite de todos los pueblos de Europa. A quienes los Estados totalitarios eliminaban eran los mejores, los más fuertes, los más dignos, los que habían sabido resistir, los que no se habían doblegado ante la barbarie triunfante. Francia, que hubiera podido edificar contando con ellos un Estado de una fortaleza indestructible, se dejó ganar poco a poco por las sugestiones del adversario, renegó de sí misma y de cuanto había representado en el mundo, se rindió a la coacción de la propaganda enemiga y trató como adversarios y delincuentes a quienes acudían a ella en calidad de servidores fieles del ideal que Francia había simbolizado siempre.Yo he visto y he sentido hondamente al amarga decepción de esos cientos de miles de hombres que, perdida su patria por la expansión triunfante de la barbarie totalitaria, llegaban a Francia creyendo encontrar en ella el baluarte de la democracia y la civilización y se encontraban con un nazismo vergonzante, larvado, con el cadáver maquillado de una República Democrática en cuyas entrañas podridas germinaba la gusanera del totalitarismo.Francia se ha suicidado, pero al suicidarse ha cometido además un crimen inexpiable con esas masas humanas que habían acudido a ella porque en ella habían depositado su fe y su esperanza. Entre las cláusulas del deshonroso armisticio aceptado por el mariscal Pétain hay una que basta y sobra para deshonrar a un Estado; la cláusula en que el gobierno francés se compromete a entregar a Hitler, atados de pies y manos, a los refugiados alemanes anti-hitlerianos que habían buscado su salvación en Francia y a quienes el Estado francés había utilizado sin escrúpulo en el simulacro de lucha contra el hitlerismo. La entrega al verdugo alemán de esos hombres que habían tenido fe en Francia será una de las mayores vergüenzas de la historia.»Manuel Chaves Nogales. Del prólogo a <>La agonía de Francia<>.

  28. el rufián melancólico

    La vergüenza de Francia fue aún mayor de lo que Chaves dice. Los franceses no solo entregaron a Hitler a los refugiados alemanes antinazis y a miles y miles de exiliados de todos los rincones de Europa. Hubo algo todavía peor: La colaboración plena del gobierno de Vichy en la política alemana de exterminio judío. Esta si que fue la gran vergüenza final de la “Republique”. No perdonaron ni a los niños.Los españoles exiliados, no lo olvidemos, fueron los primeros en catar el paño francés y ser tratados como perros. Febrero de 1939. La traición de Francia para la España que perdió la guerra tiene los nombres siniestros e inolvidables de Argelés, Saint Cyprien y Barcarés. “Campo Francés” lo llamó Max Aub. Existe un libro, además del de Aub, que no debe faltar para seguir la suerte de los exilados españoles en la Francia de la segunda Guerra Mundial. Fue publicado por Ruedo Ibérico en 1969 y tiene por titulo “Los olvidados”. Su autor es Antonio Vilanova.

  29. Gongren

    Por cierto, ahora que lo mencionan, uno de los primeros tanques que entraron en el París liberado estaba pilotado por españoles. Lo habían llamado –¡cómo no!– <>Don Quijote.<>Algún día habrá que hablar del papel de los soldados republicanos en la Resistencia.

  30. Bremaneur

    Tiene razón, Rufián. La colaboración de Francia con el exterminio llevado a cabo por los nazis supone el capítulo más sucio de su historia. Lo que les copio a continuación es un poco largo, pero merece la pena ser leído con detenimiento.En junio de 1942, Eichmann llamó a sus asesores destinados en Francia, Bélgica y Holanda, a fin de trazar los planes de las deportaciones de judíos en estos países. Himmler había ordenado que se diera a Francia prioridad absoluta en el plan de “rastrillar Europa de oeste a este”, debido, en parte, a la importancia inherente a la nation par excellence, y, en parte, a que el gobierno de Vichy había dado muestras verdaderamente sorprendentes de “comprender” el problema judío, y, a iniciativa propia, había promulgado abundantes medidas legislativas antijudías. En la Francia de Vichy se había formado un departamento especial dedicado a Asuntos Judíos, encabezado por Xavier Vallant y, un poco después, por Darquier de Pellepoix, ambos conocidos antisemitas. Como especial concesión a la particular clase de antisemitismo existente en Francia, que estaba íntimamente relacionado con una fuerte y generalmente chovinista xenofobia extendida a todas las capas de la población francesa, la operación comenzaría con los judíos extranjeros, y como sea que, en 1942, más de la mitad de los judíos extranjeros de Francia eran apátridas -refugiados y émigrés de Rusia, Alemania, Austria, Polonia, Rumania y Hungría, es decir, de las zonas que o bien estaban sometidas a Alemania, o bien habían promulgado la legislación antisemita antes del estallido de la guerra-, se decidió iniciar la operación deportando a un número de judíos apátridas, cuya cuantía se estima en cien mil. (La población judía total del país superaba, en aquel entonces, el número de trescientos mil individuos. En 1939, antes de la llegada en 1940 de los refugiados procedentes de Bélgica y Holanda, había doscientos setenta mil judíos, de los cuales por lo menos ciento setenta mil eran extranjeros o nacidos en el extranjero.) Era preciso deportar a toda velocidad a cinuenta mil judíos de la zona ocupada y a cincuenta mil de la Francia de Vichy. Se trataba de una empresa de envergadura, que necesitaba no solo la conformidad del gobierno de Vichy, sino también la activa colaboración de la policía francesa, a la que correspondería cumplir la función que en Alemania llevaba a cabo la policía de orden público. Al principio no hubo dificultades, ya que Pierre Laval, primer ministro del gabinete de Pétain, dijo que “estos judíos extranjeros siempre han sido un problema para Francia”, por lo que “el gobierno francés estaba contento de que el cambio de actitud de los alemanes les proporcionara la oportunidad de desembarazarse de dichos judíos”. Debemos añadir que Laval y Pétain pensaban que estos judíos serían reasentados en el Este, y que ignoraban el verdadero significado del término “reasentamiento”.Dos fueron los incidentes que llamaron especialmente la atención del tribunal de Jerusalén, y los dos ocurrieron en el verano de 1942, pocas semanas después de que se diera inicio a la operación. En el primero de ellos, un tren que debía partir de Burdeos, el día 15 de julio, tuvo que suspender su salida debido a que en Burdeos solo se pudieron hallar unos ciento cincuenta judíos apátridas, número que resultaba insuficiente para llenar el tren que Eichmann había conseguido con grandes dificultades. Tanto si Eichmann interpretaba o no este hecho como un primer indicio de que las cosas no iban a ser tan fáciles como algunos creían, el caso es que el incidente le impresionó muchísimo, y dijo a sus subordinados que se trataba de una “cuestión de prestigio”, no ante los franceses, sino ante el Ministerio de Transportes, que podía formarse una falsa idea acerca de la eficacia de la organización de Eichmann, y también dijo que “tendría que estudiar si no sería mejor prescindir de Francia en lo referente a la evacuación de los judíos”, en el caso de que dicho incidente se repitiera. En Jerusalén, esta amenaza fue tomada muy en serio, como prueba del poder de que Eichmann gozaba, ya que, al parecer, era hombre capaz de “prescindir de Francia”. En realidad, tal frase fue una de las ridículas fanfarronadas de Eichmann, demostrativa de “empuje”, pero que difícilmente podía considerarse como “prueba de… su importancia administrativa ante sus subordinados”, salvo que a continuación les amenazó con privarles de los cómodos empleos de que gozaban en aquellos tiempos de guerra. Pero si bien el incidente de Burdeos resulta un tanto cómico, el segundo incidente dio lugar a que se contara una de las historias más espeluznantes entre cuantas se escucharon en el juicio de Jerusalén. Es la historia de cuatro mil niños, separados de sus padres, quienes se hallaban ya camino de Auschwitz. Los niños quedaron en el punto de concentración francés, es decir, el campo de Drancy. El día 10 de julio, el Hauptsturmführer Theodor Danneker, representante de Eichmann en Francia, le telefoneó para preguntarle qué debía hacer con los niños. Eichmann necesitó diez días para decidirlo. Después, llamó por teléfono a Dannecker y le dijo que, “tan pronto como podamos despachar de nuevo trenes al Gobierno General de Polonia, deberá expedir a los niños”. El doctor Sevatius señaló que este incidente indicaba que “las personas afectadas no eran seleccionadas por el acusado ni por ningún otro miembro de su equipo”. Pero, desgraciadamente, nadie mencionó que Dannecker había informado a Eichmann que el propio Laval había sido quien propuso que en las expediciones se incluyeran niños que todavía no habían cumplido los dieciséis años; esto demostraba que el horripilante episodio ni siquiera fue consecuencia de “órdenes superiores”, sino el resultado de un acuerdo entre Francia y Alemania negociado a alto nivel.En el curso del verano y el otoño de 1942, veintisiete mil judíos apátridas -dieciocho mil de París y nueve mil de la Francia de Vichy- fueron deportados a Auschwitz. Entonces, cuando quedaban unos setenta mil judíos apátridas en toda Francia, los alemanes cometieron su primer error. En la creencia de que los franceses se habían acostumbrado a la deportación de judíos, y que no pondrían objeciones a la petición que iban a formularles, les pidieron permiso para incluir también judíos franceses, con el solo fin de facilitar los trámites administrativos. Esto provocó que la situación cambiara de signo. Los franceses se negaron con indignación a entregar a los judíos de su propia nacionalidad a los alemanes. Himmler, al ser informado de lo ocurrido -no por Eichmann, sino por uno de los altos jefes de las SS y de la policía-, se plegó inmediatamente a los deseos de los franceses y prometió que los judíos de esta nacionalidad quedarían excluidos. Pero era ya demasiado tarde. Los primeros rumores sobre el significado de “reasentamiento” habían llegado a Francia, y si bien todos los antisemitas franceses, e incluso los franceses que no lo eran, hubieran visto con gusto que los judíos extranjeros se establecieran en otro lugar, fuera de las fronteras de su patria, también es cierto que ni siquiera los antisemitas deseaban ser cómplices de asesinatos masivos. En consecuencia, Francia se negó a tomar una medida que poco tiempo antes estudiaba con cariño, es decir, a revocar las ciudadanías concedidas después de 1927 (o de 1933), lo cual hubiera permitido deportar a cincuenta mil judíos más. Los franceses también comenzaron a poner una interminable serie de dificultades a la deportación de judíos apátridas o extranjeros, de tal manera que verdaderamente tuvo que “prescindirse” de llevar a la práctica los ambiciosos planes de evacuación de los judíos de Francia. Docenas de miles de apátridas se escondieron, y miles de ellos huyeron a la zona de Francia ocupada por los italianos, es decir, a la Costa Azul, donde los judíos estaban seguros, fuese cual fuese su nacionalidad u origen. En el verano de 1943, cuando Alemania había sido ya declarada judenrein [limpia de judíos] y los aliados habían desembarcado en Sicilia, no llegaban a cincuenta y dos mil los judíos que habían sido deportados, es decir, menos del veinte por ciento del total, y de estos no llegaban a seis mil los que poseían la nacionalidad francesa. Ni siquiera los judíos prisioneros de guerra en los campos de internamiento alemanes dedicados a judíos franceses fueron objeto de “tratamiento especial”. En abril de 1944, dos meses antes de que los aliados desembarcaran en Francia, todavía quedaban en el país doscientos cincuenta mil judíos, y todos ellos sobrevivieron hasta el fin de la guerra. En realidad, resultó que los nazis carecían de personal y de fuerza de voluntad para seguir siendo “duros”, cuando se enfrentaban con una oposición decidida […]Hannah Arendt. <>Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal.<>

  31. Gongren

    (A modo de paréntesis. Hoy en el Nickjournal Arcadiano.)[195] Escrito por: Blogger El Crítico Constante; 25 de febrero de 2008 13:57:00 CETBuen tipo Jean Clair. Comparto muchas de sus opiniones (somos productos parecidos de una misma derrota) y trató de establecer otra genealogía del lo contemporáneo buscando los márgenes. Le fracasaron pero las exposiciones y los textos ahí están. Hoy representa al perdedor, sin retórica, que es justo lo contrario de lo que nosotros tenemos, por ejemplo, dirigiendo el Reina Sofía: modernos entusiastas y alegres de su papel.Tenemos un predecesor en Francis Henry Taylor, un autor norteamericano apenas conocido -y menos leído- en España.Batallas contra gigantes, Goslum. El emperador va desnudo, todos lo sabemos (yo lo llevo diciendo desde 1980 cuando era peligroso y te jugabas irte derecho al destierro) pero todavía es muy fuerte. Sólo una gran revolución social -del tipo de la que proclaman los talibanes, una nueva Edad Media- o una crisis económica gigantesca, a escala global, devolverán al arte sus capacidades. O sea, un cataclismo que no deseo ni para mis peores enemigos.Y en el 187, una entrevista a Jean Clair extraída de <>La Vanguardia.<>

  32. Bremaneur

    “Plus odieux encore que cette barbarie enfantine, était l’antisémitisme généralisé. Venant d’Espagne, ou il n’existait pratiquement pas, et d’Angleterre, où des Juifs étaient ministres et pairs du royaume, je fus désagréablement impressioné.Cette propagande était menée avec une pédanterie toute germanique, qui exaltait l’antisémitisme en en faisant une théorie et une science. À cette fin, on recruta également un journalisme diffamatoire qui ne cherchait qu’à faire de l’argent, préfiguration vingt ans à l’avance du “Stürmer” de la période hitlérienne. Des revues telles que le “Hammer”, publié par un nommé Fritsch, des agitateurs antisémites professionnels, prônaient ouvertement dans leur programme l’extermination des Juifs. Dans l’ensemble, cependant, l’antisémitisme demeurait latent, sans être encore ouvert et brutal; la plus grande partie de la bourgeoisie et du prolétariat restait relativement intacte. Les comédiens juifs étaient appréciés et jouissaient d’une grande popularité; en fait, les Juifs étaient exclus des grades supérieurs de l’armée et de certains milieux aristocratiques qui d’ailleurs rejetaient également la bourgeoisie riche.”Julio Álvarez del Vayo. <>Les batailles de la liberté<>. Paris: Maspéro, 1963.

  33. Gongren

    La generación de 1939, en cambio, ya no se engañaba. Conocía la guerra. Sabía que no era romántica, sino bárbara. Sabía que duraría años y más años, un lapso de tiempo insustituible en la vida. Sabía que los soldados no iban al encuentro del enemigo engalanados con hojas de encina en la cabeza y cintas de colores, sino que holgazaneaban durante semanas en las trincheras y los cuarteles, comidos por los piojos y medio muertos de sed, que los harían añicos y los mutilarían desde lejos sin siquiera haber visto al enemigo cara a cara.Stefan Zweig, <>El mundo de ayer,<> El Acantilado, p. 290.(Y hay más.)

  34. el rufián melancólico

    Andre Gide, tenía todas las cartas marcadas para jugar la partida de los años 30. Renegado comunista para unos, y judío izquierdista y homosexual para otros, su suerte parecía pender de un hilo muy delgado.“El piso de Gide representaba mucho más que una experiencia colectiva para la joven pareja que eran André Chamson y Lucie Mazauric. Se sentaban en circulo con los demás invitados y cada cual se expresaba “como en una universidad americana”. Gide solicitaba la opinión de sus visitantes, jovenes o viejos, sobre los problemas que le interesaban y llevaba sutilmente la conversación en torno al tema, había siempre un tema del día. a veces se hablaba de literatura; pero en aquellos turbulentos años 30, la política ocupaba de ordinario la escena. Entre los visitantes se hallaban con frecuencia Jean Guéheno y Emmanuel Berl. Un personaje netamente más sorprendente era Lucien Combelle, ciudadano de la orilla izquierda y militante de derechas, que había adquirido una cultura que lo alzaba hasta la élite de su tiempo. Después de un intercambio de correspondencia entre aquel joven admirador y su mayor, Gide lo invitó a desayunar un domingo. Combelle no tardó en convertirse en un asiduo, cosa extraña tratándose de un grupo de intelectuales de izquierda, pero Gide sabía lograr que sus invitados se sintiesen a gusto. Hecho increíble: Combelle fue su secretario antes de llegar a serlo de Pierre Drieu La Rochelle, y entrar después en la prensa colaboracionista.”H.LottmannLa rive gaucheTusquets

  35. Bremaneur

    Un hilo tan delgado como el que une a Gide y Drieu a través de Combelle. No sé si admirar a los que tienen firmes convicciones o recelar de ellos.

  36. Aquitania

    Una vez recuperada la serenidad y la paz de espíritu (es mentira, pero qué voy a decir¡), creo que debería hacer una nota aclaratoria a mi impetuoso post del día 24.Vamos a ver: lo de que los milagros existen, es cierto, yo misma he sido beneficiaria en más de una ocasión (esos dioses, a veces juguetones, otras, se confabulan a mi favor. O quizá es una alineación de los astros. No sé). Pero ustedes se preguntarán, a qué llamo yo milagro? Pues, cuando sucede algo, y la respuesta a la pregunta “¿qué probabilidad había de que ocurriera esto?” es “una entre un millón”. Claro que, a veces, además de la confabulación o alineación se requiere lo que en derecho penal se llama “complicidad necesaria”, sin la cual, no sería posible. Y ahí es donde están los amigos, generosos y geniales. Y yo soy tan afortunada, que los tengo.———Brema, recuerda que le pedí que averiguara si existían láminas del cuadro “La biblioteca fantasma”? pues ya no se preocupe, que el amigo Rufián ha resuelto mi duda, y de qué manera!

  37. Bremaneur

    Aquitania, su nota no ha hecho más que enredar más el tema. Explíquese, haga el favor.¿Así que había láminas? Vaya, vaya.

  38. el rufián melancólico

    Bremaneur. He rescatado algunas viejas fotografías del París de los días de Drieu. Debemos poner cara en blanco y negro a ciertos nombres, a ciertos cafés, a ciertas calles…El París “treintista” lo merece. Vaya preparando la maquina Documental-Blog.

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