La biblioteca fantasma

  1. Goodman

    Tengan ustedes cuidado con el tal rufián. Mucho me temo que lo conozco.Por si les interesa les daré más información en esta dirección:Calle Bolivar 857Buenos AiresDel astrónomo les avanzo que es todavía más peligroso. Queda usted avisado.

  2. El rufián melancólico

    Buenas noches Sr. Goodman.Presume usted de conocerme pero toca de oidas y juega de farol. Enseñe sus cartas, ya sabe que si el precio es bueno yo estoy dispuesto a cubrirlo. El libro de sus dolores, callaré por ahora su titulo, era una falsificación burda de cuatro espabilados de la Stasi. Debo repetirselo por última vez: Aunque las cubiertas daban muy bien el pego, las páginas olían a tinta fresca que apestaban y el cosido era obra de un aficionado de poco talento. De la dedicatoria que lo acompañaba, ya sabe usted que soy un experto en este menester, prefiero no decir nada por ahora. De esas rubricas yo he hecho mas de mil. ¿Quiere que le recuerde el precio de semejante bodrio?Mencionar al astrónomo y faltarle al respeto que merece es desalentador.No se porque debemos ventilar estos trapos sucios en casa ajena, por muy biblioteca fantasma que sea, y menos aún dar una dirección que solo puede perjudicarle a usted.Recuerdo que hace años le llamaban “funestres”. Ahora lo entiendo.

  3. El rufián Melancólico

    Estimado Bremaneur:Disculpe este navajeo indigno de su acogedora biblioteca. Tomaré medidas para que no vuelva a repetirse.He visto con enorme alegría que en el anexo anterior de la Nelken irrumpe usted con Enrique Castro Delgado. ¡Aleluya! Castro es es el más celiniano de los literatos de la época. Un caso único. Su talento y su bilis no tienen parangón entre tanto pisaverdes de postín. Aunque sus libros nunca tuvieron ni de lejos el reconocimiento que merecen esta injusta afrenta llega a su fin.Espero impaciente sus nuevas noticias de tan apreciado escritor.

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