La biblioteca fantasma

La virgen loca del comunismo (V)

madridgrado

Ediciones Españolas publicó algunos libros escritos por reconocidos intelectuales y periodistas del bando nacional en los que narraban estos sus experiencias en el Madrid rojo. Uno de ellos es Una isla en el mar rojo, de Wenceslao Fernández-Flórez; otro es Madridgrado, de Francisco Camba, subtitulado “documental film”. Camba está enormemente preocupado por la verosimilitud de su relato. Apela continuamente al lector para decirle que todo lo que está narrando es cierto. La verdad es que a veces cuesta creer lo que cuenta el periodista: por ejemplo, las trágicas peripecias de Pitipá o las casualidades que le llevan a estar en según qué sitios (verbigracia, el encuentro en el Palace entre Margarita Nelken y Rosemberg, el embajador soviético).

En Madridgrado aparece varias veces la Nelken. Voy a recopilar todos los fragmentos donde Camba habla de ella.

En este primero, iniciado ya en la primera reseña de esta serie, Francisco Camba se encuentra en un tren con un alto funcionario del estado, que se preocupa por la nacionalidad de Margarita Nelken y cuenta cómo ésta se encargaba de introducir rusos en España.

Y aunque nos habíamos quedado solos, acercando hacia mí la cabeza, como temiendo que hasta las tazas y el florero tuviesen oídos, añadió con acento amargo:

– Es inconcebible a dónde quieren llevarse al país! Todos esos crímenes de los cuales continuamente oímos hablar son apenas el prólogo del crimen horrendo que se prepara. No se trata de una suposición. Tengo la certeza. Y la tengo por mi cargo. Ya ve usted si se puede uno fiar. ¿Me da la palabra de no ocuparse de esto en los periódicos?
– Aun cuando quisiera, no podría- dije, para más tranquilizarle-. Recuerde usted que hay censura.

Aún esperó unos momentos, perdida la vista en el paisaje cambiante y tembloroso del cristal. Por fin, se decidió:

– Aquí tiene usted lo que pasa. Hace algún tiempo se autorizó a nuestro cónsul en Varsovia para extender pasaporte a los españoles refugiados en Rusia después de la revolución de octubre, según nota que le entregaría doña Margarita Nelken.

Le interrumpí:

– ¿Por qué el cónsul de Varsovia? ¿No venían de Rusia los refugiados?
– Es que con Rusia oficialmente no tenemos relaciones diplomáticas. No tenemos, al menos, representantes allí.

¡Oficialmente! ¿Quería decirme ya algo con esa palabra, que pronto, por desdicha, había de comprender?

– Siga.
– El cónsul, al ver las listas, va y escribe al Ministerio: “Entre los individuos designados por doña Margarita Nelken para repatriarse hay muchos que no son fugitivos de Asturias. Me consta de bastantes que, a pesar del nombre español, son rusos. Algunos no tratan siquiera de ocultar su nacionalidad. Dígame qué debo hacer”. En vista de la gravedad de la consulta, yo mismo le llevé el documento a Barcia.
– Como usted ve- le dije-, parece que se trata de llenarnos de rusos el país.
– Sí, en efecto- asintió el ministro-. ¿Para qué los querrá Margarita? Pero esto dicho sin malicia alguna, con esa ingenuidad de Augusto Barcia que el más comedido de sus biógrafos llama desconsideradamente tontería. Barcia le llevó el oficio a Casares Quiroga, cuya tontería no habrá nadie que la mezcle con la ingenuidad, y esa misma tarde telegrafiaba el cónsul: “Consultado Gobierno, dispongo expida pasaporte a cuantas personas le indique doña Margarita Nelken, sin meterse en averiguaciones de ninguna índole.”

Y volvió a suspirar el alto funcionario.

– ¿Qué le parece a usted esto?
– Lo que a usted.

Camba, Francisco. Madridgrado: documental film. 2ª ed. Madrid: Ediciones Españolas, 1939.