La biblioteca fantasma

La virgen loca del comunismo (IV)

ecopasosEl Rufián Melancólico:

Los antecedentes del encuentro del “rey de la pistola obrera” y la “Virgen loca” nos llevan de manera directa al meollo del asunto y tienen lugar el 4 de noviembre de 1936 en el 111 de la calle Serrano, en el Comité de Defensa Confederal del Centro.

“Antes de marcharnos, Amil me dijo que el compañero Eduardo Val, del Comité de Defensa de la CNT deseaba saludarme, pero que no podía pasar por el ministerio, por lo que me rogaba que fuera yo al Comité de Defensa.

Conocía bien a Eduardo Val, de cuando estuve de redactor de CNT. Se trataba de un buen compañero. Era ágil de inteligencia y resultó ser un buen organizador. Sobre su persona recaía el peso del Comité de Defensa, con una actuación algo parecida a la del Comité de Milicias de Barcelona de los primeros momentos. Con la diferencia que en el Comité de Defensa, Val se encargaba solamente en el orden combativo de asauntos de la CNT.

Alto y afectuoso, Val se levantó de la silla en que estaba y vino a saludarme con un abrazo.

– ¡Que bueno que estas por aquí! Estoy haciendo algo parecido, pero no con igual suerte, a lo que hicisteis en Barcelona al frente del Comité de Milicias. Tenemos al enemigo a las puertas. Dime, si necesitase tu colaboración en algun asunto, ¿puedo acudir a ti?
– Sin duda, Val. En el ministerio o en el Hotel Gran Vía.
– Yo también deseo ayudarte a ti. Quiero apercibirte de los manejos que se trae la comunista Margarita Nelken, que al frente de un comité de Juventudes Socialistas Unificadas es quien asume las funciones ejecutivas de la justicia en Madrid. Opera camuflada en una pequeña oficina del Ministerio de la Guerra. Ten cuidado con los que la rodean; la mayor parte son jóvenes Guardias de Asalto vestidos de paisano.
– Gracias por la información. Puedes tener la seguridad de que si soy el Ministro de Justicia, solamente yo dirigiré la justicia en Madrid. Yo y la organización. Ya sabes, si en algo me necesitas, avísame. Ahora me voy al ministerio para que me haga entrega Ruiz Funes, mi antecesor”.

Juan García Oliver. El eco de los pasos. Ruedo Ibérico, París, 1978.

* * *

Buenas noches:

El encuentro de Margarita y Oliver merece ser transcrito en su totalidad. Póngase comodo Bremaneur.

“Serían las cinco de la tarde del seis de noviembre. Mi entrada en el ministerio de la guerra, con los hombres de la escolta, causo algo de sensación. Más como anarquista catalán que como ministro, supongo. No tuve que andar mucho ni hacer preguntas. Alguien, con el tipo de guardia de Asalto joven, sin uniforme pero vestido de azul marino, se me aproximó.

– ¿Eres García Oliver?
– Sí, soy yo.
– Sígueme; Margarita Nelken te espera.

Por conducto de Ángel Galarza, ministro de Gobernación, había hecho pasar recado a la Nelken de que quería hablar con ella. Galarza le transmitió el recado y me comunicó el sitio y la hora del encuentro. Ignoro si a Galarza le llamaría la atención mi interés por la Nelken, pero es de suponer que si, porque era uno de los socialistas más inteligentes y listos que conocí en aquel tiempo, y supongo que no ignoraba lo que se murmuraba sobre las actividades a que se dedicaba la Nelken y los fugaces resplandores que dejaban a su paso los nucleos de jovenes socialistas unificados que ella acaudillaba, no se sabía si por mandato de los jefes comunistas o porque ella quisiese imitar a los socialistas revolucionarios de izquierda de la revolución rusa, entre los que tanta preponderancia tuvieron en el pasado las mujeres de acción, como la Peroskaia y la Spiridinova.

Un pasillo y luego otro, en pos del aparente guardia de Asalto vestido de azul marino.De pronto se detuvo, hizo una llamada como de conspirador del siglo XIX, con los nudillos en una puertecita que apenas se distinguía, y pasamos él y yo -la escolta se quedó fuera a una señal mía- a una habitación pequeña, debilmente iluminada por un foco de luz electrica. Una mesita y, sentada, con un cutis de cirio, cabellos rubios bien peinados y mirando a traves de unos gruesos cristales para miope, con armadura de oro, una mujer francamente agradable. Era la Nelken. Se levanto y con un coqueteo instintivo se me aproximó hasta rozarme.

– Con que tú eres el famoso hombre de acción. No sabes cuánto deseé siempre conocerte y conocer también a tus compañeros Ascaso y Durruti.
– Menos mal -le dije- que reconoces mi categoría, y no la de pistolero, como muchos me señalan. Por mi parte despues de enterarme de lo que estas haciendo, también me place hacerme una idea de como debieron ser los socialistas revolucionarios rusos despues de soltar sus crisálidas de nihilistas.
– ¡Ah!, exclamó la Nelken, ya veo que conoces los matices en que se descomponen las escuelas socialistas. Galarza me dijo por teléfono que tenías mucho interés en hablarme. Te ruego que no me ofrezcas ningún cargo en tu ministerio.
– Me alegra mucho que de manera tan inteligente hayas llegado al final de cuanto tenía que hablarte. No te propondré ningún cargo. Solamente vengo a rogarte que te apartes de todo cuanto parezca ejercicio de la justicia. De hoy en adelante, correré con las responsabilidades. Pero solamente con las mías.
– ¿Y si no me quisiese dar por enterada?
– Entonces pediría en pleno de Consejo de ministros que te diesen el cargo de ministro de Justicia y a mí el de Guerra, que seguramente encajarían mejor en nuestras personas.
– Sé que eres capaz de hacerlo. Te aseguro que no será necesario. Haré todo lo posible por ayudarte en tu difícil empresa de echarle agua a las llamas de la revolución.
– Tú, intelectual de valía, militante socialista de hace muchos años, ¿crees que con vuestras andanzas nocturnas estais haciendo la revolución?
– Si esto no es revolución social, ¿Quieres decirme qué es revolución social?
– Revolución social es rotura de todos los frenos que sujetan al hombre a las viejas estructuras sociales. Es cambiar el modo de vivir, transformando la economía individual burguesa en colectiva socialista. Y aquí, en Madrid, en este orden de cosas, todo está como antes de empezar la revolución en Cataluña. Cuando todo esto termine y haya triunfado la consigna del Partido Comunista de “primero ganar la guerra”, los antiguos dueños volveran a ser los dueños. Debisteis hacer como en Cataluña: primero hacer socialismo y colectivismo, para despues legalizar lo hecho. Así deben proceder los revolucionarios, haciendo abstracción de la persona física del burgues, porque la revolución debe hacerse sobre los sistemas, y no eliminando a las personas.
– Veo que eres el terrible razonador de que me hablaron. Solamente así se explica que pudieseis vencer a Angel Pestaña. El pobre, ahora en su papel de político sindicalista, ha perdido mucho.
Su juicio sobre Angel Pestaña, el otrora líder de la CNT desde la muerte de Seguí, me hizo pensar en el paralelo de Margarita Nelken y “la Pasionaria”. A Pestaña, el liderazgo máximo de la CNT le llegó por la vía fácil de la orfandad en que se quedó la militancia confederal cuando el Noy del Sucre fue asesinado.

Margarita Nelken, intelectual bien preparada, era única en el campo marxista. Pero la rebelión de octubre de 1934 puso en primer plano a otra mujer, de origen y vida proletarios. “La Pasionaria”.

Así como el liderismo de Angel Pestaña en una organización revolucionaria y en perpetua conmoción le vino ancho desde el principio, por lo que terminaría en una tácita renuncia, de la misma manera la Nelken, lideresa máxima sin impulso popular, habría de dejar sin resistencia el paso libre a la ascensión de “la Pasionaria”. Pero, conocedora del nihilismo, del socialismo revolucionario de izquierda ruso y del espartaquismo alemán, hizo un esfuerzo por parecerse a Spiridinova, Peroskaia y Luxemburgo, equivocando el camino al tomar el de la acción terrorista irresponsable, que empezó, según me contara ella misma, en la matanza de los presos derechistas detenidos en la cárcel Modelo de Madrid y prosiguió en aquellas noches de espanto, luchando a su manera contra el bandolerismo sangriento de la quinta columna.

Siempre me dieron pena los vencidos. Lo sentí por Margarita Nelken. Sus andanzas no las revelaría hasta el momento de escribir estas memorizaciones, 37 años después”.

Un Comentario

  1. El rufián melancólico

    Estimado BremaneurNo debe faltar, ya que hablamos de García Oliver, el soneto que Pedro Luis de Galvez, Principe del sable y profesor emérito de la cofradía de la pirueta, le dedicó en su libro: Sonetos de Guerra; Ed.Socorro Rojo, Valencia 1938Vida juguete de los malos vientos.Sonríe, y se le nota la amargura:Fue la vida con él madrastra duraque le colmó de penas y tormentos.El destierro y la cárcel, por cruentosno quebrantaron su conciencia pura,que si esquiva a su suerte la ventura,generosos le fueron los talentos.Aquel autodidacto, se asimilael saber su cerebro poderosoque todo desentraña y lo vigila:Muestra en sí mismo lo que vale y puedela recia voluntad del estudiosoque ante ninguna contingencia cede.

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