La biblioteca fantasma

Destino

A veces resulta curioso cómo llegan ciertos libros a nuestras manos, o cómo damos en conocer a algunos libros o autores. Hace unas semanas estaba haciendo tiempo antes de acudir a una cita. Me encontraba en uno de esos barrios berlineses llenos de jipis, turcos y estudiantes pobres y me dio por curiosear en una librería de viejo. Está especializada en libros sobre deportes, pero se pueden encontrar libros y revistas de mucho interés. En uno de los estantes vi un título que me interesó. El precio parecía racional, aunque no fuera cabal para mi bolsillo. No obstante, el libro me interesaba y podía permitirme el lujo de comprarlo si descubría algo más sobre él o sobre su autor. Saqué mi teléfono de bolsillo y comencé a indagar en google. El librero, que pertenecía a la raza de los detestables, me dijo que en la tienda no estaba permitido el uso de artilugios electrónicos. Airado y ofendido como una señorita de alta alcurnia, abandoné la tienda sin decir adiós. No cejé. Ya en casa, encontré el libro en una librería de Estados Unidos. Incluyendo los gastos de envío, me salía mucho más barato. No dudé en comprarlo y me ha llegado hoy.

Se trata de Destiny, la edición americana de Schicksal, editada originariamente en Múnich en 1930. Ese mismo año la editorial Farral & Rinehart la publicó en Nueva York. Su subtítulo es suficientemente descriptivo: a novel in pictures. Sin duda, nos recuerda a Masereel (link) y algo hay de eso. Se estructura en diecisiete capítulos y contiene cerca de doscientos grabados al plomo, uno por página. Los dibujos de Nückel, bruñidos y minuciosos, nos cuentan la trágica historia de una joven alemana.

Más sobre Nückel.

El capítulo 13.

7 comments

  1. Francisca Ferrol

    Bueno como el cine mudo, sólo para inteligentes. Dicho lo cual: ¿el cornudo es el del paraguas?

  2. Bremaneur

    Eres más lista que el hambre, Francisca. Por cierto, te interesará saber que dentro de tres o cuatro días hablaré de La bandera.

  3. Mercutio

    El librero, que pertenecía a la raza de los detestables, me dijo que en la tienda no estaba permitido el uso de artilugios electrónicos.

    Deberías haberle dicho que en Europa tampoco están permitidas la arbitrariedad ni la majadería, y que llamara a los VoPos si tenía huevos.
    - – – – -
    En cuanto a lo que me habías pedido de los archivos, no lo encuentro, majo.

  4. Francisca Ferrol

    ¿Anquetil, amor, qué sientes cuando la punta del sillín negro, ay,te roza el ojete?

  5. El callista de Justo Serna

    Mercutio se ha aprendido, o aprehendido, cuatro términos y venga, pin,pan,pun, así que hoy tocan arbitrariedad y vopos.Voy a cascarme un güisqui con altramuces.

Los comentarios están cerrados.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 70 seguidores