La biblioteca fantasma

Nada por la patria

por Reinhard


Quizá en esta obra, publicada en 1.999 por la editorial Flor del viento, encontremos una especie de adelanto literario/periodístico de lo que más adelante sería un partido político, una heterodoxia fácilmente identificable y sobre la que sería superfluo extenderse, un soplo que fue de aire fresco, un proyecto que se vino abajo al hacerse realidad. Su portada, un flamear de banderas catalanas entre las que emerge una intrusa letra eñe, es tan llamativa como su título, Nada por la patria, y anticipa un libro que no tiene desperdicio, tanto si se valora en su faceta de ensayo como si se aprecian, y no es difícil y hasta resultan agradables, las pinceladas autobiográficas que va dejando el autor a modo de desencanto, de esa nostalgia más agria que dulce que muchos otros, innecesario dar nombres y que ya fueron reseñados en esta Biblioteca, han ido experimentado y reflejando en multitud de obras en Cataluña y sobre ella, en castellano y catalán, desde la transición hasta nuestros días, los de casa y los de fuera, los que se quedaron en ese oasis de complacencia, provincianismo e indiferencia, y los que marcharon con viento fresco, antes o después, voluntarios o forzosos, huyendo de patrias o naciones virtuales que sólo tienen amparo en una historiografía tan falsa como subvencionada y en unos medios de comunicación tan serviles como pensionados, aquellos, tan progresistas ellos, que el autor recorrió a lo largo de un par de décadas y que más de un artículo le censuraron en sincero tributo al poder establecido, que no es otro que un nacionalismo en el que convergen, con más o menos unión, izquierdistas suqueros, burguesillos meapilas y reinsertados terroristas de traje oscuro y llamativa corbata: todo un pacto tripartito, casi de acero.

¿Qué es la inmersión lingüística? Que los niños de lengua materna castellana que van a las escuelas públicas de Cataluña sean educados, desde preescolar, hasta segundo de EGB, solo en catalán. Acaso algún lector se esté preguntando ya: ¿Cómo ocurría antes con los niños de lengua materna catalana, que cuando íbamos a la escuela solo encontrábamos castellano? La respuesta es: sí, por eso se llama inmersión.

Este demoledor párrafo, al que hoy día solamente deberíamos añadir el matiz, nada liviano, de que en Cataluña ya no hay distinción entre escuelas públicas, privadas o concertadas y límites de cursos o ciclos en el fenómeno de la inmersión lingüística, forma parte del prólogo del libro y es un adelanto fiel y cabal de gran parte de su contenido, pues no en vano la lengua es el ariete principal- haciendo un símil futbolístico diríamos que son la prensa y los políticos los extremos de dicha delantera- de esas naciones virtuales contra las que el autor se rebela, afirmando que estar contra todo nacionalismo, contra cualquier forma de inmersión lingüística, es ya la única manera de ser disidente: es el único espacio que nos han dejado, nos dice con amargura en una de sus reflexiones. Pero la disidencia en Cataluña prácticamente no existe, y esa es la derrota de Tubau cuando contrapone el momento en el que vive y escribe, poco creativo en todos los órdenes, a tiempos pasados, casi remotos, aquellos del tardofranquismo en los que tantos, y con tan poco, creían formar parte de algo. Si acaso, menos da una piedra, surge un rayo de esperanza en tan desolador panorama con la aparición, en la década de los noventa, de todo un movimiento cívico tan variopinto como complejo- los padres y profesores por el bilingüismo, la Asociación por la Tolerancia, el Foro Babel….- pero con un denominador común: la lucha contra la hegemonía nacionalista en todos los órdenes y con pocos medios, con mucha voluntad y contra el ninguneo de la prensa, sin apoyos pero con imaginación. Es el germen, sin duda, de lo que cuatro o cinco años más tarde sería Ciutadans y en lo que tanto tuvo que ver el autor, pese a que sería de los primeros en desentenderse de aquella criatura que acababa de nacer.

Muchas perlas tiene el libro, sin duda, pero habría que quedarse con una, clara, diáfana y demoledora, especialmente indicada para aquellos que desconocen en toda su magnitud el binomio nacionalismo-inmersión lingüística: la reproducción de la entrevista que Tubau hizo a Lluís V. Aracil para el diario El Mundo. El valenciano Aracil, ahí es nada, es el padre de la sociolingüística catalana, creador del término normalización lingüística y maestro de toda una legión de funcionarios de la lengua catalana, los que un día decidieron ser discípulos aventajados y pasar, vaya sorpasso, de la normalización a la inmersión, un enorme salto cualitativo que el maestro acabaría aborreciendo y calificándolo de locura y aberración. Porque una cosa fue la normalización, hasta cierto punto lógica tras el final del franquismo, y otra bien distinta la inmersión, privando al niño de la educación en su lengua materna, sin que los padres puedan, aunque paguen, elegir idioma. Ello ha generado ese proceso curioso y grotesco que tan bien ha definido Miquel Porta Perales en su Diccionario persa de Cataluña, al afirmar que durante el franquismo se hablaba castellano en las aulas y catalán en el patio y que ahora, gracias al fenómeno de la inmersión, es a la inversa, puesto que el catalán se habla e impone en las aulas y el castellano en el patio, inversión del proceso que preocupa seriamente a los gobernantes actuales de Cataluña, que no descartan controlar el patio y sus lenguas, contando para ello, a imagen y semejanza de aquella policía judía que los nazis implantaron en los guetos de Polonia, con toda una masa de complacientes funcionarios de la enseñanza, muchos de ellos castellano parlantes aunque solo sea en la intimidad.

Alegato contra cualquier forma de patria y manifiesto contra todo nacionalismo, Nada por la patria constituye una excelente radiografía de la sociedad catalana desde las postrimerías del franquismo hasta hoy, porque, aunque publicado hace ya unos años, el panorama, en todo caso, no solo sigue vigente sino que ha empeorado notablemente, y la tríada poder-prensa-pensionados del régimen, siempre al amparo de la ley del silencio y la complicidad de la sociedad ¿civil?, campa a sus anchas y culmina, o va camino de ello y siempre con la aquiescencia del Estado, el proceso de construcción de la nación virtual.

  1. suumquisque

    Aqui les dejo, a propósito, el de Arcadi Espada en EL Mundo. Como es para suscriptores,copio el texto y el enlace————-http://www.elmundo.es/diario/espana/2523216.html ESPAÑA EL CORREO CATALAN Uno de los nuestros ARCADI ESPADAQuerido J: Hace algunos días, y en este periódico donde te echo las cartas, Daniel G. Sastre escribía a propósito de la transfiguración de don José Montilla. Bien: él no empleaba esta palabra, pero creo que es una buena palabra (incluida su connotación religiosa) para describir el proceso que ha experimentado el actual presidente de la Generalitat respecto a uno de sus antecesores, el 126 presidente, honorable señor Jordi Pujol i Soley. Escribía Sastre sobre la transfiguración: «Pudo comprobarse con nitidez durante su discurso en la inauguración del Debate de Política General que tuvo lugar la semana pasada en el Parlament. Sus apelaciones al trabajo y al esfuerzo -y a unas supuestas características ancestrales del carácter catalán- para salir de la crisis transportaron a los presentes a otras épocas y provocaron que hasta Oriol Pujol, portavoz parlamentario de CiU e hijo del ex president, le acusara de pujolear».Es probable que la transfiguración fuera más visible que nunca en ese debate. Pero no arrancó ahí, desde luego. La aprehensión (como si fuera un alijo) del discurso de Pujol por parte del socialismo catalán fue muy visible desde tiempo atrás. Baste observar con qué veteranía los socialistas hablan en nombre de Cataluña y descalifican a sus oponentes políticos con la técnica pujolista fundamental que siempre fue la de acallar cualquier réplica mediante el uso del terminante van contra Catalunya. Los años de gobierno de izquierdas no han supuesto la emergencia de una cultura política alternativa al nacionalismo conservador. El del presidente Montilla es un gobierno que ha ideado una fórmula de segregación de los niños inmigrantes imitada por la Liga Norte italiana; que no ha corregido, aunque sí aumentado, el intervencionismo gubernamental en los vericuetos privados: baste ver el proyecto de ley sobre adopción, que indica a los padres el día y la hora en que tienen que comunicar a sus hijos que son adoptados; un Gobierno que ha sido incapaz de muscular la cosa pública respecto a la sanidad o la enseñanza o que tiene un consejero que no duda en declarar cuando le parece necesario que la solidaridad entre los ciudadanos españoles ha de tener límites; no hay un relato progresista en el Gobierno catalán, partiendo del principio de que se trata, como todos los anteriores, de un Gobierno convencionalmente nacionalista.El último relato alternativo al pujolismo lo redactó Maragall en sus años de alcalde. Era una apuesta por la modernidad frente a la tradición que utilizaba la ciudad de Barcelona y el discurso ciudadano (¡tan noucentista!) como encarnación de su propuesta. Por descontado, don José Montilla no ha recuperado nada de eso. La primera razón es que para hacerlo quizá le conviniera, previamente, ser moderno. Pero hay otra razón, y aún más vigorosa: él se ve y se representa a sí mismo como la antítesis de Maragall y el maragallismo. También en eso se identifica con Pujol. Estos días he echado un vistazo a las galeradas de un libro interesante, aunque inevitablemente apologético, que han escrito Esther Tusquets y Mercedes Vilanova y que traza un retrato biográfico de Maragall. En el libro habla Montilla, habla Pujol y hablan otros protagonistas de la política catalana. Hay un momento en que las autoras subrayan el orgullo con que a sí mismo se describe don José Montilla como sucesor de Pujol. Hasta el punto de que en la línea siguiente tiene que intervenir Narcís Serra, puntualizando: «Sin Maragall no hay Montilla». Es una obviedad. Descarnada. Pero se comprende que el actual presidente quiera obviarla con una suerte de pintoresco puenteo a la historia. En efecto, reclamarse el heredero de Pujol es liquidar también ese molesto y decisivo interregno, y el aún más molesto agradecimiento.La lectura ofrece, sin embargo, otras claves de interés sobre el trío de presidentes. No puedo asegurar que don José Montilla guarde algo de aquello tan antiguo que era el resentimiento de clase; pero si así fuera tengo pocas dudas de que se proyectaría hacia Maragall y el conjunto del llamado socialismo de Sant Gervasi, el barrio alto de Barcelona. Hojeo este retrato biográfico de Maragall et copains y no dudo cuán más difícil sería para el joven Montilla entrar en las casas de Xavier Rubert de Ventós y del propio Maragall antes que en las de Pujol o Josep Maria Ainaud. La dificultad de entrada no está en el dinero. O no sustancialmente. La dificultad está en la pedantería. Fue el infranqueable racismo de la pedantería el que llevó a Maragall a decir, y en el diario Avui, que para ser presidente de la Generalitat «es importante donde hayas nacido». Creo que se refería menos a Cataluña que a su barrio. Fue, seguramente, la humillación más intensa e indeleble que don José Montilla sufrió nunca de su antecesor. La postrera, quizá, y la más inútil. Y tal vez la que desencadenó la venganza de la que Maragall y, especialmente, su esposa, Diana Garrigosa, hablan con apreciable crudeza en el libro que te cuento. Cuando don José Montilla y los suyos, ya definitivamente capitanes, observaron que Maragall empezaba a criticarlos con lengua muy suelta abrieron la espita y empezaron a filtrar lo que era un secreto… entrañable: que Maragall sufría una enfermedad mental. Hasta que le obligaron a convocar una insólita rueda de prensa para decir que sufría de alzheimer. Habla Maragall por su boca, en el libro de Tusquets y Vilanova, respecto de este episodio: «Dicen: ‘¡Oh qué tío tan valiente!’. ¿Valiente? A la fuerza ahorcan. A la fuerza ahorca la enfermedad y a la fuerza ahorca la maledicencia». Y habla Diana: «Ni Zapatero ni Montilla tuvieron ningún gesto ante la enfermedad de Pasqual».Hay algo más, por último, y afecta al modelo de la transfiguración. A Pujol. La vida política de Pujol, que es lo mismo que decir su vida, está vertebrada en torno a un concepto: integración. Este concepto es muy sencillo de explicar. Dado que el auténtico rasgo diferencial de Cataluña (el único real, muy por encima de la lengua) es la inmigración, Pujol, y el nacionalismo que representa, tuvo siempre una obsesión: la de conseguir que los inmigrantes no formaran «una colonia separada». La integración está lejos de ser un concepto sintético: se trata de que el recién llegado acepte el nacionalismo como una premisa de vida. Eso es lo que indica, muy precisamente, la decisiva corrección que Pujol incorporó a su definición amable de la legalidad catalana, en los años 60: «Catalán es todo aquel que vive y trabaja en Cataluña». Una década más tarde, en efecto, añadiría «…y que quiere serlo». Desde este punto de vista, don José Montilla es la creación más perfecta, casi soñada, de Pujol y de todo lo que Pujol representa. Hasta el punto de que puede decirse que si Maragall fue la derivación genialoide, pija y un punto gamberra del pujolismo, Montilla es el auténtico heredero. El inesperado hereu del pujolismo. Es impresionante y meditable: el heredero del pujolismo no se llama Oriol sino José. No es extraño que Pujol reaccionara casi violentamente cuando su despistada esposa criticó al actual presidente por no hablar perfectamente el catalán y por empeñarse en llamarse José: al punto salió desautorizando estas palabras y recalcando con todos los énfasis posibles que la catalanidad de Montilla era inatacable.Tenía y tiene toda la razón. «Soy un catalán de Iznájar», dijo un día el presidente. Imagino perfectamente con qué satisfacción profunda acogería Pujol estas palabras. Es por esta suerte de imperialismo moral por el que había estado trabajando toda su vida, consciente de que la mitad de la nación había nacido extramuros. No hay otra prueba más grande de su éxito, y de la cristalización de su concepto de la nación, que ver cada día lo que don José Montilla dice y hace, gobernando a la generalidad absoluta de los catalanes.Sigue con salud.A.

  2. el rufián melancólico

    Imprescindible y brillante Thimothy Garton Ash hoy en el País.“La necesidad del debate histórico” No dejen de leerlo.

  3. Adrede, encamado

    Este octubre tornadizo, que descuelga sus airones nevados de las sierras arcangélicas y remonta las humedades salitrosas/traidoras del mar, va acabar conmigo y con la paciencia de mamá. Empero a fuer de inactivo proustiano me viene bien esta reclusión involuntaria porque mientras paso la mano por la barba sequiza medito. Medito, sí, que a pesar, sí, de esta vejez reteñida, panfletaria y quejosamente blanda/blanca mi romanticismo urgente no se agota en la prosa faldicorta y algunas recomendaciones de europeísmo /civismo, no, y estalla, por el contrario, en un celestineo de buenas formas, como mi mamá y la mejor tradición granadina/andaluza aconsejan. Quiere decirse, soy un Areilza bajito y con menos idiomas, ese esnobismo de niños bien. Idiomas que, por otra parte, no necesitamos los intelectuales ni los socialdemócratas cuando las ideas nos surgen/brotan como el frío de la nieve y la nieve del frío. Antes bien, en contraposición, la derechona, enjoyada y teñida de rubio, tiene, coño, y me voy a enfadar, una malísima memoria –a pesar de que todos son abogados del Estado y registradores- cuando de sus crímenes se trata. Hasta Torrente Ballester -esa monjita rumiadora, ferrolana asimismo, para más señas- olvidó arteramente incluir a Cernuda -qué gran logro lingüístico su “aguachirle matrimonial”, qué inmenso logro, Pepe Luis- en el diccionario de literatura española de su malhadada autoría.Porque, en nombre del humanismo, quiero estar con todos los que no se jacten de haber matado gatos/pelagatos ni hagan orgías históricas con reaccionario pancismo intelectual -ahí tenemos, ay, los horrísonos ejemplos de Follan d’Eiro y Moa, inevitablemente gallegos como el ferrolano culón y tripón- y me decanto por una cobardía moral que cuando se negocia bien en las curvas del buenismo garzonista hasta puede pasar por justiciero coraje viril frente a las hordas aznaristas/franquistas. También es cierto que no soporto el cristianismo coñazo ni que me dé por culo cualquier delincuente común metido a chapero para redondear los fines de mes –y es que con esta crisis que nos pegó el bushismo darwinista van como locos- si no sabe recitar a Lorca: “no me dejes perder lo que he ganado, / y decora las aguas de tu río/ con hojas de mi invierno enajenado”. Bueno, ya empezaba a almidonárseme aquello y sólo se le ocurre a mamá sacar el rosario de cuentas de viejo oro -como mis palabras todas, mis adjetivos todos, todas mis conjugaciones subjuntivadas- al tiempo que me enlaza los dedos como si fuésemos novios, estos dedos míos, gratos, silenciosos, fumadores, anillados, pecadores, ilustrados de mutismo, palidez y pajas si bien a mí me hubiera o hubiese gustado que fuesen tardo mudéjares, oscuros, guitarreros, poderosos, callosos. Reza, Juancar, dice mamá, y deja de ensoñarte en Pepe Luis que papá no fusiló a todos aquellos rogelios para que nos salieras ateo y encima sarasa de ademanes y monflorita en los gustos. Reza, leches, o se lo digo a Garzón.

  4. Juancar, derrumbado

    Estoy hecho una sombra de mí mismo, sombra aflamencada de sarasa gruñón y quejumbroso, desleída sombra, como mi pelo remansado/acaracolado en la nuca, vencido por la vida, en guedejas filamentosas, mal teñidas de rubio monflora. Cada vez me parezco más físicamente a mi alter ego Rodríguez si bien es sabido que en esta vida todo se pega salvo la belleza, y la de él, la de Juan Carlos, es apolíneamente distante aunque algo confusa en sombra que habla bajito, en tímido resabiado, como una barbi fabricada por perezosos negros en Senegal en lugar y plaza de astutos y diestros chinos de Taiwán, capital San Francisco. Y es que yo me mimetizo un poco en Rodríguez por mor de absorber su saber/conocer y me disfrazo como él en libélula grácil y parlanchina, y la noche, frente al espejo, me contoneo susurrando, todos me la quieren meter hasta el hueso, y que el que más Follan d’Eiro.Lo mío del disfraz y el travestismo, incluso aquí, viene de lejos, de la lejana infancia en que mamá me disfrazaba de pelayo, primero, y flecha después, y una vez hasta de esfinge y tan bien que parecía, sí, yo, un gato con alas. Qué forma de amariconarme tenia mamá, la verdad -por mor de alegrar este pisito chillón de cretona, este picadero materno filial, este nidito de amor- y luego se queja porque saco del baúl el traje de torero y me pongo ante el espejo a porta gayola: hasta el hueso Follan d’Eiro, méteme el cornalón hasta el hueso, amor.

  5. Adrede y las imágenes

    Me costaba, y me sigue costando al no haber alcanzado independencia económica y tener todavía a mamá con vida y rosario del que hacer cuentas, dejar a mi supérstite progenitora a las puertas de casa, empecinada en acompañarme a mi templo, la facultad, y en endosarme también el bocadillo de mortadela, el mismo de mi niñez recientemente abandonada que seguía envolviendo en aquel papel áspero y amarronado en el que antaño se amortajaban las sardinas que papá, de vuelta del ayuntamiento, traía del mercado municipal. Me iba, por fin y hasta la noche, de casa con un café con leche y un trocito de dulce de membrillo, camino de mi templo, con un recorrido a pie, soslayando el autobús, artilugio del proletariado del que sus olores me embriagaban más allá de lo razonable, no en vano el olor, o más bien los olores de macho, trabajador y ágrafo, esa especie de santísima trinidad marxista, siempre me habían turbado en demasía, arrastrándome tanto por la senda de la escritura como por el camino, menos prosaico pero igual de gozoso, de la perdición y la perversión, del amor y de la vida. Me acercaba ya, atusándome la melena naciente y creciente, hacia el templo de la sabiduría, buscando las imágenes, en pos de glorificarlas, santificarlas en pagana ceremonia, pero allí, la única imagen que encontré fue la de Miguelín, evadido de la capital y acodado en la barra del bar universitario, parapetado tras unas verdes gafas de sol y el Ideal de Granada, diario en el que yo, epígono ya de mí mismo, me imaginaba escribiendo crónicas, que no artículos, el día de mañana, ya me veía en la contraportada glosando, aunque fuere en versión popular, de zarzuela o sainete, la historia más reciente de aquella España que en tránsito se desperezaba, esa España que, genial neologismo, transicionaba, como decían los franquistas, de la ley a la ley. Pero antes tendría que ajustar cuentas con Miguelín, terrible tarea presumía ya entonces, mucho más titánica, ay, que desembarazarse de la prima Regla, ninfa que no poseía, ni por delante y mucho menos por detrás, los gloriosos atributos de mi perseguidor leguleyo. Me atemorizaba Miguelín, me aterrorizaba más allá de lo soportable, ya comenzaba a vislumbrarlo como un incómodo testigo de fechorías pasadas, pero no prescritas, alguien que podía hundir mi prometedora carrera en las artes, un pérfido aliado de mamá: quizá el crimen, tan literario siempre, fuese una salida, no sé, pero en aquel momento me esperaba la clase, el estudio, qué apropiado, de las flores y el mal, así que el crimen podía y debía esperar.

  6. Adrediño

    Hubo un tiempo alborotado de juventud y fragancia de pinos en que Domitila me quiso porque yo hacía juego con los visillos a cuadritos y el mantel de la cocina. Es lo bueno que tenemos los leñadores, nuestra rusticidad compagina bien con el puterío y la cretona y los almanaques cazadores de la Unión y Explosivos. Al follar, Domitila parecía una perdiz brava, casi soriana, que había que rastrear husmeándola de arriba abajo con los dientes más que con el hocico. Y de repente, se desplegaba en un rebote violento y ruidoso como si fuera a salir volando de cama ante mis fauces hambrientas. Hasta tres veces en diez minutos, la roja perdiz, aquel motor de explosión, rompía el silencio del campo de batalla para caer abatida, herida de muerte, entre mis brazos, todo el cuerpo desmadejado para que yo, entonces sana y joven fiera carnívora, este pobre y mísero leñador que hacia juego con los visillos, la fuera devorando lentamente en su agonía gozosa.Como casi todas las putas, Domitila es católica fervorosa. Fervorosa de paganismo campestre surgido con unción de aquel buen follar ancestral entre las amapolas de la aldea. Flores silvestres y campesinas, como ella, flores sencillas y naturales, que cantan en el lavadero, a cuatro patas, la alegría de las elocuentes caderas, así, con poderío, la alegría de jaca trotona. Flores silvestres, campesinas, explosivos tesoros, dulce veneno alucinógeno que acaba estallando en el coño siempre en activo, si es soriano, el coño, y encuentra un hombre junto al cual nunca hace frío, a ser posible con el brazo tatuado. Y eso me sucedió a mí, el rey de la selva. Un día la roja perdiz se transformó en sirena y los visillos rojos y blancos, tan campestres, pasaron a ser blancos y azules, de marineras evocaciones, y Domitila me sustituyó por un lobo de mar -otra fiera carnívora, sobra decir- con el brazo tatuado y tres aretes en las orejas peludas, de asesino y follador.No lo pensé mucho. A él, lo dejé muerto de una cuchillada esquinera en la ingle y a la oreja, la de los tres aretes, clavada en la puerta de Domitila con el mismísimo cuchillo vengador. Me enteré por los periódicos que se llamaba Bremaneur. Por mí, como si se llamase Rodríguez.

  7. memoria histèrica

    <>- [¡QUÉ ATROZ SUFRIR...!]*¡Qué atroz sufrir, cuán bárbara agonía verlos cavar hijuela del de Espadaponiéndole, constantes día a día,los cuernos con sus plumas a la azada!<>

  8. J. A. Montano

    Fedeguico dijo… Estoy completamente de acuerdo con el obeso pedante César Vidal, que últimamente está desatado y ha cambiado su tono melífluo por el grito mitinero(un tanto amariconado, eso sí): la culpa de lo mal que funciona la administración de Justicia la tiene Bermejo. Antes de Bermejo la Administración de Justicia funcionaba muy bien.(Por cierto, antes de la sanción a la secretaria de juzgado del caso MariLuz, los funcionarios judiciales no se habían dado cuenta de lo mal que estaba todo y no habían protestado nada)22 de octubre de 2008 8:40:00 CEST

  9. J. A. Montano

    Creo que Fedeguico debe volver al primer canal del blog de Fedeguico. ¿No encuentra, Bremaneur?

  10. Neguev and me

    Qué tiempos amigo Brema! qué tiempos. Lo encontré y no pude sino reirme a carcajadas, como la primera vez que lo leí———Bremaneur dijo… ACELERA, HOSTIAS, ACELERA(Informe del Agente Solysómbrez)No hay cien años que duren mal ni mal que sin bien no venga, como dice el refranero popular. Al fin se ha visto reconocida mi profesionalidad y mi intrepidez. He sido contratado por el mismísimo Mossad. Una llamada de mi colega, la agente secreta Neguev, me ha llenado de gloria. Me han elegido para informar de una reunión de la que se tenían ciertas sospechas. No era posible que gente tan divergente acuda al típico encuentro de amigos. Las sospechas se convirtieron en certezas cuando en el aeropuerto del Prat de Madrid se le incautó al exsicario del Marqués una maleta llena de cánulas destinada a dicha reunión. No había tiempo para interrogarle. Había que actuar rápidamente y el Mossad pensó en mí. En el “number three”, el número uno, como dicen los franceses. He aquí mi informe.Según las instrucciones acudo a la estación de La Tocha, en Madrid. Me disfrazo de folklórica de gira, con vestido de faralaes y gafas de sol de palmo y medio. El Mossad no se corta y pone todos sus medios a mi alcance. Doce agentes becarios actúan como paparazzis y toman fotografías y registran el diálogo de cuatro sospechosos cuyos nombres en clave son (por orden alfabético): Bartleby, Bremaneur, Qtyop y Brazil. Esta es la transcripción del diálogo que mantuvieron:Brazil: ¡Je, qué paixa, Bartleby, tron! Mira, te presento al Brema.Bartleby: ¿Tú eres el Brema? ¿El cabronazo ése que se las da de chulito por los blogs?Bremaneur: ¿A que te meto, monigote?Bartleby: ¿Tú y quién más, chorralaire?Bremaneur: Ojo conmigo, chaval, que te meto tal hostia que te reduzco en espiral, ¿eh? Bartleby: ¿De qué? ¿De qué me vas a chulear tú, eh? ¿De qué?Brazil: Haya paz, haya paz. Mamaos los unos a los otros, hombre. Amorrrrr, amorrrrr. Basta de odios entre la clase media. Amorrrrrr. Tomad un tarro de vaselina cada uno. Amorrrrrr, rollito guay, amorrrrrr.Qtyop: Ya estoy aquí. La puntualidad del AVE se me antoja sospechosa. No, no cojáis mi maleta, yo me ocupo de ella. A quien me toque la maleta le meto un acelerador de sicatrones por el tímpano, no me jodáis.Seguidamente se subieron en un bólido azul propiedad de la llamada Brazil. Con el flamante bólido, con ese corcel rey del asfalto, se dirigieron al restaurante donde se estaba fraguando el encuentro. Todo era muy sospechoso. Brazil tomó precauciones dignas del manual del buen delincuente. Aparcó el bólido a dos quilómetros del local para no despertar sospechas. Es una auténtica profesional, una tipa muy peligrosa. Su organización era perfecta, durante toda la noche todo cuadró milimétricamente. Yo comenzaba a tener miedo.En el local se había reunido un grupo de facinerosos. Me hice pasar por parroquiano y estudié atentamente a los foscos perillanes y a las damas siniestras que allí había. Reconocí al “Marqués”, un bribón traficante de cánulas y de cuadros que se hace pasar por aristócrata y a la “Condesa”, una exmonja a la que el obispado obligó a colgar el hábito por perversa y que ahora se dedica a turbios negocios relacionados con la venta clandestina de tupper-ware. También estaban Gengibre-Kahn, el magnate de los lupanares de la costa oeste del Manzanares; Tesevalevantar, más conocido como “el tiburón de los juzgados”; el Capitán Wimbledon, un oscuro transportista de pasado estalinista; Prozactineo, magnate de los casinos, night-clubs y churrerías de Tomelloso; El Richal, el gitano más feo de san Blas; Mercusio, acuchillador nocturno, experto en correrías, titán de la noche gijoneso-ovetense; Falcónico, mercenario, sádico, negacionista y traidor que se vende por un saco de cascahueses, pues por encima de la ganancia están las ansias del mal; Gatoparco, afinador de pianos y productor de cine porno (todas las zorras de Vallecas han pasado por sus manos); Happy, tratante de rumanas, cíngaras, húngaras, ucranianas y egrabrenses; Bronco Bebé y su hermana tropical (vale, vale, que es zona montañosa), agitadores propagandísticos; Punes, expendedor de tabaco, ludópata y mánager de Pimpinela; Fastidie sin Moral, ateneísta, preside una secta de travestidos neocatecumenales con dejes budistas en la costa de Levante; Castón, sindicalista metalúrgico y comisionista, actúa de enlace entre la Fundación Pablo Iglesias y la Compañía de Jesús; Boyer, catalana.La intuición me decía que esos foscos perillanes no podían tramar nada bueno. ¿Qué es lo que estaban esperando? Al rato, entró por la puerta… ¡él! Follandeiro, Zerdito, Fito, Sara Calaza… el polimorfo perverso, el truhán de la ría. Deleitó a las mujeres, admiró a los hombres. Elegante y fino como buen canalla, alzó la copa por los ausentes:- ¡Por Belaborda, que es el que la tiene más gorda!- ¡Otro por Lola, la que me la pone tola!- ¡Por Cvalda, pues me gusta vivir dentro de su falda!- ¡Por Adrede! ¡¡Que le follen!!Y tras un silencio emocionante, el gesto contrito y tenso el rostro…- ¡¡¡¡Por Perkins!!!!Y dejó caer la copa con gesto tan viril como resignado. Bremaneur sorbíase mocos y lágrimas, a Mercutio le latía ese corazón que no tiene, Brazil suspiraba.Con Calaza aparecieron dos travestís de curvas enervantes (¿Cuál de ellas es Pío Moa?, preguntó el Richal). Calaza se arropaba de lumpen refulgente. El ambiente se tornó viscoso y podía olerse el seminal vapor a bacalao expelido de las braguetas. Podré errar en mis apreciaciones, el recuerdo se esfumará entre las volutas de los vapores del orujo, pero de esa noche me quedará una certeza irrompible: en ese blog se folla poco, por no decir nada. Bufaban, soplaban y resoplaban los machos, berreaban inguinales, bizqueaban golosos y degenerados, se amontonaban para asomarse a las macetas de Ingrid y Sigrid (hube de ocultarme, las sé agentes del KGB, astutas, frías, sádicas). Supe el porqué de tan poco movimiento de caderas. Me acerqué al Richal, uno de los más aventados. Con floridos movimientos de carterista rocé su paquete. Blando como el moco de un niño. A cambio recibí una caricia anal. El ambiente, cargado de mala educación, intoxicación y deseo, parecía el de una burda despedida de soltero. ¿Se habría equivocado el Mossad? ¿Bramarían las bestias al paso de las agentes rusas? ¿Exigirían desnudos y mamadas? ¿Sería la reunión nada más que un rudo ejercicio de hombría primitiva?Lamentablemente no gozo del milagro de la bilocación y desconozco cómo terminó la cosa en el restaurante. Bremador y Happy se deslizaron subrepticiamente a una orden de Brazil. Decidí seguirles. Se dirigieron a un ínclito bar propincuo a la adecuada zona de Chueca. Pinzar de dedos, miradas estudiadas, gestos trabajados. Mesas para quince. Demasiada perfección.El ínclito bar propincuo se convirtió en el corral de Calaza. Se dio la lengüita con Brema, se morreó con el Capitán Watson, asedió a Boyer, chicoleó a la Bronca Bebé, honró a las diversas consortes y dio lecciones de desurbanidad y gallardía bizarra. Hubo quien se derrochó, y en un mano a mano machirulo terminó poniendo los huevos sobre la mesa. Yo me hallaba camuflado en la barra con un disfraz de gimlet con sifón y el zoom de mis gafas cuánticas con montura de alga seca y vidrio de pichiglás no me dio para mucho: no supe si realmente hubo desparramiento de paquete o si el hilillo que asomaba era el del pico de la camisa. Boyer violó a Calaza en los lavabos, que olían a sexo sucio. Fanzine Amoral le ponía ojos de cordero degollado a Bremolar, tratando de que la insultara y la azotara. El Richal babeaba sobre Fanzine. Quetíope y Bartelbai juzgaban. Ginebra Kant entrevistaba a Bremuladar (“¿así que tú eres un hijo de puta?”, le espetó). Lacongrélico no sé cómo se lo hacía, pero siempre tenía a su lado a una mujer. Funny sacaba pecho. Mhercúleo pedía vodka. Gatoparco era mordaz. Calaza contaba sorprendentes historias de sodomías cucurbitáceas frente al fuego. Las idas y venidas a los lavabos eran constantes. Alguno atacaría con ferocidad su propio sexo, pero no es descartable que Festine de Coral atravesara la blusa con sus pezones acerados, anhelantes de la boca lúcida del Grumete McQueen, tazas de váter palpitantes bajo la cabalgada pugnaz de Gatoparco y una pelirroja de ojos ensortijados de pestañas que le acechaba tras un gintonic, Bartelbai empujando contra el urinario a una machorra arrepentida, Funes felado por la chica del guardarropía. Cualquier cosa.Cerraron el bar y Calaza exigió que el bólido de Brazil le llevara a uno de esos bares donde señoritas faldicortas te piden que pidas. Subieron seis –high capacity- después de esperar que Quetíop retirara su maleta –llena de bragas búlgaras usadas con las que trafica en los suburbios de Córdoba. Entre niñas gomitonas y orinadores públicos, surgió el convoy de la noche. Un taxi llevaba a Calaza, que se quiso deshacer del bólido brazileiro en una carrera vertiginosa por todo Madrid, sin luces ni intermitentes. Al volante del huevo azul, Bremanuel Sainz se ciscaba en la parentela del peseto tratando de pegársele al culo y maldecía no poder poner los Chichos en el arradiocasé. Arribaron a un discopuf de adolescentes. A Happy se le alegraron los ojos. Bartelbai se relamía pensando en futuras broncas. Gatoparco soñaba con mulatas que abrían botellas de champán con “el agujero del ano”, que dijo el fino poeta malaguita. El taxista, hispanoiraní, se unió a la panda. Entre Happel, Gatoparco y Calaza se ventilaron una botella de güisqui. Hubo execración del cacahuete y oda a la aceituna, maldición de la cerveza y querencia mediterránea. Se volvió a cerrar el chiringuito y el taxista hispanoiraní se despidió. ¡¡¡Racistas de mierrrrda!!!, gritaba Fito N’Gouma, ante la desaparición del buen hombre. Se tornó al corcel de Brazil. Bremulo, decepcionantemente discreto y comedido, conducía con aburrida precaución y Calaza le pisó el pie del acelerador. ¡¡¡¡¡¡ACELERA, HOSTIAS, ACELERAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!EpílogoUn taxidriver de Albacete lleva a Calaza a la estación. Calaza recela. “¿Tú estás buscado, verdad?”. Habla de su ideología. “Yo soy maricón y de las JONS”. “Usted es gueis de ésos”?, pregunta asombrado el peseto. “No, yo soy maricón”.Neguev, no puedo aportar nada más que esto. Desconozco qué negocios se hicieron entre tanta barbarie y qué conspiraciones se llevaron a cabo en las sombras del alma. A más de uno le crecieron telarañas.14 de enero de 2008 16:55

  11. El Tse Guevara

    Agradezco las gracias, y valga la cargante redundancia, querido Cargante,más redundancia si cabe, pero sepa usted que he dimitido de todos mis cargos y prebendas; además, y no se lo tome a mal, pero desde tiempo ha mi musa anda por campos de alfalfa.

  12. Bartolín

    Las gracias, querido Uño, forman parte de un concepto antropomórfico que escapa, resbaladizamente, al común, de los mortales. lo que no es mi caso, claro; no obstante, y en aras de la brevedad argumental, le digo que su vuelta es un soplo de aire fresco en un compartimento estanco que, ahí es nada, pese a tener dos cadenas, anda como puta por rastrojo.

  13. Roxy

    A mí CC me pone; no sé, lo veo como a un padre, bonachón, y tal y tal. Y Bil es malo, muy malo.

  14. ganso japonés

    la falta de contro,l sobre como emplean el tiempo los titulares. Si yo les contara lo que he visto hacer… , con mi facilidad de expresión incluyendo mi diofanath mrecanagtracfia. - el acoso y derribo de los compañeros mas productivos o menos vegetativos,por decirlo crarlaramente para que no hagan quedar en evidencia a los ameboides,esos seres unicelulares, con podos que son seudos-la descarga de gran parte del trabajp en los ho,bris de becarios que hasta hace poco ni siqueiran tenìan un seguro de enfermedad y funcionan como esclavos voluntarios de los dpartamentos….Msd no quiero abeusar de su paciencia. Baste decirlo claro y con una expresión intelegible, incluso para los menos dotados del inner circle.Cuidese constante, cachis no se me ponga malito ahora

  15. Bremaneur

    Soy contrario a borrar comentarios en los blogs. Aquí sólo lo he hecho cuando alguien que tiene capacidad de hacerme la vida imposible me lo ha pedido.Hubiese dejado estos últimos comentarios aquí hasta que esa persona me pidiera de nuevo eliminarlos, pero por lo que me dicen se están aventando en otros blogs anunciando éste como fuente. Desconozco si la intención de la persona que ha escrito estos comentarios es hacerme daño. Sea así o no, me lo está haciendo, porque la persona que tiene capacidad de hacerme la vida imposible se lanzará de nuevo sobre mí. Yo no he olvidado a ese sujeto, pero espero y deseo que él sí se olvide de mí. Bastante daño, personal y laboral, me ha hecho ya.Por este motivo, es decir, por pura defensa personal, voy a borrar esos comentarios. Resumiendo: no quiero morir asaeteado.

  16. El Crítico Constante

    Yo no he movido un dedo contra usted, Bremaneur, ni laboral ni personalmente. No me coloque esa fama que no merezco.Y esté tranquilo, sé perfectamente que los comentarios contra mí no parten de usted.

  17. Bremaneur

    La fama se la ha ganado usted solito. El daño ya está hecho. Ahora, por favor, olvídese de mí. Y trate también de que sus espoliques, tal el Mandarín de los cojones, deje de aventar mierda por los blogs acusándome de cosas que no he hecho (de tales maestros, tales discípulos).

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